Educación

Por una educación que produzca ‘preguntones’

Sin diálogo, no hay deliberación, y sin deliberación los ciudadanos no tendríamos instrumentos para dirimir nuestras diferencias

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Por: Raúl Carlín

Por una educación que produzca ‘preguntones’

Por una educación que produzca ‘preguntones’

El insumo primordial de toda democracia es, indiscutiblemente, el diálogo. Sin diálogo, no hay deliberación, y sin deliberación los ciudadanos no tendríamos instrumentos para dirimir nuestras diferencias, ni para someter al escrutinio de la razón nuestras visiones de la realidad, nuestros proyectos históricos.

El diálogo es un encuentro entre dos mundos. Dos mundos que se funden, que se confunden, que se congregan, que se disgregan. A través de él, los humanos ciframos y desciframos nuestra existencia, nombramos nuestros dolores colectivos, arrojamos luz sobre aquello que pervive en la oscuridad.

El diálogo, empero, puede pronto convertirse en soliloquio, en una charla con el espejo, en nuestra caricatura, si no escuchamos activamente a nuestro interlocutor; cuando no somos acaso capaces de reconocer que dicho interlocutor se encuentra fuera de nosotros.

El diálogo es una práctica democrática que se acredita en su ejercicio. El jueves 2 de julio, Proyecto Nuevo Maestro (una iniciativa mexicana que se dedica a la capacitación docente), inauguró el Ciclo de Conversatorios “La educación en todas sus dimensiones”. En él, líderes de opinión, docentes y público en general se reúnen a pensar en voz alta sobre educación y a escudriñar todas sus caras y sus ángulos y sus vértices.

En el primer conversatorio, “Pandemia y educación: el relato de una tensión,” Manuel Gil Antón, académico del Colegio de México, dialogó con los intelectuales más importantes de este país, como él le llama a los docentes mexicanos.

Durante 90 minutos, diseccionamos qué significó (a partir de esta pandemia por coronavirus), transitar de las cuatro paredes de un aula a las cuatro aristas de una pantalla.

A continuación, nuestros hallazgos:

  1. Educación a distancia vs. Escolarización remota de emergencia: Educar a distancia (sentencia Gil Antón) implicaría articular un sistema integral cuyo objetivo sea el aprendizaje significativo a partir de un vínculo pedagógico entre docentes, padres, madres y estudiantes al margen de las aulas. Por el contrario, lo que realmente sucedió en México fue la Escolarización remota de emergencia. En palabras pocas: escolarizamos nuestras casas.
  2. La Escuela Intrusa: Gil Antón describió lo que él llama La Escuela Intrusa como el proceso en el que La Escuela se infiltró en La Casa mediante las rendijas de sus puertas y, sin reparos, se instaló en nuestra habitación. Trasladando La Escuela a La Casa, no discernimos que esas dos instituciones tienen naturalezas distintas, y acarreamos inevitablemente los peores vicios de la primera, a la segunda. 
  3. La Tarea: Así como hablamos de un virus sacudiendo nuestra realidad, hablemos del “peor virus de La Escuela, que es la tarea”. La tarea que atolondra y ataranta y atarea. Al encargar tarea, pausamos el aprendizaje, lo dejamos para después porque a través de ella exigimos a los estudiantes que repitan lo que queremos pensar que aprendieron. Pero la educación (persisto en Gil Antón) no debe ser un eco del poder. 

El sistema educativo abdica de su función catalizadora de ciudadanía cuando entrenamos a los estudiantes a ofrecer respuestas, porque el aprendizaje se acaba cuando se acaban las preguntas. Educar estudiantes implica que sus docentes les enseñemos a dudar y cuestionar y sospechar. Sospechando de las verdades absolutas nos hacemos libres. Asumamos entonces, como dice Gil Antón, que “la tarea que nos toca es producir personas que pregunten”. Y entre más preguntones, mejor.

Addendum: Encontrémonos el jueves 16 de julio a las 4 pm para dialogar sobre “La eterna dictadura en la educación: el adultocentrismo”. En la página oficial de Facebook de Proyecto Nuevo Maestro encontrarás la liga de registro. Hasta entonces.

Acerca del Autor

Raúl Carlín es actualmente Coordinador de Proyecto Nuevo Maestro. Además, es abogado, músico, activista por los derechos humanos y un apasionado de la educación. Raúl Carlín cree firmemente en ocupar el Ágora alzando su voz y escuchando la de otros para co-construir la educación que queremos y el país que nos merecemos.

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