El Derecho de Gil Borja

El Derecho de Gil Borja

Opinión
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LEY SUPREMA.

Diseño: Grupo AM

Quienes hemos formado parte de la academia, sea en un salón de clase o inclusive dirigiendo una casa de estudios, hemos estado sujetos al escrutinio y observancia de las leyes.

Autoridades diversas nos califican, auditan y supervisan, siempre con base a leyes, reglamentos y ordenamientos, mismos que por principios y estatutos, deben estar conforme a la Constitución.

Apenas hace unos días, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cumplió 102 años de su promulgación y entrada en vigor.

Contiene apenas 136 artículos, sin embargo ha sufrido más de 650 reformas, lo que nos hace pensar que sólo conserva el espíritu de una ley digna del pueblo mexicano, pero en letra, queda muy poco del dictamen original. 

No somos el único país en regirse desde sus bases por una Ley Fundamental, sin embargo somos uno de los que ha reconocido que los derechos humanos son, inclusive más importantes que la Carta Magna, por lo que sujetamos su cumplimiento a tratados internacionales que protejan al habitante en México.

Todo esto nos hace pensar que, al menos, las leyes nos deben de brindar la tranquilidad y certeza de que viviremos en un estado de derecho, en donde existe un respeto mutuo entre todos y que en caso de que se rompa el orden, la ley se hace cumplir.

Lo anterior nos debería permitir otro aniversario de nuestra Ley Suprema, en el que celebremos que contamos con normas que regulan no sólo la sana convivencia entre la población, sino también el respeto al mandato de las autoridades y el respeto de éstas al orden jurídico.

¿Qué pasa cuando un particular incumple la ley y no es sancionado? Peor aún ¿Qué sucede cuando la autoridad, siendo la primera en respetar el mandato legal, es la que incumple?

En el primer caso, estamos ante un acto de impunidad, es decir, se deja sin sanción la violación a la normatividad y conlleva entonces, una pérdida de confianza de los particulares hacia el poder público, lo que muchos confunden al grado de pensar que se deja de aplicar la ley por un acto de corrupción.

Puede ser una causa, sin embargo no significa que la falta de sanción haya sido con la intención de beneficiar al infractor, pues en ocasiones, es la falta de conocimiento de quien debe aplicar la ley, la falta de cumplimiento de diversas formalidades en un procedimiento e inclusive la falta de elementos físicos (imposibilidad material) para sancionar al infractor.

Lo grave viene cuando siendo la autoridad (sin importar si es el ejecutivo, el legislativo o el judicial) la obligada al cumplimiento, es la que omite su cumplimiento e inclusive viola flagrantemente las normas vigentes.

Ahí no sólo se observa impunidad, sino que se corrompe a las instituciones y deja sin defensa ni mucho menos certeza al gobernado. Si la autoridad encargada de hacer cumplir las normas, es la primera en violar la Ley ¿Qué defensa tenemos los pobladores del país?

Celebramos más de un centenario de nuestra Constitución, la presumimos al mundo como una ley justa, pero mientras ciudadanos y gobiernos no la respeten, me parece no teneos mucho que celebrar.

Por hoy me despido, esperando tus comentarios.

Hasta la próxima.