El tinaco de León

Necio, por 25 años, he escrito en estas páginas de vida, mi oposición existencial a construir la Presa El Zapotillo (antes Río Verde).

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Por: Jose Luis Palacios Blanco

Necio, por 25 años, he escrito en estas páginas de vida, mi oposición existencial a construir la Presa El Zapotillo (antes Río Verde). En este espacio de AM, se registran las evidencias de por qué en todos los espacios posibles: medios comunicación, aulas universitarias, consejos ciudadanos, Don Jorge Arena y yo, insistimos en que la verdadera solución, era cuidar el “tinaco de León”: la Sierra de Lobos. La razón no era filosófica o idílica, sino profundamente técnica, basada en el conocimiento potente de cómo funciona la cuenca hidrológica y el ciclo del agua.  

Esta oposición crítica nos costó cantidad de descalificaciones. Pero nosotros solo queríamos mostrar que la verdadera solución sustentable, ecológica, social, era la réplica de lo que los israelitas dieron a su sed y desierto: la cultura del agua. Todo, en contra de la solución egipcia que fue adoptaba hace 3 décadas por nuestras autoridades locales, consistente en construir una gran presa, con todos los enormes costos que esto acarreaba. Lo prevenimos, lo advertimos, décadas antes: no solo era una solución no sustentable y cara, sino con un enorme riesgo financiero y político para concluirse.

Fue necio, torpe, de crisis paradigmática, insistir en que construyendo una presa -que tenía todos los factores en contra-, era la solución-. Nos costaría mucho, tendría un costo ambiental enorme por el desgaste climático de los ecosistemas, una crisis social por los conflictos por inundaciones, costos energéticos, pérdidas por presión, asociación con una empresa española corrupta y en quiebra, y en confiar, en resumen, que el gobierno federal siempre nos seguiría apoyando. Hasta que llegó AMLO.

Veinticinco años después, no me alegro por el fin del proyecto de traer agua de El Zapotillo, de cuyo fracaso, tanto advertimos. Era la crónica de una muerte anunciada. Me duelen eso sí, tantos esfuerzos y recursos perdidos que como sea, se invirtieron, pero lo principal, es que dejamos a una generación de leoneses, haciéndoles creer que la solución estaba en la presa El Zapotillo y no en voltear a la Sierra de Lobos como pocos lo gritamos con impotencia. Fueron años en que de ingenuos no nos bajaban a quienes insistíamos que era voltear a la Sierra de donde proviene el agua desde hace miles de años y que acabamos talándola y provocando erosión.

Los seres humanos somos necios. Creemos que el agua se obtiene abriendo la llave en la casa. Se requiere tratarla, reciclarla, captarla. Es necesario tecnificar el campo; es invertir en tecnología de plantas de tratamiento es incentivar fiscalmente a los ahorradores y captadores de la lluvia; es invertir en becas para ingenieros del agua; es permitiendo que los expertos técnicos participen en la solución y no solo los hombres del poder; es infiltrar con pozos de absorción; es crear una enorme cultura de agua reciclada y ser necios en cuidar los últimos veneros que nos quedan y están en el Parque Chapalita.

El agua, ese preciado don que la naturaleza con obsequia, provoca guerras y divisiones y crisis. De ella depende nuestro querido León. Durante periodos lo olvidamos. Entre crisis y salvado por nuestro humor social gracias a las alegrías que construimos, como la pasión por La Fiera, dejamos de lado resolver la bronca del escaso líquido. Ni la operación impecable y eficiente que tiene SAPAL, ni el precio altísimo para que la valoremos, serán suficientes, para que las nuevas generaciones recuerden que es la Sierra de Lobos, el “tinaco de León”, la verdadera, la única solución. Solo sembrando, infiltrando, reforestando, conteniendo, encauzando, respetando el ciclo del agua, como volveremos a tener agua para León.

Deberemos recuperar el tiempo perdido y voltear ya a la Sierra de Lobos. Honrando la memoria de Jorge Arena, el sembrador de cientos de miles de pinos mexicanos en la Mesa de la Virgen, es que vuelvo a gritarlo: solo tendremos agua proveniente del “tinaco de León”. Es la única solución, la “israelita”, la que aliviará nuestra sed. Los ciudadanos y académicos, que no tenemos acceso a las decisiones en el Consejo de SAPAL o a las esferas del poder donde se ha decidido por décadas la errática política pública sobre el agua, seguiremos clamando en el desierto: solo tendremos agua si cuidamos el “tinaco de León”, la Sierra de Lobos, y de allí la traeremos, cuando respetemos el maravilloso ciclo del agua que inicia por sembrar la semilla de la vida y que germina con los años, para crear el agua. 

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