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Esperan aprobación de matrimonios gay en Guanajuato

La idea del matrimonio les trae una sonrisa a Priscila y a Maribel, son pareja desde hace dos años, se conocen hace tres y viven juntas, no siempre ha

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Ambas tienen la esperanza de que la ley en Guanajuato finalmente facilite su matrimonio. Foto: Alberto Mart

Ambas tienen la esperanza de que la ley en Guanajuato finalmente facilite su matrimonio. Foto: Alberto Mart

La idea del matrimonio les trae una sonrisa a Priscila y a Maribel, son pareja desde hace dos años, se conocen hace tres y viven juntas, no siempre han sido aceptadas sobre todo por su familia y la gente en la calle que las señala, agrede o discrimina, pero su amor las mantiene juntas a pesar de las dificultades.
Priscila Estefanía Trejo Hernández, tiene 19 años, trabaja en el negocio familiar de panadería, es de Guanajuato capital y siempre ha vivido aquí, a excepción del año pasado cuando decidió irse a San Luis Potosí con Maribel Cruz, su pareja, allá buscaron tranquilidad ante el constante rechazo de familiares.
Maribel tiene 25 años, es obrera en una empresa de Puerto Interior, y desde los 12 supo que no era igual que sus amigas, porque le atraían más las mujeres que los hombres, Priscila asegura que siempre supo que no le gustaban los niños sino las niñas.
Hace un par de meses que están comprometidas aunque la ley en Guanajuato no les da el derecho de unirse en matrimonio todavía, confían en que este día llegará y no tendrán que ir a otro estado para concretar su unión ante la ley.
“Es lo que he anhelado siempre, tener una boda como las demás personas, sentir esa felicidad que se ve que sienten las personas que se casan”, comenta Maribel y sonríe como cualquier enamorado al hablar de sus sueños, de su pareja o de su amor.
También una boda significaría el reconocimiento formal de la sociedad a su relación, y, con esto, creen que poco a poco las personas podrán ir aprendiendo a convivir con la gente homosexual, a respetarlas y aceptarlas.
Maribel es un poco más desenvuelta, habla con alegría y fluidez, Priscila es un poco más reservada, pero hace comentarios concretos y contundentes, “yo la conocía antes, ella no me conocía a mí”, comenta Maribel, que como cliente iba a la panadería donde trabaja Priscila y ahí se enamoró de ella.
Duraron casi un año conociéndose, después formalizaron y el sentimiento las convenció de irse a vivir juntas a casa de Maribel quien vivía con sus papás, cinco hermanos y una hermana, la aceptan como es, pero cuando llevó a vivir consigo a Priscila no todo fue como les habría gustado.
En particular, hubo rechazo de uno de sus hermanos, quien la orilló a irse de su casa, un par de meses después se disculpó con ellas, cuando regresaron a Guanajuato.
“A ella es a quien no la aceptaban como mi pareja, fue cuando le dije que me iría a San Luis Potosí, que si se quería ir o se quedaba y pues nos fuimos, allá nos quedamos con un amigo, que también es gay y estuvimos trabajando, ella en una tienda de ropa y yo en varios negocios como empleada”, relata Maribel.
Luego de varias semanas de dejar el hogar, la mamá de Maribel empezó a buscarla y pedirle que regresara, se disculpó con ella y le prometió que no habría más reclamos. “Me decían que me regresara a vivir a la casa, pero yo ya no quería porque me decían que regresara sola yo no quise, yo quería quedarme con ella”, comenta Maribel.

Enfrentan el rechazo

Para Priscila y Maribel es difícil demostrar su cariño mutuo en a vía pública, no hay muchos lugares donde sea posible que estén tranquilas, la crítica y discriminación más fuerte se da en las calles, sobre todo por parte de los hombres, relatan, jóvenes les insultan. “Pinches machorras, asquerosas”, les gritan a sus espaldas, ellas simplemente no hacen caso. “Nos han hasta aventado pedradas cuando vamos por la calle, los vándalos, los cholillos”, relatan.
A pesar de los problemas que les ha significado mantener su relación abiertamente, el amor que se declaran y profesan les da la razón suficiente para seguir juntas e incluso por toda la vida.
“Yo le dije, fue una vez que andaba en el DF y le escribí en el Facebook que se casara conmigo, uno cuando se aleja de su pareja la extraña y se siente, no lo pensé mucho sólo le dije lo que sentía”, relata Priscila.
Maribel no lo pensó dos veces y de inmediato le respondió que sí, la familia y amigos se dieron cuenta rápidamente en la red social y los padrinos salieron de inmediato, “nos apoyaron mucho, los amigos”, recuerda Maribel, los padrinos sobran, lo que falta es la anuencia de la ley.
“Yo sí tengo la esperanza de que lo aprueben”, comenta Maribel un tanto nostálgica, respecto a la iniciativa que promovieron el PRD y el PRI en el Congreso para modificar el Código Civil del Estado a fin de que parejas del mismo sexo puedan unirse en matrimonio.
“Ella siempre es la primera en la que pienso cuando hago algo o cuando compro algo, si es lo que ella quiere o si le gusta o lo necesita”, comenta que ese mismo interés es el que le hace pensar en que pudiera asegurarla, en poder comprar una vivienda entre las dos, y tener la certeza de que cuando alguna de las dos falte, no vendrá la familia a despojar a la otra del patrimonio que harán.
Así tejen sus sueños y se profesan su amor, salen de paseo al Centro, comen nieve y conversan mucho e incluso comparten tiempo en los partidos de futbol de Maribel, no van mucho al cine “porque ahí es de estar callados y lo que quiere uno es platicar”, comenta Priscila y mientras ellas hacen su día a día conscientes de que la última palabra está en el Congreso local, con o sin aprobación de matrimonio homosexual en Guanajuato, están determinadas a seguir juntas.

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