José González y María Candelaria Perez, juntos en el hospital. FOTO: Antonio Castro

José González y María Candelaria Perez, juntos en el hospital. FOTO: Antonio Castro Fotógrafo:

Abuelitos con COVID iban a festejar 61 años de casados pero uno de ellos murió

José González y María Candelaria Perez fueron hospitalizados tras estar contagiados de COVID en León, Guanajuato y luego de varios días el señor murió 
 

Por: José Antonio Castro Murillo

San Felipe Torres Mochas, Guanajuato.- Candelaria y 'Pepon' fueron hospitalizados por COVID en un hospital de León y desde ahí planeaban festejar sus 61 años de casados, pero uno de ellos murió.

En octubre de 2020 José González y María Candelaria Pérez compartieron parte de su historia para periódico AM mientras batallaban contra la mortal enfermedad en el Hospital Móvil de Atención al COVID-19 de León.

José González y María Candelaria Perez, juntos en el hospital. FOTO: Antonio Castro

José González y María Candelaria Perez, juntos en el hospital. FOTO: Antonio Castro

Sin embargo, después de varios días, el 28 de octubre, ella regresó a su casa en la comunidad de San Juan de Llanos en San Felipe a bordo de una ambulancia, su esposo en una carroza fúnebre.

¿Dónde está mi Pepón? ya no lo he visto” pregunta a veces María Candelaria entre los episodios de pérdida de memoria que a veces le aquejan.

A lado de la cama de “Mamá Cande” como le dicen en su casa, un tanque le suministra oxígeno constantemente a través de una cánula nasal. 

La cuarta de sus hijas, María de Socorro es quien permanece con ella en la casa que con sus propias manos había construido Pepo y fue quien recibió a AM.

Entre las imágenes de santos que Pepo había narrado que tenía su cuarto, ahí estaba ahora “su güerita”, Cande, ocupando el lugar en la orilla de la cama en el que antes estaba su esposo.



María del Socorro, una de las hijas de la pareja enferme de COVID. FOTO: Antonio Castro

Desde que me vine de allá no he podido ver la mía, les he dicho que me lleven a ver a mi pepo”, narró Cande. 

La recuperación ha sido difícil, a los 15 días de la muerte de Pepo, uno de sus yernos también falleció por la misma enfermedad en León.

El uso de un tanque de oxígeno de manera permanente es consecuencia del covid, enfermedad que se agravó debido a que ella padece EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), que se desarrolló por su uso de leña para cocinar.

Candelaria paga miles de pesos para poder respirar

María del Socorro paga a un joven que lleva el tanque rellenado hasta su casa, pero cada carga le cuesta mil 500 pesos.

Tras dejar el hospital las complicaciones han sido constantes para Cande, pero el dolor más difícil de llevar ha sido el de no volver a ver a su esposo. La última vez que lo vió faltaba una semana para que cumplieran 61 años de casados.

“Se me puso malilla se me puso mal de la presión, la llevaba muy baja. La llevé con todo y el tanque, pero la querían intubar pero les dijimos que ya había estado hospitalizada y que ya había librado la enfermedad, hasta hablaron al hospital para comprobarlo”.

Cande tiene lapsos en los que olvida cosas o simplemente no quiere hablar, pero cuando recobra el sentido y recuerda que su esposo falleció la nostalgia la invade “me hace mucha falta mi Pepo”.

José González apenas tenía 19 años cuando se casó con María Candelaria, trabajó varios años como ‘bracero’ en los estados unidos y después regresó a su natal San Juan de Llanos.

Ahí construyó él mismo la casa para su familia integrada por 6 mujeres y dos varones, quienes poco a poco tomaron sus rumbos, pero Pepo y “su güerita” se quedaron en su pueblo y con ellos María del Socorro y algunos.

Durante sus últimos años Pepo acostumbraba pasar tiempo en una pequeña huerta a lado de su casa donde plantó nopales, sábila y duraznos. 

Le gustaba mucho tener su huerta bien limpia, regar sus plantas, luego también se iba a caminar por el río o a ponerse a la orilla de la calle”, recordó su hija.

Entre sus recuerdos atesora el video de la última vez que le cantaron las mañanitas en su casa, pero también varias fotografías que le alcanzan a arrancar la sonrisa por los recuerdos.

José planeaba festejar sus 61 años de matrimonio, pero murió

José ya había invitado a enfermeros y médicos del Hospital Estatal Móvil de Atención al Covid-19 para el festejo de sus 61 años de casados, se lo avisó a su hija Socorro en una de las últimas videollamadas que pudieron hacer.

Socorro logró gestionar que el cuerpo de su padre no fuera incinerado y cuando iban con el féretro hacia el panteón “ahí llevamos un grupo que le iba tocando, alcanzó a tener su fiesta”.

Allá en el huerto de Pepo, por ahora hay algo de basura, “ahora nos toca a nosotros arreglarla como él quería, porque nos encargó tener bien su huerta”.

El árbol de duraznos ya empezó a dar las primeras flores con el calor que ya anuncia la llegada de la primavera, pero Pepo ya no está.

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José Antonio Castro Murillo

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