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Instalan jardín y huerta en la azotea

Cambian los tinacos y antenas de televisión por plantas de ornato, frutales y de aroma.

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En la azotea de su casa Ana Nohem

En la azotea de su casa Ana Nohem

Tinacos negros o grises, antenas de televisión por satélite e impermeabilizantes rojos en las azoteas, se extienden sobre la colonia Los Alcaldes, el telón de fondo es el cerro de la Bufa renovado por las lluvia del Verano.
La excepción en las azoteas muertas es la de la casa marcada con el 46 de la calle Rodrigo Zárate y Villegas, es más fresca y verde que el resto, está tupida de plantas, algunas frutales otras de aroma y otras de ornato.
Ahí vive la familia Campos Macías, Ana Nohemí Macías es la madre de familia, amante de las plantas, pues ve en su cuidado toda una filosofía de vida.
Su esposo, José Luis Campos Feregrino, es biólogo y se dedica al cultivo de plantas en un vivero de la ciudad de Querétaro. Entre ambos han hecho un buen equipo: cultivar no sólo plantas sino su familia con tres hijos.
Su azotea de aproximadamente 90 metros cuadrados está repleta de plantas, estima que son varios cientos de especies, los que ha acumulado a lo largo de estos ocho años de dedicarse de lleno a la jardinería en su azotea.
Bajo una malla sombra en la azotea está Ana Nohemí, trasplantando algunas de sus macetas de recipientes tradicionales a macetas recicladas hechas con botellas de PET.
Comienza negocio por necesidad
Es abogada de profesión pero no litiga mucho porque le parece un lío, hace ocho años que dejó su trabajo en un despacho para dedicarse a la atención de la salud de su mamá, quien hace ocho años enfermó de cáncer.
“Mi mamá se preocupaba de que cómo no iba yo a trabajar por estar cuidándola, pero ahora tú que vas a hacer, me decía, tú no te apures mamá me voy a dedicar a mis plantas, yo le dije así nomás como para tranquilizarla, y sí me servía también para tranquilizarme pero no sabía cómo le iba a hacer”, relató.
“Una vez un amigo me mandó unos cactus de Argentina y los estuve cultivando hasta que crecieron y los puse en Mercado Libre, no me duraron nada, se vendieron luego luego y pues así empecé (...) Lo que hago yo nunca lo había visto como negocio, pero ahora es lo que hago”, comentó.
Mientras terminaba de rellenar sus macetas ecológicas, recordó que antes estaban en donde ahora está la habitación de su hijo, y al construir la habitación su esposo le dio la idea del jardín de azotea.
Ahora envía plantas a diferentes estados del País e incluso el extranjero, “mi cliente más lejano es un inglés”.

Cultiva alimentos

Ana Nohemí Macías y su esposo José Luis Campos habilitaron cuatro metros cuadrados para construir el mismo número de módulos.
Al fondo colocaron una micromembrana impermeable, luego un filtrador, en este caso tezontle, después un sustrato o tierra y por último una cobertura para retener la humedad, como arena o corteza de árbol, ahí plantaron algunas cactáceas y yerbas de olor; funcionó muy bien, no hubo filtraciones al techo y las plantas crecieron.
Hace un año comenzó a cultivar verduras y legumbres en sus macetas, así como algunos árboles frutales; entre las plantas que recuerda de primera instancia hay vainilla, cedrón, mora, aguacate, zarzamora, algodón, uvas, maracuyá, arándano, durazno, guayaba, nectarina, limones, limas, olivo, fresas, jitomates, tomate, papas, rábanos, cebollas, cilantro, zanahoria, epazote, papayas y muchas más.
En promedio le dedica ocho horas tres veces a la semana a su jardín-huerta de azotea, además de regar las plantas debidamente todos los días en la mañana.

Filosofía de vida

Ana Nohemí encuentra en la jardinería y el cultivo muchos beneficios y no sólo ecológicos sino educativos y familiares.
“Cada que me embarazaba sembraba algo y ahorita tengo tres cactáceas, una de 23 años (de cuando me embaracé de mi primera hija) una de 14 años y una de ocho años, lo que pienso hacer es que cuando se vaya alguno de mis hijos le daré la planta que sembré y le diré: ‘te toca cuidarla, yo ya la cuidé por tanto años’”.
Desde la perspectiva de Ana, tener una planta o una mascota le ayuda a los niños a ser responsables, “porque aquí no se puede hacer trampa, si no cuidas la planta como se debe, se va a notar y se va a morir y aunque le llores o le prometas no va a revivir, entonces los niños ven las consecuencias”, y mis hijos cuando van a tomar una responsabilidad la meditan bien aseguró.
“El cuidado del medio ambiente no puede ser un pasatiempo, debe ser un estilo de vida”, afirma convencida mientras enuncia una larga lista de plantas conforme las recuerda.
Así poco a poco el jardín de la azotea ha ido cobrando vida casi por sí mismo, incluso han llegado plantas que ella no cultivó, como los jitomates o eariocarpus, una cactácea muy peculiar, que no crece en muchos lugares.
“Vienen pájaros y traen semillas, y aquí crecen por eso luego hay plantas que yo no planté, hay algunas que yo compro, otras me las regalan pero otras sólo nacen aquí”, relató.

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