“Hablemos de Educación”

“Hablemos de Educación”

Opinión
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: ¿Cuál es el mayor problema en la educación de nuestros jóvenes?, contestaría: La falta de interés en aprender.

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Cito a Juan Carlos Romero Hicks: “En el tercer día de Audiencias Públicas sobre Reforma Educativa escucharemos a los responsables de las Escuelas Normales y de Educación Superior… ¡Los jóvenes mexicanos merecen mejor educación!”


En 2014, siendo yo director del CECyTEG de Rincón de Tamayo, en Guanajuato, le pedí audiencia al entonces senador Romero Hicks, me dedicó 45 minutos, escuchó propuestas y… nada pasó. Van de nuez:


1.- Propongo que toda secundaria y bachillerato (y de ser posible desde primaria), cuenten con el concepto de tierras comunales, en donde cada alumno se haga cargo de uno o dos surcos y aprenda a sembrar. Sembrar, cuidar y cosechar son actividades formativas que nutren el espíritu del educando y le conectan con la vida y la realidad de que, para obtener un fruto o beneficio en cualquier actividad, se requiere de un esfuerzo y ya encarrilados, enseñar que el trabajo no es maldición ni castigo, que ayuda al buen vivir y gratifica cimentando la felicidad de las personas. Imaginen la emoción de un niño de 8 años que aporta un jitomate a la mesa de su casa; el sentimiento de realización, la autoestima, la felicidad y la seguridad derivadas de sentirse productivo y parte del grupo familiar, ello conformaría el carácter del futuro ciudadano y padre de familia y le enseñaría a trabajar en equipo a través de la organización, construyendo comunidad y reconstruyendo a la sociedad; difícil imaginarlo como “nini” o delincuente, ¿no crees?. Ahora imaginemos a los adolescentes de secundaria y prepa, aportando como trabajo social, la educación y capacitación de los adultos de su barrio, comunidad o colonia, en aspectos agropecuarios ¡Sí!, como lo oyes, formemos a nuestros jóvenes para que capaciten a su padres, amigos y parientes en la producción de alimentos, en huertos familiares, techos de las casas, macetas, llantas con tierra, etc. De manera tal que al margen de embellecer casas y colonias con los cultivos y de ayudar a la autosuficiencia alimentaria, se beneficie el gasto familiar con un ahorro, se mejore la dieta con alimentos frescos y sin aditivos, al tiempo que se enriquecen las relaciones sociales y familiares a través de la función educativa de los jóvenes a los adultos… Además, en el no deseado pero existente caso de embarazos o matrimonios entre adolescentes, cuando menos sabrían como producir sus alimentos, lo que ya sería ganancia para enfrentar con éxito la vida y sus responsabilidades.


2.- Cambiemos los talleres por fábricas en las escuelas. Enseñar a soldar es bueno pero parcial, enseñar a construir herrería en donde ocupamos saber soldar, es nutrir a los jóvenes de un talento empresarial más allá de programas de emprendedores, lo mismo con talleres química, física, computación, etc. ¡Pongamos fábricas de quesos o embutidos! ¡Pongamos empresas en cada disciplina o actividad! ¡Negocios!, de manera tal que el alumno, durante el tiempo que está en la escuela, reconozca vivencialmente procesos de adquisición, almacenamiento, producción, envasado, diseño, publicidad, comercialización, administración y contabilidad, mientras se nutre de la experiencia de ventas, mercado, competencia, etc., al tiempo que el plantel recaba recursos para reinvertir en más empresas laboratorio, innovación, difusión, construcción de aulas, equipamiento, etc. Entonces mediríamos a los directores y maestros por el desarrollo de las escuelas y por la aportación social de los alumnos convertidos en ciudadanos emprendedores y productivos que fomentan las economías regionales.


3.- Hagamos la enseñanza divertida, construyamos, como propone Robert Kiyosaki, la cultura del error. De la misma manera que aprendemos a andar en bicicleta sufriendo un par de raspones o aprendemos a nadar después de tragar algunos buches de agua, el aprendizaje debe estar sustentado en prueba y error, como en la vida, por ello debemos cambiar los paradigmas de crítica y sanción por los errores y festinarlos como parte del proceso de aprendizaje, brindando apoyo al educando.


Si de mi experiencia como educador y director de escuela, me preguntaran: ¿Cuál es el mayor problema en la educación de nuestros jóvenes?, contestaría: La falta de interés en aprender. Siendo la curiosidad inherente al ser humano y emocionante y gratificante aprender cosas; es una desgracia que con el modelo educativo vigente y la distorsión en valores sociales y formas de convivir, se anule ese apetito por saber y se convierta la escuela en una monserga en donde el objetivo es “pasar” de año u obtener un título o certificado, que, al no estar respaldado por el conocimiento, simplemente mantiene a México como país tercermundista dependiente de la inversión extranjera, y a nuestros jóvenes como ciudadanos y padres de familia frustrados, que ven el trabajo como una carga y no como una actividad divertida que nutre y cimenta la economía, pero también como una forma para alcanzar la realización personal y la felicidad asociada… ¡Así de sencillo!... Continuará.


Un saludo, una reflexión.