domingo

¿Cómo contratar y pagar a un gobernante?

Opinión
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Perspectiva.

La discusión de cuánto debe ganar un funcionario público o un representante popular llega con la pretensión ilusoria de que nadie debe ganar más que el Presidente de la República. 



Andrés Manuel López Obrador fijó su ingreso en un poco más de cien mil pesos. Para la mayoría de la población ese sería un ingreso más que digno; para el mercado de talento ejecutivo no lo es. 



Se sabe que Singapur es el país que mejor paga a sus funcionarios públicos y lo hace con base en cumplimiento de metas. Un ministro gana entre 15 y 25 millones de pesos al año. Publica el Straits Times, un periódico local, una nota sobre el costo que paga un ciudadano por mantener a todos los ministros del país. La cifra es baja: 10 dólares, unos 150 pesos. Los 5.6 millones de singapurenses pagan 56 millones de dólares de Singapur para compensar a los hombres y mujeres más capaces de la isla. 



Saqué la cuenta y en Guanajuato pagamos al gobernador menos de 60 centavos al año por habitante, incluidas prestaciones. Y si hacemos cuentas, pagaríamos menos de un centavo al año por López Obrador. 



Héctor López Santillana nos cuesta aproximadamente un peso por habitante al año. Nosotros, como mandatarios y jefes de esos servidores públicos nos podemos preguntar: ¿Podríamos pagar 10 veces más por los más capaces y preparados? ¿Qué tal si tuviéramos al más competente presidente de la República por 10 o 20 centavos al año? Alguien que, con visión de estadista, lograra hacer crecer al país al 5 por ciento; alguien que pudiera parar la matanza incontenible y diera esperanza futura. Si esa persona fuera el propio Andrés Manuel López Obrador, ¿no estaría dispuesto usted a pagar 20 centavos al año por su sueldo?



Si Diego Sinhue Rodríguez tuviera el talento y el mérito de transformar a Guanajuato en un ejemplo de honestidad, seguridad y crecimiento ¿no estaría usted dispuesto a pagarle dos pesos al año? Para él sería un millón mensual; para nosotros, tres sorbos de Coca Cola o uno de café. 



Cuando votamos, contratamos de hecho a nuestros gobernantes. En la demagogia electoral prometen cobrarnos cacahuates, pero al final del periodo nos damos cuenta de que nos salieron carísimos. Porque se roban entre el 3 y el 5 por ciento de lo que administran, porque el país no crece y porque con su incompetencia no hay ni paz ni justicia. 



Como son incompetentes, llaman a que les ayuden más personas de las necesarias y se hacen rodear de guaruras, secretarios privados, jefes de asesores y un río de gente que pulula en las oficinas públicas. Luego se construyen verdaderos “Palacios Legislativos”, compran aviones Boeing 787 para viajar de México a León o Guadalajara y gastan como si no hubiera mañana en proyectos que nunca se convierten en realidad. ¿Cuánto costó la incompetencia de los gobiernos panistas a Guanajuato por el inconcluso Zapotillo? ¿Cuánto la Expo Bicentenario o el fantasma del Tren Interurbano? ¿Cuánto la broma de la nueva refinería de Salamanca?



Lo barato sale muy caro cuando se ubica a gente sin conocimientos, capacidad, visión y talento para gobernar. La demagogia de los salarios de AMLO y su comparsa no tendrá buen destino, ya lo veremos. 

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