Más allá de la Guardia Nacional

Más allá de la Guardia Nacional

Opinión
|

En el Senado de la República discutiremos en el próximo periodo ordinario la creación de la Guardia Nacional.


En el Senado de la República discutiremos en el próximo periodo ordinario la creación de la Guardia Nacional. El debate sobre esta toral decisión legislativa ha sido amplio y la mayor parte de los análisis han sido serios y bien fundamentados. 


Con especial detenimiento he leído las inquietudes de un grupo de guanajuatenses de la sociedad civil, activistas y académicas, quienes me hicieron llegar un documento cuya preocupación central es la militarización de la seguridad pública. En ese mismo tenor se encuentran las preocupaciones expresadas por el grupo de María Elena Morera, con quien sostuve un diálogo recientemente.


Hace unos días, en su comparecencia en el Senado, Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública y José Rafael Ojeda Durán, secretario de Marina, explicaron los alcances de la Guardia Nacional y pusieron en claro el sustento moral con el que se oponen el priísmo y el panismo, basado en ideas que no pudieron aplicar cuando fueron gobierno: buenos para opinar pero malos para operar.
Ambos secretarios descartaron la militarización del país; en particular el Almirante Ojeda expresó: “Nosotros no permitiríamos alguna militarización porque somos institucionales, somos democráticos, somos ciudadanos, no somos políticos, pero somos ciudadanos”.


“Así como ustedes hablan de que sienten el pulso de la sociedad, nosotros también lo sentimos y más todavía, más que ustedes… respetamos los derechos humanos. Para mí, a veces hasta resulta ofensivo que nos digan que queremos militarizar al país”.


Vale la pena recordar que las estrategias del gobierno del Presidente López Obrador para lograr la restructuración del tejido social y el fortalecimiento de la cohesión de las comunidades no tienen como único fundamento la actividad policiaca. Si algo quedó claro en los Foros sobre la Paz que organizamos meses atrás, es que el asunto de la seguridad no tendrá buen fin si no se articula con una nueva estructura de políticas económicas y sociales.


Bien, la creación de la Guardia Nacional no busca “militarizar” la seguridad pública, esa acción de “militarización” comenzó hace más de 12 años en México, por el contrario, con el esquema de profesionalización, capacitación y adiestramiento de la Guardia Nacional en los próximos años se podrá construir un esquema de repliegue táctico de las fuerzas armadas permanentes que actualmente realizan tareas de auxilio en seguridad pública.


Durante más de una década, la presencia de las fuerzas armadas auxiliando en estas tareas ha violentado la Constitución Mexicana, por ello es urgente una nueva fuerza policial nacional capacitada y disciplinada capaz de suplir las tareas que hoy hacen el Ejército y la Marina, para que éstos gradualmente regresen a sus labores de resguardo de la soberanía nacional y de las instalaciones estratégicas del país. 
Recurrir al personal militar es una medida temporal dada la crisis de confianza en los cuerpos policiacos regulares.


El modelo de la Guardia Nacional pretende construirse como un esquema “híbrido” que retome lo mejor de la disciplina, formación y capacitación militar y lo mejor de los mecanismos de transparencia y de regulación de un mando civil (con todo lo que esto implica en términos de posibles juicios a las violaciones a los derechos humanos). 


El modelo de la Guardia Nacional mexicana difícilmente se puede comparar con figuras semejantes a nivel internacional, porque ningún país ha atravesado por la grave crisis de violencia, inseguridad y desconfianza por la que atraviesa México. 


Y requerimos hacerle frente a la realidad mexicana, con sus particularidades innegables.


La defensa de este esquema de seguridad, insisto, a la par de una actuación sustancialmente distinta del Estado en la economía y el logro inmediato del bienestar social, inaugura una nueva estrategia frente a las fallidas políticas de los gobiernos anteriores que sólo han provocado una mayor desigualdad y un estado de inseguridad inaceptable.