Son ejemplo de fuerza

En el día internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, Lupita Rocha y Mari Rangel comparten sus historias y cómo vencieron a esta enfermedad

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Por: Staff A.M.

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Lupita Rocha

Lupita Rocha

María Concepción Rangel Buenrostro.

María Concepción Rangel Buenrostro.

Estela Rea, fundadora de Amadavi A.C.

Estela Rea, fundadora de Amadavi A.C.

León, Guanajuato.- Hace año y medio Guadalupe Rocha Ramos, a quien de cariño llaman Lupita, enfrentó uno de los retos más grandes de su vida, escuchar de manera tajante el diagnóstico médico que le reveló que tenía cáncer de mama de tercer grado.

“Fue un proceso muy difícil, uno siempre piensa que no le va a tocar y cuando te dan el diagnóstico sientes que el mundo se te viene encima. La palabra cáncer es muy fuerte y cuando te dicen que lo tienes piensas que te vas a morir y que ya no vas a ver a las personas que amas”, comentó Lupita Rocha.

Antes de su diagnóstico Lupita, quien es viuda y tiene dos hijos y dos nietos, era una persona sana, hacía su vida normal y repartía su tiempo entre el trabajo y su familia.

Comentó que es la menor de nueve hermanos, cinco mujeres y cuatro hombres, en donde no hay antecedentes de la enfermedad por lo que nunca se imaginó que a ella le fuera a pasar. 

“Creo que la enfermedad se puede dar también por negligencia, por no revisarse y hacerse los estudios correspondientes”.

Añadió que ella fue a un Centro de Atención Integral de Servicios Esenciales en Salud (CAISES) a hacerse un estudio de rutina pero como el equipo estaba descompuesto lo dejó pasar ya que se sentía bien, sin embargo después empezó a sentir molestias y a ver cosas raras en uno de sus senos y se asustó.

“Como que uno presiente, fui al doctor y me mandó a hacerme unos estudios y de inmediato me dieron el diagnóstico, ‘cáncer de mama de tercer grado’, eso me impactó, salí como sonámbula, caminaba y sentía que flotaba, iba pensando en cómo darle la noticia a mis hijos y en cómo iba a enfrentar la enfermedad ya que no tenía los recursos económicos”.

Señaló que aunque sus hijos se impactaron con la noticia, ya que ella es el único pilar que les queda, la apoyaron y se propuso aferrarse a la vida por ellos.

“En un primer momento pensé en dejar todo en orden en casa y en el trabajo, despedirme de mis hermanos y de todos pues no sabía qué me deparaba el destino”.

Lupita llevó todo su proceso en el Hospital General de León, en donde dice que doctores y enfermeras le brindaron una atención increíble, aunque también le tocó toparse con algunos doctores crueles y duros.

“Pensé que me iban a operar rápido pero no, primero me dieron ocho quimios, desde la primera quería salir corriendo, eran 3 o 4 horas de un tratamiento que sientes que te quema, sales cansada, y conforme pasa el tiempo te vas sintiendo más mal; al tercer día ya no me podía parar, me dolían los pies y las manos, era como una pesadilla. La quimio te cambia el color de piel, no puedes comer, ni tomar agua, el pelo se te cae a puños, lo único que apeteces es comer hielo y cada 20 días tenía que pasar por eso, creo que el cáncer es de las enfermedades más dolorosas”.

Destacó que entre más quimios ponen más se va deteriorando el cuerpo, “te sientes devastada cuando te ves al espejo sin pelo, sin cejas, ni pestañas, no te reconoces, verte así es un impacto muy fuerte y no quieres que nadie más lo pase”.

Añadió que cuando se empezó a atender en el Hospital General de León pensó que no iba a haber mucha gente pero cuando entró al piso de Oncología quedó sorprendida de ver tantas mujeres de todas las edades y en el área infantil a muchos niños que le dieron fuerza para no tirar la toalla.

El 24 de junio de este año Lupita fue operada, le extirparon un seno, removieron 20 ganglios y luego de unos estudios salió limpia. Ahora debe esperar dos años por un nuevo diagnóstico ya que de acuerdo al doctor existe el riesgo de que el cáncer regrese.

“Por ahora me hacen revisiones cada tres meses, tomo una pastilla diaria y a pesar del riesgo no tengo miedo, estoy confiada en que voy a estar sana, tengo toda la actitud para no decaer, cuando me dieron de alta me sentí libre, sentí que volví a nacer, que se me dio otra oportunidad de vivir”. 

Mencionó que hay personas que dicen que el cáncer se da porque algo se hizo mal en la vida, que es un castigo, sin embargo ella lo ve como que Dios la tomó como instrumento para enseñar algo bueno a otros.

“Después de lo que me pasó, mis familiares, comadres y amigas se empezaron a checar, se hizo una cadenita, yo digo que era algo que tenía que pasar para que las demás personas se puedan ayudar ellas mismas. Yo no lo veo como un castigo sino como una enseñanza, seguiré en la lucha. ¡No me voy a dejar vencer porque yo no soy un seno, mi esencia es otra!”.

Destacó que aunque no lo parezca, algo bueno, dentro de lo malo, que le dejó el cáncer fue que durante su proceso conoció a gente buena, se acercó más a sus hijos y ahora trata de tener tiempo de calidad con ellos y sus nietos, de aprovechar más a su familia, de estar más unidos y de platicar más.

Recomendó a las personas hacerse sus chequeos, no dejarlos pasar y que cualquier cosa que vean o detecten se atiendan porque eso es muy importante.

FRASE

“Después de lo que me pasó, mis familiares, comadres y amigas se empezaron a checar, se hizo una cadenita, yo digo que era algo que tenía que pasar para que las demás personas se puedan ayudar ellas mismas. Yo no lo veo como un castigo sino como una enseñanza, seguiré en la lucha. ¡No me voy a dejar vencer porque yo no soy un seno, mi esencia es otra!”.

Lupita Rocha

Hay que buscar apoyo

El cariño y acompañamiento de sus vecinas, de sus doctores y sus nietas son el motivo por el que cada día, María Concepción Rangel Buenrostro lucha para vencer el cáncer de mama. 

Tiene 50 años, es originaria de Guadalajara, pero cuando se casó se vino a vivir a León, ciudad natal de su esposo, con quien concibió a tres hijos, quienes actualmente tienen 33, 28 y 25 años. 

Hace seis años le diagnosticaron cáncer de mama, pero un año antes Mary, como la llaman cariñosamente, había notado que su pecho drenaba una sustancia tipo calostro, se lo comentó a su médico familiar, quien le dijo que era algo normal. 

No sentía dolor, ni molestia, se auto exploraba y no detectaba algo diferente, pero el líquido seguía presente, hasta que cambió de doctora y fue ella quien la mandó a hacerse varios estudios para pasarla con un ginecólogo. 

“El especialista me decía que no podía darme un diagnóstico hasta que me hicieran una tomografía, pero por la edad aún no era candidata, él movió todo para que me autorizaran y me hicieron ocho ese día, luego tres biopsias, me confirmó que tenía cáncer y me pasó con el oncólogo”, contó. 

Mary recordó que escuchar esa palabra es fuerte y sintió miedo, pero sus doctores le dieron ánimos para comenzar su tratamiento de 30 quimioterapias. Sin embargo, en el tercer mes cuando fue a consulta revisión recibió una noticia que alentó a seguir en la lucha. 

“Le dije, doctor qué pasa, dígame la verdad porque ya me mareó con tanta vuelta, y me pregunta qué donde tenía mis tumores y a mí me habían dicho que era uno, entonces me dice que mi cáncer era terminal porque tenía uno de 10 centímetros y uno de 9.9 y me dijo no sé que hiciste, a qué santo te encomendaste, pero tus tumores están reduciendo”. 

Terminaron el esquema de quimios, le informaron que la iban a operar para quitar los tumores y luego seguirían 50 radioterapias. 

Además del malestar físico, Mary también pasaba por una situación personal complicada, ya que tenía varios años de divorciada, y solo dos de sus hijos estuvieron al pendiente de su proceso. 

“Las que siempre estuvieron conmigo y les digo que son mis ángeles, son todas mis vecinas y Estela Rea de Fundación Amadavi, que les agradezco mucho porque desde que empecé hasta la fecha no me han dejado sola”. 

Antes de operar, su médico le dijo que iba a tratar de salvar su pecho, pero que de lo contrario se lo tenía que quitar, ella le dijo que si era necesario quitar el otro para que ella viviera, lo hiciera, pues esta enfermedad la ayudó a ser más fuerte y valorar los verdaderamente importante: la salud y la vida. 

“Hace cinco años me operaron, me quitaron ocho ganglios, luego fueron las radioterapias y seguían las quimios, pero cuando ven mis resultados de los estudios, me dicen que todo está bien y que ya era la última que me daban y ahora sigo en tratamiento con pastillas. En mi última consulta que fue hace unos días, el doctor me dijo que si todo sigue como hasta ahora, a finales del 2022 me estarán dando de alta”.

Sigue en tratamiento y observación cada seis meses y a seis años de esa noticia que le cambió la vida, tal vez también ahora la historia sería diferente, si el médico de ese entonces la hubiera orientado para llegar a un diagnóstico a tiempo, en el que hubiera podido salvar su seno. 

“Hay momentos en los que digo ya no quiero, le digo a Dios que ya me lleve, pero mis nietas que viven en Tijuana son mi motor y cuando digo eso veo sus fotos en el celular y todos los días me hablan y me preguntan que cómo estoy y me salen las fuerzas para seguir adelante”. 

A Estela Rea, fundadora de Amadavid A.C.,la conoció hace varios años, cuando ella trabajaba en otra asociación civil, y quien también la ha apoyado con despensas, medicamentos y el apoyo moral que es tan importante para estos casos, por lo que ahora Mary colabora en la asociación para ayudar a quienes padecen esta enfermedad. 

“Yo les quiero decir a todas las mujeres que tienen cáncer de mama que le echen ganas, que no se rindan y que con amor todo se puede. Tampoco nos tengan lástima, yo cuando supe que tenía esto les dije a mis amigas que iba a ver muchos cambios en mí y que lo iban a notar, y una me dijo pobrecita, le dije no quiero que me digan eso, quiero que me traten como siempre”. 

Frase: 

“No se dejen caer, luchen porque sí se puede. Esto se trata de mucho amor, de tener a personas que quieres cerca para que te apoyen"

Mary Rangel

Se une Amadavi a sensibilización 

En el mes de sensibilización para la lucha contra el cáncer de mama, Fundación Amar, dar y vivir AC (Amadavi) cuenta con acciones en el sentido de reconocer, honrar y prevenir a través de la información y los testimonios, pero este trabajo es de todo el año. 

Estela Rea, fundadora de la asociación explica que lo que también buscan es que las mujeres que tienen este tipo de cáncer, puedan reconstruirse y recuperarse no solo físicamente, también emocionalmente y que además puedan capacitarse en temas que las empoderen y les generen sus propios ingresos. 

“Les apoyamos desde despensas, material de curación o pañales. También apoyamos con pelucas, prótesis de silicona y artesanales, información para los ejercicios que deben tener a cargo de una fisioterapeuta especializada en mama y terapias grupales”. 

Cuentan con alianzas con diferentes instituciones como el Teletón, para llevar las trenzas que recolectan y que les puedan hacer pelucas oncológicas para las beneficiarias, pues los cambios físicos también influyen en su estado anímico de recuperación, afectan su autoestima y seguridad. 

En noviembre, iniciarán con clases de corte y confección para que aprendan a diseñar un brasier que se adapte adecuadamente a su cuerpo. Este proyecto fue propuesto a la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, para que las apoyaran con dos máquinas industriales que además de poder usar para realizar esta prenda, también las ayudará a capacitarse con estos equipos para autoemplearse o emplearse en empresas maquiladoras. 

“Todo eso les ayuda a ver que todo lo que han pasado, ha sido doloroso, con muchas pérdidas, que esta enfermedad viene a consecuencia de la violencia emocional que han tenido en largos periodos de tiempo y en este afán de ayudarles es proporcionarles de forma integral este acompañamiento”. 

Se les apoya con suplementos, medicamentos, quimioterapias y estudios, para los que cuentan con alianzas con laboratorios para ofrecer precios simbólicos o descuentos que no afecten su economía. 

Con el Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva en Guadalajara se tiene también el apoyo para que las pacientes recuperen además de la autoestima, la parte funcional de su anatomía, pues al quitarles un pecho, hay más peso de un lado que del otro y esto merma su calidad de vida con dolores espalda o malformaciones de columna. 

“Nos sumamos con orientación e información en diferentes eventos, campaña constante de la prevención, porque si se detecta a tiempo se puede curar, no hay que tener miedo de ir con un especialista y además tenemos que trabajar buenos hábitos como evitar fumar, tomar y tener una sana alimentación”. 

Para solicitar ayuda o información pueden comunicarse a los teléfonos 477-332-4148 y 477-311-5995, además también reciben donaciones de medicamento, ropa, trenzas o telas, ya que tienen otro proyecto en el que las mamás elaboran llaveros en forma de corazón para tener recursos.

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