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Artesanías para México y el mundo

Con 45 años de historia, cerámica “Don Max” distribuye productos en toda la República.

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La tienda es de fachada modesta pero se extiende en diversas salas al interior. Foto: Alberto Mart

La tienda es de fachada modesta pero se extiende en diversas salas al interior. Foto: Alberto Mart

La cerámica “Don Max”, con 45 años de trayectoria, es la tienda de cerámica, manualidades y artesanías más grande y tradicional de la capital, ubicada en el barrio de San Luisito; distribuye productos a alrededor de 200 proveedores del estado y la República, además de ser adquirida por turistas extranjeros.
El negocio es familiar, lo atienden hijos de Maximino Luna Rodríguez, quien comenzó como un negocio itinerante vendiendo sus productos en ferias de toda la región, comenta su hija Norma Alicia Luna, quien atiende en el mostrador a decenas de clientes, pocos son curiosos la mayoría sale con mercancía.
La tienda, de fachada modesta, es famosa no sólo en el estado sino en varias entidades del país, relata la dependiente, hay clientes asiduos y desde hace años, que la visitan desde municipios como Silao, León, Irapuato, Salamanca o Romita, así como de estados como Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro, Coahuila, Chihuahua y Nuevo León.
Como distribuidora de artesanías, “Don Max” promueve la producción y venta de al menos 200 proveedores entre los que hay herreros, carpinteros, alfareros, ceramistas, e incluso amas de casa que en sus tiempos libres hacen manualidades, trabajan pasta francesa o vidrio cortado.
“Todo lo que vendemos es mexicano, esa es la política de la tienda, dar espacio a quienes quieren trabajar y vender, que el dinero se mueva que no se quede guardado y que todos tengamos que comer”, afirma Norma Alicia.
Tras la entrada modesta de la tienda se extienden pasillos y cuartos llenos de artesanía de madera, cerámica, barro, talavera, latón, vidrio, pasta francesa, espejos, cestería, y una inmensa gama objetos típicos mexicanos y guanajuatenses.
“Algo que sí creo que es el “alma mater” de la tienda son los canastos tejidos de Michoacán, cuestan tres pesos, he visto como los hacen y es matemática pura, yo creo que si nos dicen a alguien de aquí que lo haga, no sabríamos cómo”.
La gente entra y sale al negocio durante todo el día, desde las 10:00 de la mañana que abre sus puertas en la calle de la Gualdra número 10 en San Luisito, hasta las 7:00 de la noche que cierra.
Sus clientes son también de un rango muy amplio, desde turistas americanos o de otros países hasta floristas que buscan sus bases en esta tienda para hacer sus arreglos u organizadores de eventos que surten aquí sus recuerdos.
El negocio no tiene sucursales, y luego de la tradición y trayectoria que tiene, todavía no hay planes para ampliarlo pero siempre hay espacio para intentar vender algo más.

PARA TODOS LOS GUSTOS

La tienda está dividida en secciones por donde los trabajadores ayudan a clientes a encontrar lo que buscan, la estantería se alza por los costados de los pasillos, y es difícil contabilizar de una sola vista cuántas piezas hay.
“Tenemos la sección de cerámica, se nos vende mucho la talavera, le gusta mucho a los americanos, y a los que viven aquí también, vienen a comprar siempre, les gusta mucho”, comenta la anfitriona y se dirige luego a la sala de artículos para pintar.
“Estos los vendemos porque hay muchas, sobre todo amas de casa, que en sus ratos libres pintan y luego los pueden vender o para talleres de adultos mayores que los maestros les enseñan a pintar y ya luego los exponen y los venden”, comenta mientras avanza a las secciones siguientes.
La de cerámica de Guanajuato, la de muebles michoacanos, la de figuras religiosas, la de cristal cortado, la de accesorios para floristas, la de macetas, la de latón y en todas hay una gran cantidad de figuras.
“Manejamos un solo precio, no por mayoreo, sino un precio que sea accesible para quienes se llevan una o dos piezas hasta quienes se llevan cajas completas, que haya posibilidad para todos y que el dinero no se quede guardado”, insiste.
“Estos muebles los hacen indígenas michoacanos de una zona que se llama Capácuaro, sabemos que la situación económica y social en Michoacán es muy difícil, entonces son personas que tuvieron que dejar su tierra para buscar una oportunidad”.

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