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Fiesta y devoción en el Día de la Santa Cruz

Celebran su día albañiles, bendijeron sus imágenes y después escucharon misa en la Basílica de Guanajuato; al mediodía tuvieron fiesta con música y co

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Desde temprana hora los maestros alba

Desde temprana hora los maestros alba

Hoy, el maestro Antonio y sus compas no trabajaron, pero se levantaron más temprano que de costumbre para llevar a bendecir sus imágenes a las 7 de la mañana a la Basílica de Guanajuato.
“¡Somos albañiles y así nos gusta que nos llamen!”, dice don Toño antes de ingresar al templo junto con sus amigos con los que trabaja en una obra particular en el callejón del Espinazo.
La ceremonia religiosa estaba programada a las 8 de la mañana, pero los hombres de la “cuchara” llegaron a las 7, la hora en que bendijeron las cruces que llevaban adornadas con flores.
Adentro, el Abad Juan Rodríguez Alba exhortó a los trabajadores de la construcción para que todos los días recuerden el sacrificio de Jesús. “Yo sé que ustedes son personas humildes, que se ganan el pan diario con enorme sacrificio, por eso los admiro, les tengo respeto; tal vez a ustedes no haga falta recordarles que Cristo sufrió para liberar a los seres humanos; ustedes son hombres que todos los días sufren, su trabajo es de enorme esfuerzo, sacrificio, y a veces la remuneración que obtienen es muy pobre, por eso, su ejemplo es digno de seguir”; por ello, les pidió que “nunca pierdan la sencillez, la humildad”.
Las palabras del Sacerdote parecieron tener eco en los trabajadores que le escucharon con emoción, tal vez muchos de ellos pensaron como el maestro Toño, que por fin alguien se solidarizaba con ellos.
“Por eso me gusta venir aquí al templo y en especial este día porque nos dicen cosas bonitas que dan ánimo, y ganas de seguir en esta chamba, a pesar de los problemas que tenemos”, dijo el maestro albañil al salir de la Basílica.
Eran las 8:15 de la mañana y todavía algunos se arremolinaban alrededor del agua bendita para bendecir sus cruces e imágenes. Tanto en el interior del templo como en el atrio había mucha gente, tal vez, en total eran tal vez 2 mil personas, y el olor de las flores impregnaba de mayor sabrosura al ambiente un tanto místico pero también festivo.
La Fiesta
Y claro, después de la ceremonia religiosa, en el callejón del Espinazo se organizó la fiesta, con cervezas, música grupera y un menú en el que destacaban por su olor el chicharrón con salsa verde, mole y carnitas. Empezó a las 3 de la tarde y todo auguraba que el festejo terminaría poco después de las 8 de la noche. Los trabajadores pensaban seguir la celebración en la cantina que se ubica frente al Mercado Embajadoras.

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