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Dare to dare 

Opinión
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Crónicas viajeras

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Cuando tenía 17 años, mi tío Javier se empeñó en enseñarme a esquiar en una wakeboard. Pasé cuatro horas en remojo sin lograr salir del agua de manera exitosa (los pies por delante y la cabeza detrás). La fuerza de la lancha, la inestabilidad de la tabla y mi pánico a fracasar impedían que pudiera avanzar medio metro sin caerme o soltar la cuerda antes. Parecía una rana lanzada una y otra vez contra el agua. Drama, drama, drama.   



Me había cortado la mano así que pensar que un tiburón podía oler mi sangre a kilómetros a la redonda también era un factor de distracción.  Javier, famoso por su infinita paciencia, cambió su metodología de enseñanza intentando que lograra un paso a la vez. 



Poniendo la marcha del motor al mínimo, se enfocó en que yo sintiera el golpe del agua de manera constante y aprendiera a controlar la tabla. Al no acelerar tan de prisa, el sonido del motor no me agobiaba y podía concentrarme en poner mi peso en la pierna izquierda. Esto hizo que mi pierna derecha se mantuviera alta, hecho que ayudó a que el agua corriera por debajo y evitó que tragara los litros que consumía cada vez que caía. 



Y a manera de incentivo psicológico, puso música a todo volumen para que disfrutara del proceso de aprendizaje o al menos que cayera con estilo, mientras cantaba. 



‘I’m on the edge of glory’ sonaba cuando logré incorporarme en la tabla por primera vez. Nunca olvidaré ese momento, la tabla recta a ras del agua, la música a todo volumen y un sentimiento de victoria que aplicaría en retos posteriores.



Cabe mencionar que después de las cinco horas que me tomó lograrlo mi hermana, que tenía 7 años, logró salir a la primera y se dedicó a intentar brincar la estela. Al quinto intento saltó medio metro sobre el nivel del agua como si nada. Ella no tenía tantos obstáculos mentales, quiero pensar. 



Esta historia se me vino a la cabeza leyendo el libro de Creative Confidence de Tom y David Kelley. Ambos son fundadores de una agencia de marketing creativo y aplican la innovación para resolver los problemas de multinacionales estancadas en un problema multimillonario. Una labor como otra cualquiera. 



Y creo que esta pequeña anécdota en mi aprendizaje engloba los mantras que este par de hermanos comparten como su filosofía: aceptar el fracaso como un paso previo al éxito, no esconder tus errores ya que son una parte importante de tu aprendizaje y que los impedimentos mentales son más grandes que cualquier obstáculo físico y del entorno. “Courage is only the accumulation of small steps”.