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El dolor de perder un hijo

Sin mucho que festejar este día, madres relatan las dolorosas circunstancias en las que perdieron a sus hijos, ya sea por accidente, enfermedad o desa

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El dolor de perder un hijo

El dolor de perder un hijo

Sin mucho que festejar este día, madres relatan las dolorosas circunstancias en las que perdieron a sus hijos, ya sea por accidente, enfermedad o desaparición, muchas, dicen, han aprendido a vivir con el dolor.

La peor Semana Santa de mi vida

Hace 9 años, un Viernes Santo, fue para Esperanza González Gómez el día de su “Pacorro”, como le decía de cariño a su único hijo varón y quien se ahogó a sus 25 años.
Francisco Javier era recién egresado como dentista y como cada año se fue de campamento a Jalostotitlán sin imaginar que sería la última vez, pues murió tras ahogarse en la presa.
Esperanza, a 9 años de la tragedia, recuerda aquel Viernes Santo y ahora asegura que sí, se le murió uno de sus hijos, pero no podría ser el fin de su vida pues aún tiene razones para ser feliz y son su esposo, sus hijas, sus nietos, incluso ella misma.
“Hay que hacer un tributo de nuestros hijos, no hay que conmiserarte toda la vida de tu pérdida, no. Gracias a Dios conocí a un ángel, 25 años se me hizo poquito pero me encantó conocerlo y ahora vivo y disfruto la vida sólo por hoy. Me voy de vacaciones, canto, río, me tomo mis cubas y todo, sólo por hoy porque no se acabó la vida, él sí está muerto pero yo no, yo sigo viva y no es justo que yo como mamá me amargue y le amargue la vida a los demás”.
Asegura que el recuerdo de su hijo seguirá con ella por siempre, pero asegura que luego de vivir su duelo, de superarlo y darse cuenta que había que superar la muerte de “Pacorro” era necesario para ella y para su familia, especialmente por sus hijas, que aún la llenan de amor.
Su tragedia comenzó cuando “Pacorro” se metió a nadar y sin causa aparente, se ahogó.
La búsqueda del cuerpo se prolongó alrededor de 14 horas y cuando lo rescataron recuerda Esperanza, “corrí a la funeraria, quería verlo, asegurarme que era él. Es algo tan tremendo, tan devastador. Tú sientes que no eres tú, sientes que flotas. Yo quise vivir la muerte de mi hijo en mis 5 sentidos, sin ninguna pastilla, sin nada que me atontara porque lo quería vivir”.
Fue durante el velorio cuando Esperanza asegura “acepté la muerte de mi hijo, con todo el dolor de mi corazón”, y recuerda el momento.
“Me acerqué a la caja, lo vi ahí, empecé a sentirme satisfecha porque le di todo a mi hijo, no faltó nada que darle, así como cocinábamos juntos, bailábamos juntos, jugábamos, así como le pegué, le dije que lo amaba, lo abracé y lo amé con todo mi corazón, le dije te quiero, todo le di”.
Esperanza recuerda que lo difícil comenzó después de la muerte de “Pacorro”, pues la crisis en su familia comenzó a reinar.
“No te importa nada, no importa si tienes más hijos, no te importa nada, en ese momento sólo es él”.
Las etapas del duelo son tremendas y ahí es cuando vi por primera vez en mi vida la palabra tanatología, recordó Esperanza.
Ella recuerda que tocó fondo cuando su única hija en la casa, Monserrat, le dijo -mamá antes te veía como un barco, fuerte y hoy eres como una hojita suelta, muy ligera y sin rumbo-.
“Bendito sea Dios que llegó a mí, yo le digo que es mi ángel, Coco Escamilla que es la fundadora del grupo Renacer de León, y me habló por teléfono para hablarme del grupo.
Ahora está convencida que hay que continuar con la vida y es por eso que hoy, 10 de mayo, disfrutará del amor y compañía de sus dos hijas, quienes festejarán juntas la fecha.

Mujeres cuentan su vida

A través de cartas, mujeres encontraron la forma de contar sus historias, emociones, tristezas y alegrías en este Día de las Madres.
Todas ellas enviaron sus escritos para participar en el concurso “Por qué las Mujeres de Guanajuato Tenemos Mucho qué Decir”, de la Dirección de Atención a la Mujer.
Los documentos sirvieron para desahogar sus penas, uno de los casos es el de “Gatita Blanca” (Seudónimo), de 46 años, fue agredida sexualmente a los 14 y nunca pudo hacer justicia debido a que estaba amenazada por su victimario.
La mujer decidió juntarse con un hombre que al poco tiempo abusó de su hija (menor de edad) quien se quedó con él.
“Gatita Blanca” tuvo cuatro hijos, uno de ellos murió cuando tenía sólo tres meses y medio de edad, se siente sola pues ninguno de ellos la visita, le habla por teléfono ni le preguntan cómo está, ahora sólo quiere dedicarse a trabajar y salir adelante por su cuenta, pero le hace falta un abrazo de sus hijos.
El abrazo de una madre es el mejor alivio cuando hay dolor, aunque para “Monchis”, de 52 años, fue lo único que le faltó para poder ser completamente feliz en la vida.
Desde los 8 años de edad, su madre le consiguió trabajo de empleada doméstica, donde se quedaba toda la semana y sólo veía a su mamá los domingos.
En ocasiones una mujer cree ciegamente en su pareja, aunque no siempre debe ser así, tal es el caso de “Esperanza”, que en tres ocasiones se embarazó y ninguno se logró, ella estaba segura de la fidelidad de su pareja, hasta que descubrió que perdió a sus hijos porque tenía el virus del papiloma humano, enfermedad que le contagió su pareja y a pesar de eso se aferraba a estar con él.
Al separarse por fin de él, “Esperanza” cayo en la anorexia pero salió adelante.

Aún no lo puedo superar

“Re-asignarte”, darle un nuevo significado a la vida, es lo que ha decidido María Teresa Carrillo Gallardo tras la muerte de su hijo Raúl.
A sus 24 años, Raúl manejaba su coche y se impactó con otro conducido por un hombre en estado de ebriedad. Días más tarde Raúl tiene muerte cerebral y tras haber donado sus órganos, deja esta vida.
“Es difícil ver a tu hijo lleno de vida y en la noche ya no está, el dolor de la muerte de un hijo es muy duro. Yo creí que entendía la muerte y no le tenía miedo, pero el dolor vino a cambiarme la perspectiva de la muerte y hoy sé que no la entiendo, no sé por qué a los 24 años, por qué y tan joven, por qué acabando de terminar su carrera, por qué si tenía tantos planes, un muchacho sano y que sabía iba a ser bueno para la sociedad, es muy difícil de entender”.
Con ese episodio, María Teresa dice: “Te das cuenta que la vida es efímera, que puede cambiar en un momento. Yo nunca esperé que un hijo se me fuera a ir y menos antes que yo y menos tan joven y empiezas a cuestionar si vale la pena lo que estás haciendo”.
María Teresa no contiene el llanto al hablar de la muerte de su hijo y platica que tras el choque, Raúl sufrió severas contusiones, quedó prensado en su auto pero sobrevivió.
“En nuestro afán de salvarle la vida, no lo llevamos a un hospital a León. Primero se lo llevaron al Hospital de la Presa pero ahí nos dijeron que por la gravedad necesitaría otros servicios (…).
“Nos fuimos a León y lo operaron, aparentemente empezó a mejorar, no despertaba pero reaccionaba a algunas señales, como que identificaba nuestras voces, y de repente como al tercer día se empezó a poner mal, mal, mal y al quinto día del accidente nos dicen que hay que volverlo a operar y lo hacen y medio mejora pero se empieza a venir abajo y nos dicen -la vida de su hijo se está apagando- y era esperar a que se muriera o un milagro, finalmente el 28 de diciembre nos dicen que hay muerte cerebral y que no hay nada que hacer”.
Desconsolada recuerda los momentos en el nosocomio, sin embargo, pese a su dolor de haber perdido a su hijo decidió donar sus órganos, deseo que Raúl manifestó en vida.
Las adversidades continuaron, pues la deuda en el hospital superaba sus posibilidades económicas y pese a las circunstancias la administración del nosocomio se negaba a negociar el pago de la deuda, luego de la ayuda de amigos y familiares logro que le dieran el cuerpo.

Fue como si nos hubiera caído una bomba

María Santos Moreno Fernández a un año y tres meses sigue adelante con su vida, pero asegura que no es posible superar la muerte de un hijo, “sólo la aceptas y aprendes a vivir sin él”.
“Es un dolor tan grande que sientes que no puedes respirar, que no puedes sostenerte, te sientes desgarrada, hecha trizas, es algo indescriptible, muy fuerte”.
Ricardo murió de un derrame cerebral causado por un traumatismo, es decir golpes en la cabeza.
“Golpes que le propinó un compañero de la escuela. Para mí como madre fue bullying aunque las autoridades digan que fue riña, porque a mi hijo, este niño llevaba varios meses acosándolo y queriendo golpearlo hasta que lo consiguió y a los tres días a mi hijo le dio un derrame cerebral, duró 4 días con muerte cerebral y falleció el 16 de febrero de 2012, hace un año y 3 meses”.
María Santos recuerda el momento que comenzó el episodio más difícil de su vida.
“El 16 de febrero estaba trabajando en el turno de la tarde, yo soy enfermera, mi hija me habló por teléfono y me dice -Mamá, Ricardo se siente mal- y le pregunté que qué le pasaba y me comunicó con él- mamá, ¿qué crees?, no siento el cuerpo, me siento muy raro. Le dije que lo llevaran al ISSSTE y en ese momento él ya tuvo problemas para hablar, ya no pudo articular palabra y me dejó colgada al teléfono y yo escuchaba que mi hija le decía -Ricky, Ricky reacciona, cuenta hasta diez, mueve el brazo- y él se desconectó”.
Fue como una bomba que nos destrozó a toda la familia, recuerda María cuando un intensivista de León corroboró el diagnóstico, muerte cerebral.
Ante el diagnóstico en el hospital les proponen que su hijo sea donador de órganos que por decisión familiar no se aceptó.
“Mi hijo murió solo porque ya no nos dejaron estar con él. El doctor que estuvo de fin de semana no nos dejó entrar para nada”.
Tras la muerte de Ricardo, su familia sigue en el proceso de superar el duelo, el cual no es fácil.
Siguen las investigaciones ante la denuncia que se interpuso ante el Ministerio Público para aclarar las verdaderas causas de su muerte.

Un dolor insuperable

Para Justina Tejeda Rivera, desde hace dos años festejar un día como hoy, 10 de mayo, es una fecha para revivir el dolor de haber perdido a su hija Fabiola.
A 49 años, la vida le dio una lección, “fue una etapa muy dolorosa para mí y mi familia”, dijo entre lágrimas al recordar el episodio.
“Fue un lunes 19 cuando ella desapareció (su hija Fabiola) y a mí me avisan hasta el jueves y hasta el viernes pude poder la denuncia, la empezaron a buscar pero yo sabía, algo me decía que mi hija ya no estaba aquí, que ella no estaba bien”.
Su hija a sus 26 años estaba desaparecida desde hace 4 días. Lo que le dijeron fue que Fabiola acudió a una cita de trabajo con un hombre, al cual había conocido a través de las redes sociales y que la citó al pie del puente de Nochebuena ubicado en la comunidad del mismo nombre.
Ahí, Fabiola fue vista por última vez por una amiga y un primo, quienes la acompañaron al lugar. Fabiola comenzó a caminar a la orilla del río en busca de una casa en donde su supuesto empleador tenía documentos importantes y luego trasladarse a un restaurante donde ya los esperaban, eso se lo informó vía mensaje de texto a sus acompañantes, a quienes dijo estar bien y que se podían retirar.
Eso fue lo que la señora Justina supo de su hija, quien duró varios días desaparecida.
Justina, con lágrimas y voz entrecortada, apenas puede hablar al recordar la angustia que vivió los días en que no tenía información de dónde ni cómo estaba su hija, que era también el amor de madre que la motivaba a continuar con su búsqueda incesable para saber de su hija.
Fue hasta varios días después, y por una intensa búsqueda que organizó su familia en la zona donde desapareció, que la encontraron muerta.
“Yo estaba en misa cuando mis hermanos me llamaron, me salí de misa para ir con ellos, pero cuando me dijeron que habían encontrado a Fabiola y me dijo mi hermana -encontraron a Fabiola como tú decías-, en ese momento supe que mi hija ya no estaba aquí y ya no supe más de mí, me perdí y fue hasta cuando estábamos en el sepelio cuando reaccioné y supe lo que había pasado. Fue horrible y no puedo describir lo que sentía y menos lo que sucedió”.
A partir de ahí su vida cambió, pues ella asegura que la pérdida de su hija es algo insuperable, además trae consigo que hasta el momento el presunto culpable no ha sido sentenciado y teme que por el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, el que señala como asesino de su hija quede libre y la muerte de su hija quede impune.
“Yo les pido a las autoridades que se haga justicia y que como ellos mismos dicen, el culpable es un psicópata, que no lo dejen libre, que se haga justicia porque si él sale está en riego la vida de más mujeres porque lo puede volver a hacer y yo no quiero que otras mamás pasen lo mismo que yo, no es justo que el nuevo sistema que dicen, le dé tantos beneficios a los culpables y dónde quedan los míos y los de todas las víctimas que como yo sufrimos”.
A casi dos años de haber perdido a su hija, aún llora al recordarla.