Adrián Úlises murió por el cáncer y la burocracia; llegar a 16 años fue su sentencia

En pleno tratamiento contra el cáncer, a Adrián Ulises lo mandaron a la clínica de adultos, donde tuvo que esperar dos meses la quimioterapia

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Por: Arcelia Becerra

Adrián volvió a ir a sus clases, enfrentando el cansancio que le producían las quimioterapias. Foto: especial

Adrián volvió a ir a sus clases, enfrentando el cansancio que le producían las quimioterapias. Foto: especial

  • En pleno tratamiento contra el cáncer, a Adrián Ulises lo mandaron a la clínica de adultos, donde tuvo que esperar dos meses la quimioterapia

  • Los trámites burocráticos y la falta de medicamentos retrasaron su tratamiento, retrocediendo la recuperación que había presentado.

León.- Adrián Ulises cumplió 16 años en el peor momento. 

Tres días antes de su cumpleaños lo echaron del servicio de atención médica para niños y adolescentes con cáncer. Lo mandaron a la clínica de adultos del Seguro Social en donde esperó casi dos meses para una sesión de quimioterapia.

El IMSS aplica una norma, no localizada: que los mayores de 16 años,  enfermos de cáncer no deben ser atendidos en Pediatría.

El 24 de octubre de 2019, el estudiante de tercero de secundaria salió caminando de la clínica 48 con su diagnóstico impreso en una hoja blanca: Enfermedad de Hodgkin, un tipo de cáncer que provoca inflamación de ganglios de cuello, axilas, ingle y estómago.

Adrián Ulises, en una salida con sus amistades.

En el sexto piso de la 48 vivió cuatro meses. Fue hospitalizado por neumonía, taquicardia,   anemia y fiebre. Días después supo que tenía cáncer.

Cuando su hermano mayor Juan Jorge le explicó la gravedad de su enfermedad, Ulises      pidió a su mamá que no lo dejara solo.

Griselda trabajaba en una fábrica “deshebrando” botas con salario semanal de 1,200 pesos. Tenía Seguro Social y al renunciar, ella y su hijo perderían la atención médica.

La solución fue que Jorge, su papá, dejara el taxi y consiguiera un empleo con IMSS. Pronto lo contrataron como repartidor, con sueldo de 1,000 a 1,500 a la semana, según las ventas.

De julio a octubre, Ulises se recuperó, iba y venía a sus citas de hematología, laboratorio y quimioterapia. No faltaban medicamentos contra el cáncer y Griselda siempre estaba con él. 

Regresó a la secundaria e iba con sus amigos a dar la vuelta al centro. Se cubría las “bolitas” con bufanda o cuellos altos.

Después de cada quimioterapia, Ulises estaba débil pero iba a la secundaria. Un día, un compañero de clase le sacó una foto mientras dormía frente al maestro. 

El estudiante dejó de preguntar: ¿por qué a mí? y repetía: “voy a salir”. Pero no contaba con las reglas del IMSS. Fotos: Especial

‘Voy a salir’

Las células malas invadieron su cuerpo excepto su cabeza, le explicó alguna ocasión la doctora Toala. Luego una sicóloga le dijo que también tenía células buenas que luchaban contra las malas. El estudiante dejó de preguntar: ¿por qué a mí? y repetía: “voy a salir”.

Al despedirse de la clínica 48, la doctora Toala le dijo que nada podía hacer por él, “te toca en la 53”.

Ese mismo día, el joven y su mamá llegaron a la Unidad 53 ubicada a unos 60 minutos en transporte público. Ulises mostró su “hoja de transferencia” y al instante una mujer lo mandó a la 58, a otra hora de distancia.

Ulises y Griselda no perdieron tiempo y se fueron a la 58, pero aún no estaban en el área de Oncología cuando los mandaron a la T-1.

En la T-1, el jefe de Oncología y Hematología del IMSS, doctor David Suárez García, había tenido un mal día. No escuchó al jovencito ni los ruegos de Griselda. Les dijo que volvieran a la 53.

El 27 de octubre Ulises cumplió 16 años. Ese día llamó a la doctora Toala en busca de ayuda. Le contestó Toño, un enfermero que le respondió, “nada puede hacer, ve con el doctor Suárez”.

Pasaron los días yendo y viniendo de clínica en clínica y siempre volvían al pasillo de espera del consultorio del doctor Suárez García instalado a unos pasos de la sala de quimioterapia para mayores de 16. 

Ahí no hay sillas y los enfermos de cáncer o sus acompañantes, esperan parados durante horas.

Ya era 8 de noviembre y Griselda y Ulises regresaban a la 53. Ese día también les dijeron que ahí no atendían a Ulises y por enésima vez los mandaron a la oficina del doctor Suárez García. El Jefe de Oncología apenas los vio y los envió a la 58.

Mamá e hijo se dirigieron nuevamente a la 58 con orden expresa de ser atendidos en Oncología. Ahora sí lo citaron el 13 de noviembre.

Ulises sabía que no había recibido el tercer ciclo de quimioterapia y  que de eso dependía no sufrir recaídas. “Si las suspendes, mueres”, le decían en la Pediátrica. 

El 13 de noviembre llegó al consultorio y se topó con un letrero: “Citas canceladas hasta diciembre”. 

Su mamá vio la desesperación de su hijo y le dijo que regresaran con Suárez a la T-1. Fue la misma historia: no los recibió.

Una señora observó la escena y aconsejó a la madre que fuera a la delegación. Así lograron que de la oficina de “Atención al Derechohabiente” llamaran al doctor Suárez.

Por fin el 21 de noviembre, un hematólogo atendió a Ulises. Ordenó estudios de laboratorio para enviarlo a  quimioterapia. El 3 de diciembre recibió la primera del tercer ciclo. Fue la última del año. 

Golpea desabasto

No había medicamentos para la mezcla. Llegaba a las citas y lo regresaban. Luego le dijeron que no fuera, “marca al teléfono 7-17-4400 y te decimos si llegó tu quimio”. Todos los días hablaba y siempre escuchaba “no”.

El médico Pablo Vega le daba consulta y escribía en la tarjeta de citas: Mezcla. De nada valía la palabra del especialista porque hasta el 27 de enero hubo medicinas y se la pusieron, una sola. Por segunda ocasión no recibió el ciclo de 4 o 6 días continuos.

En seis meses hubo medicinas solo para cinco quimios. Ulises empeoraba, los ganglios estaban inflamados y se movía con dificultad.

De pronto ya no estaba el doctor Vega y empezaron sus citas con la hematóloga Claudia Miranda, quien cumplía con pasar la orden a quimio a sabiendas que no había medicinas.

El desabasto de medicinas contra el cáncer provocado por el Presidente de México lo sufren por igual niños y adultos. En Guanajuato, el Seguro Social suspende tratamientos constantemente.

Griselda recuerda cuando la doctora Miranda vio llegar al consultorio a su hijo y de frente le dijo:  “Mira cómo vienes, tú no vas a durar, te vas a morir”.

El pico de contagios y muertes por Covid-19  estaba en lo más alto y no había medicinas contra el cáncer.

Si te pongo las quimio que hay, vas a morir desangrado o te mueres del corazón”. Ulises y Griselda salieron abatidos. Él estaba cansado.

En la libreta de citas estaba anotado  que el 30 de junio volvería a preguntar por los medicamentos para la quimio. No llegaron.

Adrián Ulises murió el 12 de julio en una cama de la Clínica 53. Horas antes Griselda lo convenció de regresar al Seguro Social.  Una ambulancia trasladó al joven de su casa.

Al llegar a Urgencias, un médico preguntaba si era Covid. Ella respondió que era la enfermedad de Hodgkin.

Se acercó una doctora y pidió sangre urgente para el joven. Se escuchó que no había.

Griselda cumplió su promesa, estuvo con Ulises hasta el final.

Una semana después le llamaron del centro de mezclas del Seguro, la regañaron por no llevar a su hijo a la quimio, “llegaron las medicinas”.

MCMH

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