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Mauricio Hernández, entre la acción y el sigilo

Opinión
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#Performance

Leonés, obradorista, sigiloso y responsable de los programas federales en Guanajuato del gobierno que viene de López Obrador. A grandes rasgos eso es lo que se sabe de Mauricio Hernández Núñez.



Lo que no todos saben es que vivió con su familia hasta los 19 años en una casa de Hacienda Echeveste. Estudió en escuelas públicas el kínder, la primaria, la secundaria y la prepa. Aficionado al Club León de cepa. Cursó el primer semestre de Derecho en lo que era la UBAC, hoy Universidad De La Salle Bajío. De familia zapatera, lastimada, como muchas, con el error de diciembre. Después buscó oportunidades en la Ciudad de México.



Estudió Derecho en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) campus Azcapotzalco y ahí empezó a forjarse lo que está a punto de continuar con el cargo de Delegado en Guanajuato. Simpatizante primero con la causa zapatista y decepcionado después, cogió el testigo de la alternancia que encabezó en la CDMX Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, sepultando al PRI de los regentes corruptos supeditados a los presidentes de la República.



 Lo que tampoco se sabe de Hernández es que trabajó para personajes cercanos y/o en las administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard e incluso del próximo Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Sus cargos públicos, van más allá de lo que se ha dicho. No se conocen por el sigilo al que ya hicimos mención. ¿Acaso no actúan así los operadores políticos?



 Se hizo obradorista cuando trabajó para un grupo denominado las Brigadas del Sol (en referencia al sol azteca del emblema del PRD), creadas por AMLO, mismas que coordinaba en la delegación Gustavo A. Madero, bastión perredista que apenas le fue arrebatado al PRD por Morena en la reciente elección de julio pasado.  



 Colaboró en el PT cuando en ese partido legislaban Ifigenia Martínez, Jaime Cárdenas o Gerardo Fernández Noroña, por nombrar a algunos.



 Eran los tiempos en los que AMLO ya perfilaba su salida del PRD y creó primero el Movimiento Progresista, aliándose al PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), y lo que ahora conocemos como Morena, que primero fue un Movimiento y que podría encontrar en la asociación Honestidad Valiente un antecedente de lo que es hoy la primera fuerza política del país.



 Cuentan que su conexión con Gabriel García, quien coordinará todas las delegaciones federales del gobierno electo ocurrió luego de que Hernández se asentara en el Estado de México, para la formación de Morena en ese estado, y entonces tuvo contacto con cuadros relevantes, como Yeidckol Polevnsky, Horacio Duarte e Higinio Martínez.



 Ascendió en la estructura del partido, de cargos estatales a nacionales, hasta ser Secretario de Formación Política, para luego convertirse en incondicional de Gabriel García, con quien desde julio de 2017 empezó a colaborar en la definición de las candidaturas para el proceso electoral de 2018, por encargo directo de Andrés Manuel López Obrador.



Uno de sus futuros colaboradores asegura que su apuesta principal, además de garantizar que los recursos de los programas federales lleguen a quien le tienen que llegar, será la educación.



 Impulsar programas para abatir el analfabetismo en Guanajuato y que no haya municipios sin preparatorias ni universidades. Que la ciudadanía note una diferencia desde un gobierno federal que al mismo tiempo será oposición. Ya está instalado en León, aunque recorre asiduamente la ruta León-CDMX para tantear el terreno y definir las tareas y prioridades a cumplir a partir del 1 de diciembre.  



 Particularmente uno de sus hombres de confianza sostiene que su postura ante los altos funcionarios y liderazgos en Guanajuato será de respeto. Insiste mucho en esa palabra: respeto.



Una relación, insistimos, de respeto, que nos cuentan, no se percibe, por ejemplo, con los mandatarios en funciones de Campeche y Nuevo León, y el electo de Jalisco. Sí, como para levantar las pestañas.



Eso se dice de Mauricio Hernández. Para unos, el delegado; para otros, el virrey; para otros más, ¿el sigiloso?



 El autor es director editorial de Quinto Poder.

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