Intermediarios sociales perdedores

Intermediarios sociales perdedores

Opinión
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Nuestro querido País tiene un diseño complejo. Somos una república federal que aglutina en un Pacto federal a 32 entidades libres y soberana


Nuestro querido País tiene un diseño complejo. Somos una república federal que aglutina en un Pacto federal a 32 entidades libres y soberanas. El diseño proviene de la experiencia republicana de los Unidos de Norteamérica. Somos, pues los Estados Unidos también, pero mexicanos. Así, la recaudación nacional la hace la federación y después ésta reparte recursos financieros a los Estados, con la idea de equilibrar las desigualdades. Desde el gobierno de Carlos Salinas, el País ingresó a un modelo económico neoliberal que propició el llamado federalismo, es decir, la dinámica de devolver más facultades a los Estados y menos a la Federación.


Hasta allí todo bien, solo que si el poder presidencial perdió fuerza en esos años (quizá el último Presidencia todopoderoso fue López Portillo) y éste se diluyó hasta llegar a Peña Nieto, hemos regresado con AMLO a una figura presidencial con el enorme poder que le dimos los votantes.


Implementando ahora un modelo neo keynesiano, donde el Estado protector se quiere responsabilizar de la dinámica económica y social, se han dado ya en dos meses, políticas que pretenden centralizar nuevamente, -como en los años setenta-, las decisiones claves en la vida de la sociedad. Una de ellas es que las participaciones federales se canalizarán a través de los “superdelegados” estatales y ya no por los estados. Numerosos fondos públicos que por décadas se canalizaban a entidades intermedias, se darán directamente, sin intermediarios, al “pueblo bueno”.


Veamos: en México, precisamente con el auge de la sociedad civil y sus entidades (asociaciones civiles, empresas sociales, cámaras empresariales y grupos organizados), se fomentó la participación social, pudiendo ellos participar en propuestas y proyectos que hoy son común ver en nuestra vida diaria. Las estancias infantiles son uno de esos ejemplos. También las cámaras empresariales financiadas por subsidios federales, los fondos de ciencia y tecnología que se concursan a través de convocatorias, los fondos de becas con participación privada, los fondos concurrentes de la federación y estado para el desarrollo económico y tantos más, se eliminarán.


¿Existía corrupción en los organismos intermedios? Sin duda, pero no en todos. Eliminarlos por completo traerá problemas a los beneficiarios, por lo menos en la transición, pues hoy –es el caso de las estancias infantiles para atender a los hijos de madres trabajadoras-, existe una pobre infraestructura del cuidado por parte del Estado. Debilitar las Estancias Infantiles traerá perjuicios a ellas, pues el programa atiende principalmente a mujeres con trabajos informales y sin acceso a guarderías del IMSS o el ISSSTE. He comprobado que las Estancias Infantiles han demostrado ser favorables para miles de familias, particularmente en los polígonos de pobreza, en los sectores más desfavorecidos donde operan principalmente. Con este modelo se atiende (atendía) a casi medio millón de niñas y niños en el País.


La estrategia cambió hoy. Y aunque tiene algunas bases de razón, considero es un error, pues culturalmente, muchas de las familias, se “comerán” el subsidio y la atención profesional que antes recibían los pequeños, pasarán a esquemas de informalidad en el seno de las familias que no tienen la preparación para atender a los pequeños. Antes, es cierto, numerosos organismos intermedios –un ejemplo es la polémica institución promovida por la senadora Josefina Vázquez Mota-, gestionaban recursos como entidades intermedias, reduciendo la posibilidad de hacer escrutinios sobre el uso de esos recursos públicos.


La idea de acabar con los “intermediarios” no es mala de origen. Había como en muchas esferas de nuestra vida diaria, corruptelas como patrones inflados o familias beneficiadas por influencias en los permisos. Tiene también como riesgo el que, al asignar directamente a beneficiarios, se convierta en un proyecto partidista, donde pareciera que es el Presidente (de su bolsa) el que lo entrega y al generar padrones de beneficiarios, se utilicen éstos para fines electorales. El otro peligro es el uso que el destinatario le dé, pues puede dedicarlo a otros fines. La estrategia de acabar con los “intermediarios” sociales, bien instrumentada, podría incrementar el número de beneficiarios, pero de inmediato, acabará con la infraestructura social (privada, es cierto), que, por décadas, la sociedad había construido.


* Director de la Universidad Meridiano
director@universidadmeridiano.edu.mx