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9 mil viven en extrema pobreza en Guanajuato capital

Recientemente, Guanajuato capital y once municipios se sumaron a la Cruzada Nacional contra el Hambre.

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Presas de Guanajuato y Arroyo de la Aldana, de las colonias m

Presas de Guanajuato y Arroyo de la Aldana, de las colonias m

Casas de láminas de cartón, carreteras de terracería que se pierden en la loma, falta de escuelas, así como de espacios deportivos, es la realidad a la que se enfrentan cada día colonias en extrema pobreza, como Presas de Guanajuato y Arroyo de la Aldana.
Recientemente, Guanajuato capital y once municipios se sumaron a la Cruzada Nacional contra el Hambre, aquí se tiene identificadas alrededor de 9 mil personas inmersas en pobreza extrema.
Presas de Guanajuato es una de esas colonias donde la pobreza está a flor de piel, a la entrada hay la imagen de un San Judas colocada en el tronco de un árbol.
Más adelante hay casa de láminas de cartón en varios colores, las cercas son troncos de árboles, delimitados con alambres de púas.
“Nos hace falta todo, no tenemos agua, no hay luz, no hay drenaje, en las casas sólo nos alcanza a prender un foco”, comenta Uriel Estrada, con los zapatos tapizados de fino polvo.
En esta colonia hay puros jacales, la gente comenzó a llegar hace cuatro años, poco a poco se va haciendo un patrimonio. Aunque estén olvidados por las autoridades.
Gabriela Yebra vive en Arroyo de la Aldana con sus hijos, una colonia que tiene carencias de todo, incluyendo de seguridad, porque lo poco que se tienen se lo llevan los rateros.
Aquí no hay camión, no hay agua potable, no hay drenaje, las calles son de tierra, las necesidades brotan en todos lados.
Aquí vive José Trinidad García Ramírez, quien habita con su esposa, una casa levantada con troncos protegidos por láminas de cartón, aunque adentro hay paz y tranquilidad. Un perro protege la entrada.
La puerta son los resortes de un colchón, aquí no hay lujos, todo es carestía, láminas y palos, que son la base de una casa donde predomina el calor del hogar.
“Me gustan mucho las plantas, hay hasta un limón, también tengo pájaros. El agua la aprovechamos al máximo, se usa para enjuagar la ropa, después con ella regamos las plantas, los toneles nos los venden en diez pesos”, señala María Isabel, esposa de José Trinidad.

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