En los hechos

En los hechos

Opinión
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Venezuela perdió la mitad de lo que producía y ni siquiera pudo mantener la extracción de petróleo, fuente básica de riqueza del país.


Venezuela perdió la mitad de lo que producía y ni siquiera pudo mantener la extracción de petróleo, fuente básica de riqueza del país. Para todo el mundo ya es claro su fracaso económico y el terrible sufrimiento de su población ante la falta de alimentos y medicinas, anta la inexistencia de oportunidades y la inseguridad imperante. 


Frente a nuestros ojos puede surgir un milagro en poco tiempo. La ayuda humanitaria está en sus fronteras con Colombia y Brasil. La necesidad hará improbable que el Ejército impida su ingreso. Son ya varios años de hambre y enfermedad, de carencias sin esperanza. 


Si Juan Guaidó y su gente logran echar a Nicolás Maduro, en poco tiempo habrá elecciones, se ampliarán las libertades y el socialismo tropical desaparecería hundido en su ineptitud. La inversión privada local y extranjera encontrarán oportunidades en todo. La explotación petrolera, los bienes raíces que hoy valen nada y la reactivación de la industria y el comercio serán un resorte económico de nueva cuenta.


Adiós a los apagones, a los anaqueles vacíos de los supermercados, a la imposible búsqueda de medicamentos básicos y al sufrimiento y muerte en los hospitales públicos.  


El precio de la lección fue muy alto. Venezuela perdió al menos dos décadas y la fortaleza de instituciones que antes hacían funcionar al país. Qué decir de la riqueza extraída por la corrupción desde el arribo de Hugo Chávez. 


El beneficio del cambio es que regresarán las libertades y se abrirá el horizonte político y económico. Esperemos que también regrese ese río de talento fugado, esos miles de profesionistas y empresarios exiliados en Estados Unidos y Europa. Por fortuna el pueblo tuvo el músculo y la voluntad suficientes para revelarse ante la imposición de dogmas socialistas de cuarta. 


Recuerdo a un venezolano taxista en Madrid, ingeniero petrolero que había huido de Caracas y dejado su puesto en PDVSA porque el sueldo simplemente ya no le alcanzaba para vivir. 


La nostalgia de su tierra no podía compensarse con la calidad de vida de España. Los exiliados tal vez nunca olviden su hogar, hasta la segunda generación. 


En los hechos vimos cómo el sistema autócrata y unipersonal basado en el socialismo tropical, se convierte en una máquina de pobreza. Porque de nada sirve dar y dar pescado sin enseñar a pescar. 


Chávez llevó el clientelismo al extremo y durante 10 o 12 años pudo convencer a las masas de que el dinero estaba ahí para cortarse de los árboles del erario y del petróleo. Hasta que se acabó. Imprimir billetes sólo aumentó la miseria. Llevó la inflación a millón y medio anual y el salario mensual al equivalente de 7 dólares, unos 133 pesos. 


Con esas cifras comprendemos el tamaño del fracaso al que, por fortuna, nunca se acostumbró la población como sucedió en Cuba.