Fox se desprestigia (más) a sí mismo

Fox se desprestigia (más) a sí mismo

Opinión
|

Los expresidentes mexicanos, en la época reciente, han vivido lejos del poder de distintas maneras, pero la mayoría en el descrédito.



Los expresidentes mexicanos, en la época reciente, han vivido lejos del poder de distintas maneras, pero la mayoría en el descrédito.


Salinas, en el exilio; Zedillo, en el silencio; Fox, haciendo ruido; Calderón, justificándose, y Peña, es todavía una incógnita, pero al menos, lo hará ridiculizado.


El caso de Vicente Fox Quesada es muy particular porque parece que nadie le ha dicho que ya no está en campaña. Es más, me parece que nadie le ha dicho que ya todos nos dimos cuenta que lo de él fue sólo una campaña extendida disfrazada de administración y no un gobierno en forma.


Por supuesto que en su gestión, que no gobierno, habría que recordar algunos avances en materia de transparencia y acceso a la información, además de la alternancia que nos ha permitido observar que no bastaba con sacar al PRI de Los Pinos, porque el mal hacer del PAN a nivel federal, permitió que el PRI regresara y nos dejara peor de lo que estábamos.


El mismo Fox, el que criticó al PRI de Peña de usar la PGR contra Ricardo Anaya en la campaña presidencial, fue el que hizo todo para impedir que el AMLO del 2005, el jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, pudiera ser candidato presidencial al intentar quitarle el fuero por todas las vías legales y políticas disponibles, es decir, haciendo lo mismo que él criticó contra Anaya en 2018.


Lo único que ocasionó Fox fue victimizar a un AMLO que perdió ante Calderón e inició una retórica que le dio por fin el triunfo en julio pasado. Pero luego hablaremos de la responsabilidad histórica de Fox en la victoria de López Obrador, lo dejo para después.


Es difícil recordar aspectos positivos del sexenio de Fox, pero lo que no es imposible es pasar por alto la influencia que sobre él tenía su esposa Marta Sahagún, las toallas importadas que compraron por 4 mil pesos para Los Pinos, según información de Milenio, o las cortinas a control remoto de 17 mil dólares, según información de la entonces Secretaría de la Contraloría. De los presuntos negocios inmobiliarios de sus hijastros Bribiesca, de los que todos y nadie sabía, ni hablar.


Vale mucho la pena recordar ese contexto, para ubicarnos en el presente de Vicente Fox, el expresidente que suelta espuma a través de Twitter, particularmente, para criticar cada acción que realiza el gobierno de López Obrador.


Fox ya no tiene pensión, ni equipo de asesores ni escolta pagada con sus impuestos, apreciable lector, ni los míos.


El expresidente, desde hace meses, ha buscado foros para pelearse con quien se pueda: con el mismo López Obrador o con Donald Trump, el hombre que ostenta el cargo de presidente de Estados Unidos.


El también exgobernador de Guanajuato, quien representó un símbolo de esperanza ese domingo en el que Ernesto Zedillo reconocía que por fin el PRI no gobernaría este país, se ridiculiza, ante el beneplácito de medios estadounidenses como ‘Super Deluxe’ y ‘Now This’, en lugar de ser un opositor de altura y categoría.


Fox no sabe quién es Fox. Un día apoyó a Meade y otro lo hizo con Anaya. Un día se burló de Salinas pero otro se plegó ante quienes le rinden cuentas. Un día criticó a Calderón pero otro aplaudió su legado. Un día fue esperanza y hoy pocos lo toman con seriedad.


Recomendaba el escritor argentino Jorge Luis Borges, a quien Fox le cambió el nombre por José Luis, y le atribuyó un Nobel de Literatura que nunca ganó, “no hables a menos que puedas mejorar el silencio”.


Tal vez Vicente Fox esté a tiempo de considerar esa frase para frenar su descrédito.


 


 El autor es Director Editorial de Quinto Poder y colaborador de AM en la Ciudad de México.


 


Twitter: @memocrois


Comentarios: [email protected]