La fascinante copa de Licurgo que cambia de color

Licurgo es una figura mitológica de la Antigua Grecia, quien, de acuerdo con la Ilíada, fue el rey de los Edones en Tracia.

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Por: Yunuen Montelongo Flores

La copa de Licurgo es exhibida en el Museo Británico en Londres.

La copa de Licurgo es exhibida en el Museo Británico en Londres.

Licurgo es una figura mitológica de la Antigua Grecia, quien, de acuerdo con la Ilíada, fue el rey de los Edones en Tracia. Licurgo buscaba detener el culto a Dionisio, quien, entre otras cosas, era el Dios de la cosecha y del vino. Cuando Licurgo escuchó que Dioniso estaba en su reino, mandó a prisión a sus seguidores. En venganza, Dionisio produjo una sequía en Tracia que eventualmente volvería loco a Licurgo. En su locura, Licurgo confunde a su hijo con un tronco de hiedra, matándolo y desmembrándolo. Estos actos horrorizaron al pueblo de Tracia, por lo que Dionisio decretó una sequía permanente hasta que se hiciera justicia. Así es como el pueblo se reveló y asesinó a Licurgo, dando fin a la sequía.

Aunque la historia de Licurgo es en sí misma fascinante, existe un elemento muy particular que conecta su figura con descubrimientos de vanguardia en la ciencia moderna.  Esta conexión tiene sus antecedentes en la misteriosa copa de Licurgo. Una copa que, a primera vista parece estar hecha de un vidrio convencional, entintado, color verde, pero al ser iluminada por dentro revela sus secretos al cambiar a color rojo.

La historia de la copa se remonta al Imperio Romano donde las técnicas de fabricación del vidrio habían llegado a su esplendor. Los romanos utilizaban una antigua técnica heredada de Mesopotamia donde se combinaba arena con carbonato de sodio, el cual era obtenido de los lagos de Natrón al norte de Egipto. Esta mezcla permitía la reducción de la temperatura de fusión de la sílice de la arena permitiendo así su manipulación.

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La técnica de los romanos tuvo un parteaguas en el siglo I con la introducción de la técnica de soplado de vidrio. A través de esta técnica fue posible crear capas delgadas y transparentes de vidrio, además de permitir el uso de moldes para decorar y crear geometrías complejas. Como ejemplo de esto, fueron las primeras ventanas producidas a través de cilindros de vidrio los cuales eran desdoblados para generar camas planas. Otro ejemplo de la elaboración de esta técnica era la inclusión de materiales para la coloración del vidrio.

La técnica más común de coloración utilizada desde la antigüedad hasta la fecha consiste en la implementación de óxidos metálicos. Estos materiales son dieléctricos, es decir, su capacidad para conducir electricidad es muy baja y los electrones se mantienen distribuidos homogéneamente en el material. Estos electrones tienen la capacidad de transmitir ondas de luz, pero en ocasiones hay pérdidas que se convierten en calor. Este es el caso de los óxidos metálicos, los cuales absorben ciertos colores de manera pronunciada. El resultado es una pigmentación, la cual es visible tanto en la reflexión como en la transmisión de manera muy parecida.

Otro elemento decorativo utilizado frecuentemente en la época romana fue la inclusión de oro dentro del vidrio. El oro, siendo un metal, tiene electrones libres los cuales se acumulan en la superficie del material. Esta distribución de electrones en la superficie no permite que la luz penetre al interior, reflejando o absorbiendo las ondas de luz incidentes.

Algo sumamente interesante en el análisis de metales, es que los electrones también ocupan un pequeño volumen que se expande dentro y fuera de la superficie del material. Por este motivo, un metal depositado en una capa suficientemente pequeña, puede transmitir luz. Estos espacios donde se localizan los electrones fuera del material, en realidad son nubes sin delimitación física, la cual es conocida como nube plasmónica. Para observar estos efectos es necesario diseñar elementos metálicos en geométricas sumamente pequeñas. Estas dimensiones son del orden de una fracción de milésima de milímetro, aún más pequeñas que las células humanas, y donde solo algunas centenas de átomos metálicos llegan a formar estructuras.

Estos elementos, conocidos como nanoestructuras, por sus tamaños tan pequeños, tienen una respuesta muy peculiar con las ondas de luz. Los electrones libres comienzan a vibrar de una manera muy intensa con ciertos colores de luz, por lo cual generan un efecto de coloración dual, es decir, la luz reflejada tiene un comportamiento diferente a la luz transmitida. La copa de Licurgo es el primer ejemplar conocido a la fecha donde la pigmentación fue realizada con partículas metálicas dando lugar a este efecto dual, o dicroico, en la coloración. Sin embargo, a la fecha sigue siendo un misterio el proceso utilizado para lograr este efecto. Algunos especialistas creen que se trataba de un intento de crear una incrustación de oro, o simplemente contaminación, que terminó en una dispersión de nanopartículas. 

Lo asombroso es que los procesos modernos de fabricación de estas partículas no fueron publicados sino hasta mediados del siglo XX. Por si fuera poco, la copa muestra una iconográfica espectacular y perfectamente preservada de los distintos actores mitológicos en el relato de Licurgo.  La copa de Licurgo sin duda seguirá siendo una de las joyas más extraordinarias rescatadas del imperio romano. Hoy en día esta pieza se encuentra exhibida de forma pública y gratuita dentro del Museo Británico en Londres. Visitar esta exposición es una experiencia que nunca debe faltar en un paseo por la capital inglesa.

Yunuen Montelongo Flores es un investigador del Centro de Investigaciones en Óptica, A.C. (CIO) especializado en el estudio y desarrollo de materiales ópticos. Realizó sus estudios de doctorado en la Universidad de Cambridge, además de diversas estancias postdoctorales en el Imperial College London y la Universidad de Oxford.


 

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