¡Norberto Rivera, el pueblo se encuera!

¡Norberto Rivera, el pueblo se encuera!

Opinión
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El hombre y la mujer, Adán y Eva, estaban desnudos en el Paraíso y no sentían vergüenza.


El hombre y la mujer, Adán y Eva, estaban desnudos en el Paraíso y no sentían vergüenza... Pero cuando la serpiente engañó a Adán y Eva para comer del fruto del árbol de la sabiduría (tuvieron sexo, según algunos expertos) se dieron cuenta de su desnudez, sintieron vergüenza de su cuerpo y se cubrieron con hojas de parra, dice el Génesis.


Este fin de semana inicia el festival nudista en la playa de Zipolite, también conocida como “la Playa del Amor”, en Oaxaca. Miles de turistas asistirán a disfrutar de la posibilidad de desinhibirse quitándose la ropa y poder así estar en sintonía con la naturaleza, con ellos mismos y los demás, sin las barreras de la vergüenza y lo pecaminoso; se trata de dejar atrás prejuicios que se cargan toda la vida de manera absurda, siendo el cuerpo lo más natural de lo natural. “La religión nos ha hecho verlo como algo malo y pernicioso,” dice un alto funcionario de la entidad.


Es tanto, la demanda de ocupación de cuartos hoteleros en Zipolite sobrepasó a cualquier temporada, ya están todos reservados al 100%, por lo que los habitantes alquilan sus casas o se les invita a los visitantes a buscar alojamiento en los pueblos aledaños que se encuentran muy cerca. Existen alrededor otros mil cuartos. Es tal el éxito que el municipio declarará la playa como “Nudista Opcional”, lo que la convierte en la primera playa del país de ese tipo.


“La cabeza empieza a limpiarse poco a poco y empezamos a entender que no es necesario tener un acercamiento sexual cada vez que vemos a alguien desnudo. Los sentimientos de culpas inculcados desde la niñez, son los responsables del desasosiego que se siente ante un cuerpo, que termina con un desorden en la cabeza”.
“Se trata de un festival público, eliminando aquí moralina de la prohibición de la Iglesia de no mostrar el cuerpo humano y que desde niños se nos obliga a cubrirlo,”
dijo uno de los organizadores. Pero, estos ya tienen más proyectos, Riviera Nayarit también quiere su festival nudista, la federación está por promover más playas nudistas. 


A la sazón, un periodista recuerda haber ido a una playa nudista, en la isla de Saint Marteen: “Me dio mucha vergüenza desnudarme, pero, una vez vencido el miedo, fue una de las experiencias más liberadoras que recuerde haber vivido; todo fue debido a mis creencias impuestas por los curas desde que era niño.


Pero, pensar que la culpa y la vergüenza y lo pecaminoso provienen supuestamente de un acto tan natural como el sexo de la pareja de Adán y Eva, según dicen. ¡Es oscurantista tal afirmación, porque dicho acto es tan humano como la existencia misma! 


Para colmo, afirman que al nacer ya se llevan hereditariamente las imborrables vergüenzas de la desnudez y la agobiante culpa. Hay enfermedades congénitas, pero ¿vergüenzas y culpas congénitas?


Durante el arzobispado de José Guadalupe Rábago, la Arquidiócesis de León prohibió a las mujeres “enseñar” en el templo: esto es, usar minifaldas, pantalones ajustados, pelo suelto, muy pintadas..., dijeron. Todo, debido a que “en la casa de Dios debe de haber decoro”. 


Según esto, las mujeres turbaban la imaginación de los hombres. Desde luego que este punto de vista era exclusivo del Arzobispo. ¿No sería que a él le sobrevenían los pensamientos perturbadores? Porque al Creador no podría molestarle la belleza que él mismo creó del eterno femenino. Además, ¿por qué el Arzobispo querría inmiscuirse y dictar la moda femenina?


Para gente con estas obsesivas deformaciones mentales, los fantasmas y fantasías de la belleza del cuerpo femenino deben de ser un castigo terrible, un infierno en la Tierra que consiste en no poder apreciar con naturalidad y armonía “la belleza universal de la mujer que, según Goethe, es un bálsamo que nos impulsa y eleva”. 


El festival nudista de Zipolite nos recuerda a Spencer Tunik en su primera visita a México, donde de madrugada, sobre la explanada del Zócalo capitalino, reunió a más de 20 mil espontáneos que se encueraron para su lente. Un participante expresó: “Fue un acto libertario despojarnos de nuestras ataduras, de las ropas y atuendos, frente a los edificios de Palacio Nacional y la Catedral, que representan al poder político y al poder de la Iglesia. Encuerarnos fue un acto irreverente contra los que han reprimido históricamente a los mexicanos”.


En esa ocasión fueron los jóvenes los que tomaron el reto, el deseo de que algo cambiara en México: Se despojaban de los grilletes opresores de la oscura y retardataria visión de lo pecaminoso del cuerpo. La mayoría quería demostrar que algo estaba cambiando: Un País menos restrictivo, menos sojuzgado por creencias retrógradas, una vida feliz, sin sentimientos de culpa que insertó la moral religiosa en el sexo.


La cámara de Tunik logró abolir el sentimiento de culpa de la desnudez de miles de jóvenes, algo increíble y espontáneo: “Un mar de cuerpos tendidos, muy juntos, en el amanecer capitalino… Al final todos aplaudían por el magnífico espectáculo de la desnudez compartida, del falso pudor vencido. Reían, aplaudían, se hermanaban en formas cadenciosas y de frente a la Catedral, coreaban desnudos al cardenal: “Norberto, Rivera, el pueblo se encuera…”.


 A pesar de que algunos quieren que el nudismo siga siendo un tema tabú en México, el Presidente de la Federación Nudista, Héctor Martínez, aseguró, en entrevista, “que el país está listo para desnudarse y dejar atrás los atavismos sociales y religiosos con los que nos han formateado.”


“…toda alma tiene derecho a desvelarse en su belleza y, en esa medida, por ende, la belleza se revela desde su apariencia desnuda, en aquello invisible que encierra, esperando a que el espectador lo descubra…”.