Celaya, la ciudad que nos robaron…

Celaya, la ciudad que nos robaron…

Opinión
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Un sentimiento de pérdida permea entre muchos de los que habitamos esta noble y desfigurada ciudad

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Con afecto a Javier Mendoza Márquez, deseándole su pronta recuperación; Celaya y su familia le necesitan…


Inicio mencionando que con lo que he escrito -217 artículos publicados, incluyendo el actual- no he pretendido otra cosa que poner a consideración de mis coterráneos mis pareceres respecto a nuestra muy maltrecha política local…


Ha habido veces que me fastidio con los temas recurrentes a que obliga el saldo de tantos agravios y desgobiernos acumulados, y pensado dejar esta participación editorial; sin embargo, ahora retomo este bregar de eternidades en un ánimo diríase un tanto estoico y de solidaridad con mis sufridos paisanos…


Y es que un sentimiento de pérdida permea entre muchos de los que habitamos esta noble y desfigurada ciudad, seguramente la mayoría; y aunque en las causas aducidas se difiera, en los corrillos sociales o familiares es central un argumento: Celaya ha cambiado para mal en las últimas décadas, las mismas en que nos han gobernado el PAN y algunos empresarios, sus pérfidos aliados…


Pero, si la generalidad de los celayenses estamos hartos de ese grupito de advenedizos que por tanto tiempo han tenido la conducción de nuestros asuntos públicos, ¿cómo es posible que sigan instalados en el poder de nuestro Municipio?


La respuesta, que pareciera compleja, a mi juicio tiene sin embargo tres ineludibles bordes dentro de los cuales puede ensayarse su construcción:


(1) Que en los pasados comicios una muy alta mayoría de los celayenses sí nos manifestamos en contundente rechazo a los panistas y sus aliados empresarios, pues éstos tuvieron su votación histórica más baja.


(2) Que aunque su votación oficial consignada fue sustancialmente superior a la realmente obtenida, por primera vez en estos 21 años Acción Nacional es minoría en el Ayuntamiento, pero debiendo ser en realidad incluso hasta la tercera fuerza.


(3) Y señalo votación realmente obtenida, ya que la señora Elvira Paniagua y sus comparsas nunca ganaron la elección, pues fueron instalados en el Ayuntamiento a través de un dispendioso fraude electoral operado desde los centros regionales del poder, y sobre el que hay evidencias suficientes.


Aclaro que el título de esta columna no apela simplemente a la nostalgia por una ciudad, la nuestra, que hemos perdido en virtud de los avatares de un modernismo reaccionario que nos ha sido impuesto, sino a señalar a aquellos actores y a sus acciones negligentes o delictivas, de que proviene la pobre situación en que ahora estamos.


Y es que Celaya, y todo el estado de Guanajuato, como excepción al resto del país, han sido gobernados a través de un partido secuestrado por una ultraderecha que ha pasado de inocuas posturas confesionales, al ejercicio más arbitrario del poder por unos cuantos aprovechados.


Por ello, es válido afirmar que nuestro Estado padece una suerte de dictadura, hasta donde su acotada soberanía permite. Tuvo su origen en el asalto tramposo al poder político mediante el secuestro del PAN como marca electoral, por un grupo de extrema derecha, El Yunque, con la feroz exclusión que es aneja a este tipo de procesos políticos, ejercida al interior de ese partido y en la colonización implacable de todas las estructuras del gobierno.


Un poder apuntalado después por el manejo clientelar de los programas sociales -una coacción y compra del voto de largo aliento- y un constatable fraude electoral, en Celaya, en por lo menos el último de los comicios.


El punto de inflexión en que iniciaron nuestras desgracias colectivas data del año de 2003 con el arribo a la alcaldía del inefable y aún desconocido José Rivera; entonces, merced a la abundancia de aportaciones federales de las últimas reservas del petróleo a precios altos, se apostó al despilfarro en varias obras de relumbrón que encandilaron a muchos ingenuos; ejemplo notable de dispendio e inutilidad entre todas estas obras, es el dizque Malecón del Río Laja, un lugar como ningún otro para tomar conciencia de la corrupción e ineptitud -y hasta filisteísmo- de las últimas dos décadas, que ahí se encarnan singularmente.


A partir de ahí empezó a desgranarse la negra retahíla de gobiernos encabezados por yunquistas, o por algunos de sus socios empresarios, que resultaron incluso peores, lo cual determinó en una medida importante el municipio que ahora somos y todos padecemos.


Celaya, la ciudad que nos robaron, y que no hemos sido capaces de recuperar por la traición o complicidad de algunos, deberá tener otras oportunidades y tiempos mejores…


@inigorota