Las costosas ocurrencias

Las costosas ocurrencias

Opinión
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Estamos alarmados por todo lo ocurrido en escasos dos meses de gobierno.


La declaración del hijo del presidente Trump afirmando que los migrantes son como animales deben tener muy contento al padre, ya que lo equiparan con él, un tipo de quinta, un pésimo ser humano que frecuentemente se ha manifestado en el mismo sentido, en una campaña racista y xenofóbica que alimenta el voto ignorante y pretende cubrir con odio la problemática interna del país y del propio mandatario.


Su insistencia en proyectos que no son viables lo ha llevado a cerrar parte del gobierno y detener la marcha de oficinas y servicios. Afortunadamente ahora su obsesión en la construcción del muro y en políticas comerciales, de salud y seguridad con una visión personalista, están encontrando un freno al existir en la Cámara de Representantes una mayoría demócrata.


Un Presidente que se comporta como un patán desde siempre y al que la investidura le da la voz para marcar los ritmos y los temas, un gobernante que insulta a los que piensan diferente, un político que sabe que su partido le debe el triunfo a él y por lo tanto deben apoyarlo en todas sus ocurrencias, un Ejecutivo que impone decisiones sin importar el daño que ocasiona a los ciudadanos y a la economía del país, -sin un contrapeso-, es un riesgo que frena el avance de la sociedad.


Lo anterior mencionado no pretende ser una alegoría, un desplante literario por lo que está pasando en México, sino una asociación, una preocupación real por las decisiones unipersonales del presidente López Obrador que no tiene sentido mencionar, ya que son enunciadas diariamente por miles de mensajes, en el desfogue sin consecuencia de las redes.


Estamos alarmados por todo lo ocurrido en escasos dos meses de gobierno, no se trata de partidos, ni de revalidaciones políticas, sino del temor de volver al pasado, a lo que ya hemos vivido, a la imposición de lo que un solo hombre decida; sólo que ahora con condiciones más preocupantes de confluencia de poder. No en un partido, no en un sistema, sino en un solo caudillo que no sabe escuchar.


Hemos padecido el presidencialismo con costos enormes por los vaivenes unipersonales y casi divinos en muchos sexenios, desde una Revolución empleada como membrete para justificar cualquier ocurrencia hasta esta cuarta transformación, pasando por el estatismo desarrollador de Echeverría, el manejo de la riqueza de López Portillo y tantas etapas más que nos han alejado de un desarrollo permanente y una sociedad más justa.


Estamos cansados de tantas ocurrencias que hemos padecido en México fruto de decisiones equivocadas, de visiones encontradas, de políticas sin respaldo en un proyecto de nación, sin un verdadero federalismo y una hacienda pública fuerte e impulsora de las regiones y las capacidades.


El galope vertiginoso y sin freno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad, son producto de ello, de la inclinación de las leyes para favorecer al que manda, del interés insano, de la megalomanía, del exceso de poder, de la falta de transparencia y visión a largo plazo.


El voto democrático de una primera minoría le dio el triunfo a López Obrador en las elecciones pasadas, pero eso no significa el aval para avasallar a las contrapartes, ni el permiso para desaparecer los equilibrios.


El mandato de las urnas es para cuidar el futuro del país, no para encerrarse en la soberbia sin ver lo que pasa en las calles, en las miles de filas por todos los estados esperando cargar combustible, en la angustia de no poder enfrentar los compromisos diarios y la pérdida de movilidad, como una escena grotesca de Mad Max.


La pérdida de la cadena de suministros y servicios como un regreso al pasado y los daños provocados, dan pauta a que el gobierno entienda la repercusión de decisiones equivocadas.


La sabiduría del pueblo tan mencionada radica en una representación que debe estar a su altura del ciudadano y en el fortalecimiento de las instituciones que son las que perduran. Lo demás son veredas de revancha y rencores, búsquedas de poder absoluto que conducen a escenarios no deseados. Son vanidades a costa de lo de los otros.