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Enfrentan la muerte con valor y angustia

Cuatro médicos responsables de “covidarios” comparten sus miedos, amarguras y alegrías vividas en siete meses de pandemia. Ana Luz y su esposo intensivista, se contagiaron, sanaron y regresaron a curar enfermos.

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Por: Arcelia Becerra y Edith Rojas

Médicos y personal de salud guanajuatense enfrenta diariamente el peligro del Covid-19.

Médicos y personal de salud guanajuatense enfrenta diariamente el peligro del Covid-19.

  • Cuatro médicos responsables de “covidarios” comparten sus miedos, amarguras y alegrías vividas en siete meses de pandemia.

  • Ana Luz y su esposo intensivista, se contagiaron, sanaron y regresaron a curar enfermos.

  • El cambio del Centro de Cuidados Críticos de Salamanca a causa de la pandemia transformó la vida del doctor García.

Guanajuato.Ana Luz, Dulce María, Alfonso y Juan Gerardo, desde hace siete meses no apagan sus celulares ni de día ni de noche. Los cuatro son médicos responsables de hospitales Covid.

Dr. Juan Gerardo García Dobarganes, director de la Unidad de Cuidados Críticos de Salamanca./ Dra. Ana Luz Barrientos Hernández, Jefe de Urgencias del Hospital General de León. / Dra. Dulce María Casillas García, directora del Hospital de Las Joyas en León./ Dr. Alfonso Delgado Vargas, director del Hospital de Silao.

Los cuatro sintieron miedo y angustia al conocer los dos primeros casos de coronavirus en Guanajuato, el 15 de marzo. Un alemán que participó en el Rally y una mujer que regresó del extranjero. Ninguno fue hospitalizado, el extranjero permaneció tres semanas en un hotel y la señora en cuarentena en su casa.

Dulce María, directora del Hospital Covid de Las Joyas, recuerda a su primer paciente de Covid, se llamaba Nicasio, de 50 años. Falleció. 

Pensamos que tenía un infarto cerebral, entró caminando y se desmayó. Lo atendimos sin protegernos y al comprobar que era Covid, temí el contagio de mi personal”. 

La doctora Ana Luz es jefa de Urgencias del Hospital Regional de León, tiene 41 años, 2 hijas y su esposo es Intensivista. Los dos se contagiaron de Covid, sanaron y regresaron al “covidario”. 

Después de siete meses de pandemia, Ana Luz sonríe  al imaginarse en la playa con su familia. Como urgencióloga tiene carácter decidido, “en mi especialidad somos muy entrones, no pensamos en riesgos o que podríamos enfermarnos, solo queremos salvar vidas”.

De todos sus enfermos de coronavirus tiene recuerdos:  Alejandro de 59 años se negaba a ser intubado y cuando aceptó, fue demasiado tarde.

El doctor Alfonso, director del Hospital de Silao, cumple 40 años. Su esposa también es doctora y atiende Covid. Tienen tres hijos y cumplen 20 años de casados. 

Alfonso comenzó la carrera de medicina en 1998 en la Facultad de León, siguió con la especialidad en Medicina Interna en el Hospital Regional, en donde enfrentó la epidemia de influenza en 2009. 

En Silao junto con su equipo ha atendido a 350 hospitalizados de Covid, “uno de los momentos felices en estos meses fue dar de alta a don Lucas y lo más triste fue la muerte del hermano de nuestro compañero Rodrigo”.

Para el doctor Juan Gerardo, director del Centro Estatal de Cuidados Criticos Salamanca, la atención de enfermos de Covid fue un cambio radical de un día para el otro.

Su hospital atendía a niños con quemaduras graves y de pronto era un “covidario”. 

Me cayó como una cubetada de agua fría”, recuerda.

Pero Juan Gerardo no dudó, y junto con su equipo de 153 personas, transformó la unidad para cuidados intensivos de enfermos de Coronavirus.

Este temor se siente siempre: Juan Gerardo

Ayer se cumplieron seis meses de un cambio radical en la vida profesional del doctor Juan Gerardo García Dobarganes. De atender a niños con quemaduras graves pasó a los enfermos graves de Covid.

El doctor Juan Gerardo Gardía Dobarganes, en Salamanca.

El doctor García Dobarganes es director del Centro Estatal de Cuidados Críticos Salamanca de la Secretaría de Salud del Estado, desde hace cinco años. Pero el 26 de marzo de 2020 convirtió la Unidad en “covidario”.

El cambio le cayó como “cubetada de agua fría”.

Juan Gerardo dirige a un equipo de 153 personas. El día de la reconversión habló con todos: “Estamos preparados y vamos a ayudar hasta donde podamos”. 

Ese día,  “nunca se me olvidará;  me preocupé por mí, por mis compañeros, ellos también son mi responsabilidad”. 

Horas después recibieron a un paciente proveniente de Estados Unidos.

El director del hospital estudió la especialidad en Cirugía en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Posteriormente hizo un  posgrado en la Universidad de la Habana, Cuba.

Cuando recibió la orden de reconversión, conocía poco del Covid,  se puso a investigar todo sobre el coronavirus, “era algo desconocido”.

Este virus es un verdadero canalla, es un traidor de primera. Es de mucho respeto, no acabamos de conocerlo”, afirma el doctor Juan Gerardo.

Desde el día que atiende Covid,  no ha visto a su mamá Luz María, ni a sus hijas,  “mi madre me dice que no baje la guardia, que no me confíe. Y mis hijas me preguntan por teléfono ¿cuántos diste de alta hoy? y al decirles se emocionan”.

García Dobarganes siente temor desde el primer día que atiende casos de Covid,   “es un miedo que nunca se me va a quitar; el día que se me vaya el miedo o el dolor de ver a alguien morir,  ese día me dedico a otra cosa porque entonces dejé de ser humano”.

Tiene 48 años y 19 dedicándose a la medicina, para él es no es una profesión sino un “estilo de vida”.

Es originario de Guanajuato capital y la medicina “fluye por mis venas”. En su familia hay  14 médicos especialistas. Él es el único que está combatiendo el Covid.

Me decían estás loco, cuídate mucho por favor”.

A la fecha ha dado a 47 personas de alta, “es algo maravilloso ver cómo se van con sus familias y que se van a reintegrar a su vida. Es una gran gratitud ver cómo un paciente se va vivo”.

Pero también ha tenido momentos tristes como decirles a las familias que su ser querido falleció. “Les doy el pésame y les explico lo que pasó. Ha ocurrido que me dan las gracias y no sé cómo reaccionar, incluso me han escrito cartas en donde me agradecen”.

Uno de los casos que más lo han marcado fue el de un compañero quien se contagió en otro trabajo, donde es clínico de laboratorio.  

Duró 50 días encamado, para nosotros fue un triunfo,me levantó la moral. Eso me nutre y me hace ser mejor persona”.  

Hace tres días lo dio de alta.

Para el doctor la vida se basa en el servicio, “tengo como filosofía, quien no vive para servir, no sirve para vivir” .

Sus compañeros de trabajo son como su familia, desde el personal de limpieza hasta médicos y  personal de enfermería.

El hospital es como su casa y lo cuida tanto como un hogar. Resulta extraordinario que no registre ningún caso de contagio del personal. Todos tienen cuidados extremos y además se cuidan unos a los otros.

Trabajo con grandes profesionales, responsables y que tienen seriedad y mucha capacidad”.

Pese a las preocupaciones y los miedos, Juan Gerardo no ha bajado de peso. Se propuso alimentarse y dormir mejor.

Ahora se baña mínimo cuatro veces al día, una en su casa en la mañana, otra al ingresar al hospital, después se baña al salir del nosocomio y otra vez al llegar a su casa.

Desde hace medio año el doctor no ha tenido ni un día de descanso completo, trabaja de “lunes a lunes”. Y aunque en sábados y domingos solo unas horas, está pendiente día y noche de lo que ocurre.

Vivo en las carreteras , duermo donde tenga sueño ya sea en Salamanca o en Guanajuato”.

El doctor Juan Gerardo García Dobarganes pide a la gente que se siga cuidando, que no deje el cubrebocas porque “el virus sigue con nosotros”.

‘Teníamos mucho miedo de exponer al personal’

Un joven de 27 años llegó el 28 de marzo al Hospital de Silao. Atardecía cuando entró a Urgencias. Llegó con un familiar, tosiendo y con fiebre. 

La primera impresión era que se trataba de una fuerte gripe pero el médico internista Eduardo Limón sospechó que era algo más grave.

El doctor Alfonso Delgado recuerda que el paciente empezó a agravarse y entonces hubo la sospecha de Covid.  Una tomografía confirmó la sospecha: sí era Coronavirus

El doctor Alfonso Delgado: desde el 28 de marzo han atendido a 350 pacientes en el Hospital de Silao.

El diagnóstico unió a todo el personal, “todos sentimos mucho miedo”.

El temor a enfrentar un virus desconocido puso a trabajar a todos en protocolos para evitar contagios del personal y de los pacientes que regularmente eran atendidos en el Hospital.

Aislaron un área de hospitalización de 20 camas de adulto y una pediátrica solo para Covid  y al poco tiempo cambiaron la distribución al darse cuenta que los enfermos de Coronavirus necesitan atención constante.

Del 28 de marzo a la fecha, el Hospital de Silao ha atendido a 350 enfermos internados, un gran número intubados.

El tomógrafo de la Unidad ha contribuido a diagnosticar rápidamente si los paciente sufren de Covid. En unos minutos conocen si los pulmones están contagiados y la magnitud del daño.

Alfonso Delgado, médico internista de 40 años, egresado de la Facultad de Medicina  y del Hospital General Regional de León, recuerda la experiencia que vivió en 2009 durante la epidemia de Influenza.

La magnitud del Covid es superior. De los 350 hospitalizados han fallecido 104 enfermos. Una de las muertes que marcó a todo el personal fue el hermano de Rodrigo, quien trabaja en el Laboratorio de la misma unidad.

Dos hermanos de Rodrigo se infectaron y fueron internados en el Hospital, uno de ellos, de 37 años, falleció debido a complicaciones. El otro se salvó.

La muerte tan cercana al equipo, “nos entristeció, sentímos más temor”, explicó el doctor Alfonso.

El ánimo y la alegría regresaron  a todos cuando Don Lucas, un hombre de 70 años, fue dado de alta después de 21 días hospitalizado. Don Lucas estuvo intubado y siempre mostró y nunca se dio por vencido. Cuando se fue con su familia dejó un grupo de médicos y enfermeros convencidos de continuar salvando vidas.

Alfonso  Delgado cura las tensiones con caminatas al aire libre. Dice que cuando no tenga enfermos hospitalizados de Covid, le gustaría reunirse con su equipo y escuchar las experiencias de uno por uno.

Se vuelve Hospital Covid en un solo día 

La doctora Dulce María Casillas demostró su capacidad de cambio en un día.

En 24 horas, junto con su equipo de 159 personas, transformó el hospital de Las Joyas en Centro Covid.

La doctora Dulce María Casillas.

En Las Joyas, las urgencias están relacionadas con violencia, adicciones y accidentes. El hospital se encuentra en una zona que abarca más de 100 mil habitantes.

Dulce María es especialista en Neonatología, nació en Guanajuato capital pero estudió en la Facultad de Medicina en Sonora, luego en el Instituto Nacional de Neonatología.

En La Salle León cursó la maestría en Administración de Salud. A Dulce María, de 44 años, le tocó estrenar como directora el Hospital de Las Joyas.

El primer paciente de Covid llegó a esta unidad el 30 de marzo, se llamaba Nicasio, de unos 50 años,  “teníamos miedo, no sabíamos cómo enfrentar la enfermedad”.

Entró por la puerta principal y se desmayó, “pensamos que tenía un infarto cerebral por falta de oxígeno”.

Una placa de rayos X de los pulmones desengañó a los médicos, se trataba del virus que ya había provocado un gran daño. El enfermo buscó atención demasiado tarde y murió minutos después.

La triste experiencia mostró a Dulce María la urgencia de separar el ingreso de sospechosos de Coronavirus.

Pensamos que el primer paciente pudo contagiar a las tres personas que lo recibieron, sin protección porque no sabíamos”.

Las tres acudieron a la prueba de Covid y afortunadamente estaban sanas. No obstante, de marzo a la fecha se contagiaron 19 trabajadores del Hospital. Todos sanaron.

La patología del nuevo virus era desconocida para todos así que sin perder tiempo inició una capacitación intensiva del personal, “problemas de respiración pueden disfrazar el Covid”.   

A la fecha, en Las Joyas han hospitalizado a 222 contagiados de los cuales registran 60 muertes.

Todos los días, la Directora llega al Hospital a las 7 de la mañana desde que empezó la pandemia. Checa personalmente el funcionamiento de los respiradores y las existencias de medicamentos y equipo de protección del personal médico.

Todos los días alivia la tensión con 30 minutos de caminata al aire libre. Toma clases de literatura y guitarra.

Hace una semana que la doctora Casillas percibe el descenso de casos Covid, “llegamos a tener 25 pacientes hospitalizados incluso en el quirófano”. Pediatra, ginecólogo, anestesiólogo, todos volcados a atender a los enfermos”.

El médico internista, Alfonso Román, cabeza del equipo Covid, canceló sus vacaciones por voluntad propia aunque finalmente tuvo que ausentarse porque se contagió.

Alfonso de 30 años estuvo dos semanas en cuarentena y regresó a atender enfermos.

Uno de los días más tristes del personal del Hospital Las Joyas fue cuando murieron cinco enfermos, Elisa de 65 años, Juan de 54, Juan de 84, Alberto de 27 y Juana de 47. Dos de ellos llegaron sin signos vitales, “esperaron demasiado para buscar atención”. 

Otros días han sido felices como cuando Gustavo de 27 años, después de diez días, se fue a casa o doña Teresa de 78 años quien estuvo hospitalizada 20 días y salió caminando.

Doña Ramona también entusiasmó al personal médico, permaneció intubada y fue trasladada notablemente mejor al hospital inflable.

La directora del Hospital Las Joyas ya sueña con unas vacaciones en la playa, “cuando no haya pacientes Covid”.

Enferma del virus, sana y regresa a curar 

Ana Luz Barrientos, usa tenis y viste pantalón de mezclilla y camisa hospitalaria. Tiene 41 años y fue la primer urgencióloga en León. 

Actualmente coordina a unos 50 médicos entre ellos 18 urgenciólogos que trabajan en el área de Urgencias del Hospital Regional de León.

Ana Luz Barrientos regresó a curar enfermos.

La doctora Barrientos es madre de dos niñas, de 15 y 6 años. Su esposo al igual que ella, lucha día a día contra el Coronavirus. Es especialista en Terapía Intensiva.

Un día, los dos se contagiaron y se encerraron en casa con las niñas para no diseminar el virus.

La capacidad de Ana Luz ha sido demostrada en muchos momentos de la pandemia como semanas de julio y agosto que tuvieron hasta 41 enfermos internados.

Los especialistas en Urgencias, “somos muy entrones, no le tenemos miedo a nada. Cuando vemos un enfermo grave, no pensamos en que podemos enfermar, solamente queremos salvarlo”, afirma Ana Luz.

El nuevo virus nos sorprendió a todos, reconoce la jefe de Urgencias quien se muestra orgullosa de su equipo de colaboradores.

El servicio de Urgencias es la puerta de entrada para todo y en estos meses de pandemia, “fuímos gran soporte para el Hospital”.

El equipo de Urgencias como en todo “covidario” acumula días de angustía y otros de felicidad.

Uno de los acontecimientos que pegó en el ánimo fue cuando Ale, médico general, joven, integrante del equipo, se contagió.

Ana Luz entristece al recordar los 21 días que Ale estuvo hospitalizada, “sentíamos que no podíamos hacer nada por alguien de nuestra familia; pasaban los días y las semanas y la veíamos mal”.

El entusiasmo y la fe volvió a todos  cuando Ale salió de Urgencias y fue enviada  a su hogar en donde la esperaba su bebé. 

Otros pacientes no tuvieron un final feliz. Muchos, más de los que imaginamos, murieron por acudir muy tarde al hospital, otros porque se negaron a ser intubados. 

Alejandro, de 59 años, sufría conectado a un equipo de oxígeno. La doctora Ana Luz le djio que era el momento de intubarlo y él se negó. Pasaron minutos cuando aceptó pero fue muy tarde porque su organismo no resistió la anestesia.

Otro enfermo que viene a su mente es Juan Omar, de 27 años. Llegó acompañado por su mamá, y ya respiraba con dificultad.

Tengo sus palabras en mi mente… su mamá me dijo: Doctora, usted tiene que salvar a mi hijo, mi hijo tiene dos niñas, una recién nacida y otra de 2 años”.

La escena está en la memoria de Ana Luz quien con tristeza lamenta que Juan Omar fue intubado y falleció dos días después.

Discretamente, Ana Luz llora mientras recuerda a pacientes que pudieron salvarse si hubieran aceptado intubarse, son muchos.  El enfermo debido a la falta de oxígeno no puede tomar decisiones y sus familias se niegan.

A veces deciden que se intube a su familiar, pero ya no es tiempo”. 

MCMH

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