Frenesí

Frenesí

Opinión
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La llegada al Gobierno Federal es un evento intrigante y difícil de describir.


Frenesí:
1.- Delirio furioso.
2.- Violenta exaltación y perturbación del ánimo.
3.- Canción. Chachachá de Alberto Domínguez Borrás.


La llegada al Gobierno Federal es un evento intrigante y difícil de describir. Hay que tratar de entender y olfatear lo que sienten los nuevos funcionarios que gozan de la confianza del Presidente electo y de su ímpetu transformador. Vemos con claridad el frenesí, que luego de años de lucha, tesón y obsesión, se ha apoderado de nuestro nuevo Presidente. 
Sin duda, luego del triunfo, se desatan las ambiciones por los puestos, la unidad del equipo empieza a fracturarse, las presiones partidistas comienzan a exigir posiciones, el festín por la victoria poco a poco se disipa. La realidad aparece, paulatinamente, inmisericorde.
Entre tanto, el electo sufre las consecuencias de la avalancha de lisonjas y elogios exagerados, que se le profesan por doquier. Pierde el piso de inmediato. Sólo sus más cercanos e íntimos colaboradores o familiares pueden atemperar la ceguera que provoca la soberbia. El talante del sujeto, sus debilidades, inseguridades y complejos, afloran de inmediato. 
Y resulta que es en ese preciso momento, cuando el candidato tiene que transformarse en Presidente de la República, en el mandatario que más poder concentra en el país, no hay personaje que aguante tanta zalamería, no hay cerebro que soporte el tsunami de elogios lanzados a toda hora y a la menor provocación, ocasionando la pérdida inmediata del piso. 
Mientras todo esto acontece, y la psique del nuevo Presidente se ajusta, el gobierno debe iniciar su camino. La visión desde la cumbre es cegada por el voluntarismo, la promesa fácil, la palabra que fantásticamente transforma la pesada realidad en el sueño imaginado.
Al mismo tiempo el equipo debe ser armado y ubicado en sus puestos de responsabilidad. La mecánica de actuación se define y la maquinaria debe comenzar a caminar, normalmente a paso lento, tanteando el piso, evitando inicialmente un equívoco que pueda ser letal. 
Inmediatamente hay que entenderse con la tripulación de la nave, que cuenta con la experiencia de surcar aguas procelosas y que sabe sortear tempestades. Hay que generar confianza entre los que llegan y los antiguos funcionarios que continúan el viaje. 
Se sabe que el naufragio puede acontecer cuando la mente del Presidente no abandona la obsesión y cae en la negación de la realidad, en el sueño del poder transformador de sus dichos. Cuando no logra aterrizar y continúa aferrado al conjunto de promesas lanzadas al pueblo durante la campaña electoral.
El peligro es inminente, se siente. El nuevo Ejecutivo Federal ha asignado los puestos más importantes entre sus seguidores más incondicionales, sus amigos íntimos, sus aduladores más conspicuos. Un grupo variopinto basado en la lealtad pero no en la capacidad.
Hacia la toma de posesión el nuevo grupo gobernante tiene la sensación de que a su llegada todo se transformará. Sólo bastan ellos. En otros cambios de gobierno los intentos de trastocar el funcionamiento gubernamental fueron frustrados, al hacer imperar el realismo sobre un impulso desmesurado de cambio. 
Los equipos llegaban atemperados a ocupar sus lugares, informados de que la operación de un gobierno está predeterminada por un marco jurídico, profuso y complejo, por normas técnicas, por manuales de operación, por protocolos que hay que cumplir, si no se quiere acabar en la cárcel o inhabilitado.
El Gobierno Federal es una maquinaria de alta complejidad. Nadie tiene idea del reto al que se enfrenta, hasta que se encuentra dentro de él. Requiere de altas capacidades técnicas y administrativas. No se parece en nada a los gobiernos estatales y menos a una mega alcaldía. 
Tampoco responde al voluntarismo, hay relojes que marcan tiempos jurídicos, procesos farragosos, términos inexcusables, reportes e informes que necesitan motivación y fundamentación puntual, presiones de poderes fácticos, tensiones federalistas etc. 
Hay una lógica en cada área, muy bien aprendida, de formas de operar, de prevención de problemas y solución de los mismos. Si se sustituye la técnica por un voluntarismo ingenuo y naíf, los subsistemas puede reventar, causando grandes males a los ciudadanos.
Para desgracia nacional, nuestro Presidente continúa sumergido en una violenta exaltación y perturbación de su ánimo. Vive un continuo frenesí que lo desborda todo. No ha tenido empacho de ubicar a su amigo “El Cono”, un truncado ingeniero agrónomo, como director de la petrolera nacional; una empresa plagada de corrupción, ineficiencias y endeudada hasta el cuello. 
Su misión es reflotarla. Apenas llegando, “El Cono” y los amigos que lo acompañan han provocado el peor desabasto de combustibles en la historia del país. La logística no es lo suyo. 
Orillado por la incompetencia de sus personeros en Pemex, el Presidente fraguó un plan de control de crisis, basado en una mentira: el combate al robo de gasolina (huachicoleo). Así ha tratado de justificar el desabasto producido por la incompetencia de los nuevos funcionarios de la petrolera y de la Secretaría de Energía, en manos de una exfuncionaria de nivel 34 en Pemex, convertida en lideresa estatal de Morena y ahora en Secretaria de estado. 
Sin embargo, el festinado triunfo se cae a pedazos, cuando conocemos que en el área de Puebla, con los ductos funcionando, el huachicoleo florece sin contención alguna.
Las pérdidas causadas por el frenesí que mantiene bajo captura al Presidente son multimillonarias para la economía del país. La desconfianza en México es irreparable. Saben que el capitán del barco es inexperto y necio, pero también sus oficiales. 
La realidad comienza a imponerse. La mentira queda expuesta y un Presidente que miente, pierde la confianza de la gente. No necesitamos frenesí, sino inteligencia. Y ésa no aparece por ningún lado.


P.D. Guanajuato debe apostar por depender lo menos posible de Pemex. Tenemos una alianza con las grandes petroleras para asegurar abasto y óptima calidad de combustibles. Quitémonos a Pemex de enmedio.