La inflación sigue haciéndose presente en los productos básicos, pero quién provoca la inflación

En México alcanzó el 6.12 por ciento anual en la primera quincena de octubre.

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Por: Rodolfo Navarrete, Vargas Agencia Reforma, CIUDAD DE MÉXICO

León, Guanajuato. La inflación sigue dando que hablar no solo en México, sino en todo el mundo, al punto de que nadie se atreve a asegurar con certeza si ya alcanzó techo y cuánto va a durar.

En México alcanzó el 6.12 por ciento anual en la primera quincena de octubre y el promedio de los analistas encuestados la semana pasada por Citibanamex estima que pueda cerrar el año en 6.50 por ciento. Mientras tanto, el Banco de México se dispone a seguir aumentando la tasa de interés de referencia como señal de que no tolerará mayor inflación, como si alguien la estuviera provocando a propósito.

Tratar de entender los orígenes del fenómeno inflacionario actual es importante porque de ello depende las acciones de política monetaria que se vayan a emprender. En el caso de México, lo más sencillo es aproximarse a través del análisis de las tres fuentes tradicionales de inflación: presión de demanda, el traspaso de la depreciación del tipo de cambio a los precios y las contracciones de oferta.

Respecto a la primera, en algunos países, como Estados Unidos, la recuperación se ha visto impulsada por el crecimiento del consumo principalmente, debido tanto a la demanda reprimida, los apoyos de los gobiernos a las familias, y, en otros países, como Chile y Perú, de manera complementaria por la utilización de parte de los fondos de retiro. En todos ellos, el consumo privado subió por encima de los niveles de pre pandemia y son la base del crecimiento económico.

Como es de imaginar, eso no ha sucedido en México, porque, por un lado, ha sido mínimo el apoyo gubernamental a las familias, en tanto que las tasas de interés no bajaron lo suficiente como para incentivar el gasto privado. Tampoco se han visto retiros de los fondos de pensiones como los observados en Chile, que bordean los 50 mil millones de dólares.

Las remesas de los trabajadores mexicanos en el exterior han servido para alentar el consumo, pero no de manera relevante, ya que el incremento en el flujo observado en los últimos doce meses representa poco más de 8 mil millones de dólares con respecto a los 12 meses anteriores.

Ni qué decir del consumo de bienes duraderos. En los países con fuertes apoyos a las familias, el consumo de bienes durables ha superado las tendencias que se registraron antes de la pandemia, lo cual también se ha traducido en incremento en los precios de esos productos, respondiendo claramente a presiones de demanda.

En México, el consumo de bienes durables no ha alcanzado ni siquiera a igualar el nivel que se tenía antes de la epidemia, por lo que por ese lado no se observan presiones sobre la inflación.

Volatilidad de la monedas

La depreciación de la moneda es otra fuente de la inflación. Si bien con el inicio del Covid los países emergentes observaron una fuerte depreciación de sus monedas producto de la aversión global al riesgo, poco a poco fueron revirtiendo este comportamiento hasta acercarse a los niveles de pre pandemia. Sin embargo, en lo que va del presente año, se ha registrado una mayor volatilidad en algunas monedas, que ha incidido en la inflación de sus países.

El caso más notable es el del peso chileno: al cierre de la semana pasada llevaba una depreciación de más de 13.0 por ciento, explicando claramente parte de las presiones inflacionarias que observa ese país obligando a su banco central a aumentar en 125 puntos básicos la tasa de referencia en la reunión de la semana antepasada.

Nuevamente, este fenómeno tampoco se presenta en México. Al cierre de la semana pasada el peso acumuló una depreciación de tan solo 1.1 por ciento en lo va del presente año, mientras que el tipo de cambio promedio durante 2021 se apreció 6.0 por ciento con respecto al promedio de 2020. 

Finalmente, existe una amplia evidencia en el mundo de interrupciones en los canales de suministro, alza en los costos de transporte, escasez de insumos, cuellos de botella inducidos por el Covid, así como incrementos en los precios de las materias primas, y principalmente de los energéticos, que se encuentran en la base de los fenómenos inflacionarios.

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