Marcha contra la inseguridad, candidez y hartazgo…

Marcha contra la inseguridad, candidez y hartazgo…

Opinión
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Ignoro el origen de esta iniciativa que pudiera considerarse plausible si no fuera por sus contraproducentes resultados.

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"…también soy celayense, también soy mamá y también quiero estar tranquila en mi tierra, sé que en Celaya necesitamos sentirnos seguros, y sé que no estoy sola y los celayenses no estamos solos, por eso les quiero compartir que a través de una servidora en la próxima sesión de ayuntamiento estaré haciendo un exhorto muy respetuoso al gobierno federal para que atienda de manera y en forma (la inseguridad)…”


Elvira Paniagua, en su alocución a los manifestantes.


En días previos a la marcha contra la inseguridad realizada en fecha 5 de los presentes, circuló por redes sociales una convocatoria a la misma en un documento escrito con descuido, y donde se hizo uso de expresiones inusuales para un exhorto de este calibre, el cual resultó, diríase que hasta comedido…


Ignoro el origen de esta iniciativa que pudiera considerarse plausible si no fuera por sus contraproducentes resultados; esto es, porque otorgó a la señora Paniagua una tribuna inmejorable en su afán de lavarse las manos respecto al gravísimo problema de inseguridad que padecemos.


Desde un primer momento supuse la posible existencia de dos géneros sobre los motivos que pudieron tener los convocantes a esta manifestación: un hartazgo social entendible, pero muy precipitado; o un cálculo perverso para aprovechar la coyuntura a fin de derivar la protesta en algo parecido al palerismo…


No es mi intención denostar a ninguno de los que participaron de buena fe, de manera espontánea y generosa, en esta marcha; sólo quiero poner el acento en lo que pudiese haber detrás de todo este enjuague.


Así, es de suponer que quien, o quienes, convocaron a esta protesta pública escudándose en el anonimato de una firma responsable vaporosa, Ciudadanos de Celaya, bien pudieron haberse precipitado ofuscados por el hartazgo circundante ante la inseguridad que padecemos…


Pero también vale suponer, por el contrario, que aquello perseguido so capa de civismo y justa indignación, era apoyar aviesamente una posición de auto exculpación pública de la autoridad municipal, para darle a ésta un respiro en el predicamento en que se encuentra de tener que reconocer su gorda -y ya luenga- ineptitud en este rubro.


Y es que el malestar de la inmensa mayoría de los que habitamos esta Ciudad, por la inseguridad, que tiene su expresión en un sinnúmero de despojos y agresiones impunes, y que parece aumenta día a día, debería tener una justa y efectiva manifestación ciudadana de protesta.


Sin embargo, es claro que esta floja protesta nunca tuvo como propósito compeler a la autoridad a reconocer su rotundo fracaso en la prevención a los delitos del orden común; como tampoco en forzar la aceptación de que son ellos, la instancia municipal, los primeros responsables de esta situación de inseguridad que nos agobia.


Manifestarse en una marcha pacífica y ordenada, como ocurrió con la susodicha, pudiera ser un instrumento político poderoso, más en estos tiempos de cambio; pero, cuando es aprovechada por la misma autoridad protestada para difractar sus responsabilidades sobre los motivos de la protesta, resulta desacertada, por decir lo menos.


Es claro que, en criterio de la alcaldesa, la inseguridad es un asunto inconexo a sus principales deberes y encargos, y por ello pedirá a la autoridad federal atienda lo que, según ella, tiene desatendido; lo cual es un vil subterfugio, aparte de un disparate.


Parece que esto fue el producto único logrado por esta marcha, esto es, permitirle a la autoridad local endilgar sus culpas a otros, y además, en modo cínico y prepotente, declararse también como parte agraviada de este mismo flagelo; ajena, pues, a cualquier imputación de culpa.


Así, con el mendrugo de haberlos atendido personalmente, aunque no sin cierta altanería, tal parece que los manifestantes fueron desarmados por la señora Paniagua, quién supuestamente condescendió a sus exigencias.


Ahí también les manifestó una empatía muy poco convincente al señalarles compartir sus mismas inquietudes y mortificaciones, y graciosamente les otorgó algunas vagas promesas que ella bien sabe no tendrá que cumplir…


Y es que la alcaldesa adujo en su descargo, y a manera de burdo pretexto, la supuesta debilidad del marco institucional del Municipio en materia de seguridad púbica. Según ella, la autoridad local no tiene incumbencia legal para investigar ni castigar delitos, lo cual tergiversa en modo artero la verdad.


Aunque la señora Paniagua al final fue abucheada por la mayoría inconforme con estos pobres saldos obtenidos, los marchantes se retiraron como habían llegado, en forma pacífica y ordenada; una protesta, pues, a modo o conveniencia de los protestados.


Y es que las implicaciones de lo dicho por la alcaldesa, y la débil inconformidad de los manifestantes, sugiere algo que va más allá de un mero escarceo entre autoridad y ciudadanía: determina el reconocimiento, además del grave estado de la inseguridad en Celaya, de lo insoluble del problema respecto a nuestras propias capacidades de defensa.


Es por esto, que la cita arriba trascrita no tiene desperdicio: subsume una actitud de franca evasión en una posición previa y calculada de auto exculpación pública, que resulta inadmisible; y una aceptación inequívoca a la gravedad de este problema, que además adereza insertándola en un marco de supuesta debilidad institucional ante el crimen y la inseguridad.


Así, la señora Paniagua menciona que ante los malandros que a diario nos agreden no estamos solos, pero como simple fórmula retórica; pues en su evasión y torpeza se contradice…


@inigorota