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Ignacio Piñón y el huapango

Topógrafo de profesión, bailarín por vocación y músico por amor, así se reconoce la vida de Piñón

Por:

Ignacio Pi

Ignacio Pi

Ignacio Piñón inició su etapa artística a la edad de 15 años con América Balbueno Cisneros, en el Ballet Folklórico de la Universidad de Guanajuato. Sin embargo, fue a  raíz de un concurso de huapango donde le llamó la atención aprender este estilo de música tradicional huasteco y arribeño.
En un viaje realizado a la Huasteca, lo cautivó ver a niños que se dedicaban a bailar, pero además de ello, también tocaban instrumentos. Algo que desde el principio, captó la atención de Nacho, pues no era común ver a personas tan jóvenes dedicarse a dos actividades artísticas.
Apasionado de esta música, señaló que durante su primer encuentro con la música huasteca, observó detenidamente cómo los pequeños músicos intercambiaban los instrumentos y a ello se le añadía una gran facilidad para explotar sus cualidades bailables y musicales.
Después de ver este increíble trabajo, le dijo a su papá que si le podía comprar un violín. Al poco tiempo su sueño se vio cumplido, al presenciar ante sus ojos ese lindo obsequio que sin duda, lo ilusionó a aprender a tocar este instrumento.
Comentó que muy a pesar de iniciarse primero en la danza, también le atrajo la música desde pequeño, pero no le había dedicado tiempo: “Siempre me gustó la música pero creo que no estuve bien conducido”, comentó.
Después de obtener tan lindo detalle por parte de su padre, no sabía cómo tocarlo y esto le costó un violín, pues no lograba la vibración de las cuerdas. Entonces, se acercó con los mariachis para resolver este problema y ellos le dijeron que tenía que usar brea, una cera especial para las cuerdas.
Ahora sí, como diría el dicho: Echando a perder se aprende; esto, es un claro ejemplo de que a todos nos puede pasar. Pero la curiosidad de Nacho no se quedó ahí, pues se animó a preguntarle a los músicos cómo era que tocaban el violín. Con una respuesta positiva por parte ellos, poco a poco fue aprendiendo a tocar de oído: “Como músico ya tengo diez años, pero bailando tengo como quince”.
Como se mencionó anteriormente, Nacho estuvo conducido en la danza desde muy temprana edad y tuvo la oportunidad de participar en varios encuentros nacionales de danza. Aunque en su cabeza  le rondaba la idea de poder participar en concursos de huapango.
Su momento llegó y participó en diferentes estados en concursos relacionados con la Huasteca. A eso, se le atribuye su noble deseo de fomentar la música huasteca y la danza tradicional, pues comentó que la folklórica es más escénica, y la danza tradicional es muy espiritual, es un ritual más elaborado, porque además hacen música con los pies, elemento que le falta a la danza folklórica.
En 1997 asistió a un concurso nacional de danza tradicional, donde se dio cuenta que  era otra manera de sentir más natural, donde reconoció la sencillez de la personas, así como la idea de que esta disciplina encerraba una magia muy distinta.
A la par, estuvo desarrollando música y sus actividades académicas. Fue en 1998 cuando obtuvo su primer reconocimiento, gracias a la invitación cultural para los CBTIS, donde le otorgaron el premio al mejor bailarín.
Más de cerca con el huapango, destacó que en Guanajuato hay dos estilos de huapango: el huasteco y el arribeño, los cuales son parecidos, pero tienen muy marcadas sus diferencias. El huapango huasteco tiene una forma muy compacta, donde sólo existen tres instrumentos, a diferencia de la música tradicional.
Con los tres instrumentos se regulan los elementos: “Cuando escuchaba huapango, pensaba que eran más personas las que tocaban, y vi que sólo eran tres, por lo que me pareció algo realmente mágico”.
Señaló que algunas corrientes se van más por lo comercial, usando instrumentos tradicionales, por lo que aseguró que se está olvidando la raíz de este estilo. En cambio, manifestó su dedicación por mantener las raíces de este género musical.
Hace dos años, fundó el trío Guanaxteco, el cual lanzó su primer disco gracias al patrocinio de un ingeniero de Veracruz. Recordó que fue en abril de hace dos años, en el Encuentro Nacional de Huapango, donde Carlos Arvizu, promotor cultura que radica en Querétaro, le dijo que le diera más formalidad al proyecto. Para Nacho era un poco complicado hacer realidad esta idea, pues además de ello, tenía que dedicarse a su trabajo.
Sin embargo, les comentó a sus compañeros la idea del disco y les fue muy bien, su público se dio cuenta de inmediato que tenían un estilo muy diferente y al poco tiempo, comenzaron a tener más presentaciones en diferentes partes de la República.
El disco lo presentaron en septiembre del año pasado en Querétaro, Guanajuato, Veracruz y de esta manera comenzaron a darle difusión a su excelente trabajo.
Como meta se propusieron presentar sones con letras nuevas: “Para nosotros es importante alimentar con letra los sones que ya existen”. Señaló que actualmente el trío está en un proceso de preparación, porque quieren cambiar la lineación.
Hace unos años, dejó de practicar la danza, pero en esta semana se fue al Concurso Nacional de Huapango a realizarse en el estado de  Querétaro, a concursar al lado de Zulema Reyes Bravo, una chica de San Luis Potosí, la cual ha sido campeona a nivel nacional representando a su estado.
Sin embargo, la idea de presentar una pieza con Nacho, es para representar al estado de Veracruz. El motivo de esta decisión, es por que Guanajuato no tiene reconocimiento como región huasteca: “Tenemos la elección de escoger qué tipo de baile queremos realizar”.
Hace unos años ganó en el estilo de Veracruz, pero se alejó un poco, ahora le emociona regresar y participar bailando con Zulema. Actualmente está enfocado en el Son del Noreste del Estado, en su trabajo como topógrafo, pero especialmente a su familia, quienes siempre lo han apoyado durante su camino.

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