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Graban memorias de vida en piedra

La familia Aguilar ha tallado los recuerdos de quienes se han ido.

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Graban memorias de vida en piedra

Graban memorias de vida en piedra

Se acerca el Día de Muertos y son muchos los que recuerdan a sus difuntos restaurando o colocando una nueva lápida en su tumba.
Durante tres generaciones la familia Aguilar talla en cantera los recuerdos de quienes se adelantan en el camino, es un oficio de paciencia y cuidado, que perdura toda la vida.
A un costado de las Presa de la Olla, cuando cesa el ruido de los autos y camiones que bajan y suben de la carretera panorámica, se escucha el leve martillar sobre la cantera cuando, es suave y agudo, entre el montón de lozas de roca se ven varios trabajadores, uno de ellos Alfonso Aguilar Bueno, que labra cuidadosamente una lápida para el panteón nuevo.
El negocio “Canteras Aguilar” tiene al menos 50 años de labores, lo comenzó su abuelo, Rosendo Aguilar, lo siguió su papá quien lleva el mismo nombre y ahora también lo siguen él y sus hermanos por tradición familiar.
Su especialidad es la restauración de edificios y piezas de cantera, pero la confianza que su padre y su abuelo tienen entre sus clientes les da trabajo desde el tallado de lozas, hasta el labrado de esculturas o figuras de adorno y lápidas o níchos fúnebres.
“Septiembre y octubre sí son los meses de las lápidas como buenos mexicanos ya ve que todo lo dejamos para la última”, comenta Alfonso mientras se prepara para reanudar el trabajo.
“Lo primero es extraer el material de la veta, es cantera verde, aunque la tonalidad varía por la veta según quiera el cliente, se toman medidas den la tumba, se hace el trazo, ahorita nosotros ya lo hacemos por computadora, hay un diseñador y lo imprimimos en vinil, con plotter y se pega sobre la piedra, ya después sigue todo el proceso a mano”, explica Alfonso.
“La lápida así normal cuesta en promedio 4 mil 800 pesos puede ser de cantera negra, gris, verde, o rosa, pero lleva su placa, grabado de 120 letras, la placa y los floreros, con una garantía de 10 a 15 años, aunque puede durar hasta 50, 60 o 100 años yo creo” estima el labrador.
La solemnidad de la muerte y el duelo de los familiares al pedir una placa es una constante que pocas veces se rompe, sin embargo luego de tantos años de trabajo, hay casos peculiares, como la vez que les pidieron grabar un ratón motociclista en una lápida, para un joven muy aficionado a las motos, o el logotipo del equipo favorito del fallecido o un balón o pelota de béisbol con su bat cuando fueron futbolistas o beisbolistas.

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