Solo una voz

Solo una voz

Opinión
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Es imposible mantener un debate serio y congruente en cualquier ámbito de la vida nacional.


Es imposible mantener un debate serio y congruente en cualquier ámbito de la vida nacional, la polarización es el tono generalizado, las ocurrencias matutinas, los estereotipos e insultos están sepultando el privilegio de las ideas.


Sobre el país se extiende una corriente de autoritarismo e imposición, se descorre el velo descarnado entre la república amorosa prometida y la fuerza presidencial que no admite cortapisas. Las razones técnicas y fundamentadas no existen, todo está marcado por la decisión unipersonal del Presidente.


Contrario a lo que el país requiere, al enriquecimiento de visiones y al cultivo del humanismo, surge un empoderamiento absoluto y un sometimiento de los órganos de control que no corresponde de ninguna manera, a la proporción de los votos obtenidos en las urnas por López Obrador, pero que va ganando terreno.


En el Congreso de la Unión obedeciendo línea, la mayoría calificada aplasta cualquier posibilidad de pluralidad y de respeto a las minorías que tanto exigían cuando estaban en la oposición. 


Qué rápido se le olvidó a Porfirio Muñoz Ledo, presidente hoy de los Diputados, cuando era parte de la LVII legislatura y afirmaba el derecho de Presidencias rotativas entre los grupos parlamentarios, para dirigir los trabajos del Congreso.


Las decisiones unipersonales e irracionales del Ejecutivo los hacían rebelarse, “el poder imperial del Presidente” -según lo referían- los indignaba. Y hoy que están en el otro lado de la moneda, simplemente se pliegan, en un ejercicio de sujeción y obediencia ante quien los palomeó y los hizo llegar al cargo que ocupan, zombis huecos y autómatas.


No cabe duda que el poder corrompe y hoy, que además parece ser el fin último, resulta aún más dañino, con el control del presupuesto, los Poderes, la nómina, apoyos y programas.


De alguna manera ya lo hemos padecido antes en lo federal y en lo local, con resultados funestos para el país, pero no cabe duda que no aprendemos, para allá vamos de nuevo, aunque ahora con un tinte dogmático más peligroso.


Y acerca de los medios de comunicación, de casi todos, qué decir? Ahora que debieran ser impulsores de la verdad y críticos serios, se han vestido de oficialismo o lo que es peor, de omisión, en un viaje al pasado que hace preguntar: ¿cuál cuarta transformación?, si esto es el deja vu, lo ya vivido.


La imposición la advertimos también en las redes, basta una liga o un comentario que cuestione las decisiones del Presidente, para que se desencadenen todas las fuerzas de la naturaleza canalizadas en insultos, maledicencias, lugares comunes, ajos y cebollas, de una manera que es imposible concebir como manifestación espontánea.


Sabemos del malestar y el disgusto ciudadano de algunos sectores de la sociedad, pero esta virulencia, consistencia y rapidez para responder en medios electrónicos, no puede sonar más, que a la acción orquestada desde campaña para un proyecto político. 


Ahora resulta que es imposible desmarcarse de dos bandos estigmatizados: los chairos y los fifís, sin posibilidad de opinar libremente.


Pero, cómo esperar que esto ocurra de manera diferente, si desde temprana hora se atiza el fuego, se enciende la caldera en las conferencias matutinas y quien debiera mostrar la templanza, -el Presidente-, reparte candela, siembra inquinas, insulta y culpa sin pruebas desde la tribuna imperial.


Muy peligroso el apoderamiento y desaparición de los posibles contrapesos y equilibrios, muy peligrosa la ausencia de debate y de ideas alternativas, pero más peligroso todavía, la instalación de una sola voz, que cree tener la convicción de ser portadora de la verdad absoluta.