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Falta abrigo en la sierra

Habitantes se preparan con dos cobijas y un suéter para enfrentar las bajas temperaturas.

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Leonardo, envuelto en una cobija asegura que el fr

Leonardo, envuelto en una cobija asegura que el fr

El aire en la sierra se siente rígido, gélido, la brisa en medio de las nubes moja discretamente la ropa, María Esperanza se tapa con su reboso azul por encima del mandil, tiene 55 años y siempre ha vivido en Llanos de la Fragua “aquí nos dejó mi madre y aquí estamos”, comenta.
Apenas comenzó la temporada de frío y ya se siente desde la punta de la nariz hasta dentro en los pulmones, el abrigo es poco, María Esperanza Valejo Yebra tiene dos cobijas, otras tantas tiene María Isabel, su hermana, sólo habitan las dos en la casa, tienen una parcela que les trabajan los sobrinos, de ahí se sostienen.
Es la hora del almuerzo, el vapor de los platos de frijol advierte que aún están tibios, las tortillas tienen un sabor sutil a leña, aroma inequívoco de que son caseras, recién hechas con el maíz que las hermanas cultivan.
YA HACE FRÍO
“Sí, ya está haciendo frío”, asiente la mujer dentro de su cocina junto a la estufa de leña, por fuera el humo sale de la chimenea, a un par de casas se reunieron habitantes con algunos trabajadores municipales que les fueron a regalar cobijas.
“Yo no fui (por una cobija) porque estaba haciendo de almorzar y tortillas para llevarles allá arriba (a la comida con los empleados) les mande un alto así”, explica mientras suspende la palma sobre la mesa unos 30 centímetros.
Leonardo, uno de sus 12 hermanos, 3 ya fallecidos, llega a la casa de adobe y lámina de metal, la puerta es de tablas y las ollas para el atole cuelgan de la pared, se sienta a conversar, el alcohol que trae en la sangre le ayuda a aguantar el frío.
“El frío hace bien a los pulmones, y la brisa hace bien porque es vapor natural, no lo ofende a uno, es para mantener la salud”, explica arrastrando las palabras como arrastra sus 65 años, 30 de ellos como minero.
“Todo lo que nos regalen es bueno, aquí se necesita ayuda”, solicita, María, de pocas palabras, está de buen humor. “Un suéter o una chamarra -pide- yo tengo ahí este suéter y el reboso no más”.
Como ésta abundan en la sierra las estampas e historias de humildad y pobreza, un tanto de olvido y desidia del gobierno, pero con ello viven y se preparan para cada año para soportar el frío.

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