La Guardia Nacional y las mujeres

La Guardia Nacional y las mujeres

Opinión
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Esta semana, además del caos por las dificultades para conseguir gasolina en algunos puntos del país, tuvieron lugar otras acciones cuyo impacto tendrá alcance a largo plazo. Hablamos de las audiencias públicas sobre la iniciativa de reforma constitucional para la creación de una Guardia Nacional, anunciada por el Presidente.


La polémica iniciativa busca dotar de marco constitucional y legal a la estrategia de Paz y Seguridad, promovida por el Presidente. Se ha calificado esta estrategia como de “militarización” por razones obvias: propone crear un cuerpo con elementos de la policía Militar, la Naval y la Federal, así como civiles bajo convocatoria abierta, que recibirán adiestramiento en planteles militares, de acuerdo a un plan de estudios elaborado en forma conjunta por la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Las tareas de formación de la Guardia Nacional, dependerán del Sistema Educativo Militar.


Es vasta la evidencia que existe sobre la relación entre la seguridad pública en manos de elementos castrenses y el aumento de violaciones a derechos humanos; y así ha sido expuesto desde hace varios años por organizaciones de la sociedad civil, agrupaciones de víctimas, académicas y académicos, así como organismos nacionales e internacionales. Sin embargo, en este espacio queremos hacer mención especial del efecto que la seguridad en manos del Ejército ha tenido en la vida de las mujeres. Además, vale la pena destacar las historias de Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández Ortega, dos mujeres indígenas que sobrevivieron tortura sexual a manos de elementos del Ejército, y cuyos casos derivaron en dos sentencias contra México, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


Por otra parte, según lo documentado por la organización “Equis. Justicia para las mujeres”, desde el inicio de la “Guerra contra las drogas” en 2006, la violencia contra las mujeres se intensificó. A pesar de que en el imaginario de las luchas contra la violencia de género lo primero que viene a la mente es la violencia doméstica, los datos demuestran que el aumento de la violencia contra las mujeres tiene que ver con un nuevo patrón que se agrega al fenómeno de mujeres asesinadas por sus parejas, el cual no ha disminuido. Ahora, la mayoría de asesinatos de mujeres están relacionados con espacios públicos y armas de fuego.


Si bien se aprecian los esfuerzos, reformas legislativas y políticas públicas pensadas para las niñas, adolescentes y mujeres víctimas de todos los tipos de violencia dentro de su hogar o familia, quedarse con ese cuadro ya no es suficiente. Dadas las situaciones previas de desigualdad, la “guerra contra las drogas” o cualquier otra acción que esté relacionada con la militarización de la seguridad pública, afecta de forma diferenciada a las mujeres. Cualquier persona o autoridad que se diga comprometida con la lucha de disminuir la violencia contra las mujeres, tiene que comprometerse indudablemente con la lucha contra la militarización del país.


Amicus, “Derechos Humanos por el cambio social”


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