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'Los Cargadores' son una tradición familiar

El trabajo de los cargadores de la Valenciana se transmite de padres a hijos, cada año participan orgullosos en la procesión celebrada el viernes de c

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Procesi

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Nadie sabe hace cuántos años se inició, pero la tradición de “Los Cargadores” de Valenciana se transmite de padres a hijos desde hace mucho tiempo”.
“Esta soga que traigo aquí tiene como 80 años, me la regaló mi padre, a él se la dio mi abuelo”, dice Francisco Javier Ruiz Ramírez, quien al mismo tiempo señala un objeto elaborado a base de yute y que se cuelga en el cuello.
“Si esta soga hablara seguramente platicaría innumerables anécdotas de la familia y de aquellos tiempos, y las historias que aún le quedan por vivir, porque se la voy a regalar a mi hijo”.
Juan Francisco, de apenas 11 años, escucha la plática de su padre y mueve la cabeza en señal de aprobación. Francisco Javier es “cargador”, y el niño, “soldado romano”, ambos forman parte del grupo que año con año revive el sacrificio de Cristo.
“La verdad, a mí me ha servido mucho participar porque siento que ahora soy un mejor ser humano, como hijo y padre de familia me he superado y quiero que mis hijos también sean igual”.
Francisco Javier siente que sí se ha “convertido” a lo largo de los 26 años que ha sido “cargador”, porque :
“He reflexionado sobre la vida misma, sobre la actitud que el ser humano debe tomar ante los conflictos diarios; por ejemplo, sé que soy un ser mortal, que algún día voy a irme de este mundo, esto lo tengo presente desde niño, y me ha servido para ubicarme, para saber que soy como cualquier otra persona, con los mismos defectos y virtudes, esa actitud me ha quitado muchas broncas”.
Ruiz Ramírez dice con orgullo que su chamba es de vigilante, no le da pena serlo, porque con su trabajo ha sacado adelante a su familia, al pequeño Juan Francisco, y a María Ugalde Montiel, su esposa, que también es “cargadora”.
“Ahí la llevamos, poco a poco, pero con mucha dedicación, yo creo que el ejemplo es la mejor herramienta que tengo para educar a mi hijo”.
La familia Ramírez Montiel es vecina de Valenciana; de hecho, Francisco Javier y María se conocieron aquí.
Otra familia, los Rangel Torres, vienen desde el Distrito Federal; ellos participan en la festividad desde el año pasado; primero lo hizo don Julián, el abuelo, y en esta ocasión se trajo a Toño, Alberto y Juan, sus nietos; quienes al término de la fiesta, manifestaron : “¡volveremos a venir!”.

Cargan la fe

Desde las 10 de la mañana, alrededor de 400 hombres y 130 mujeres fueron parte de los fieles que llevaron las andas por las calles de San Luisito y la Panorámica como parte de las prácticas de Semana Santa, señaló Víctor Manuel Valtierra Acosta, presidente de la hermandad de cargadores de Padre Jesús del Mineral de Cata.
Don Manuel, quien desde hace 30 años participa en la organización de uno de los pasajes más importantes de los católicos, la Semana Santa, señala que cada año es arduo el trabajo que se realiza, sin embargo la fe y la providencia de Dios le permite seguir participando para llevar a buen término la celebración.
Hoy con poco más de 30 grados, el intenso calor propio de la Primavera se dejó sentir, y los fieles no dudaron en lucir sombreros, paraguas y uno que otro objeto improvisado para resguardarse de los intensos rayos del sol.
Es importante que los fieles participen en el proceso de preparación y para que la tarea sea más sencilla, comentó Don Manuel, quien rodeado de cientos de feligreses caminó hasta el templo, a paso lento y a la vez entonaba cantos y rezos como sus acompañantes mientras en un altavoz se daba lectura a sagradas escrituras.
Este año fueron 100 más los hombres que se enlistaron para participar cargando las andas que llevan al señor Jesús, la Virgen de los Dolores y el apóstol “favorito” de Jesús, San Juan, las cuales tienen un peso aproximado de 1 tonelada.
El peso de las imágenes es el factor que determina la equidad para que los fieles puedan ser parte del festejo pues se van intercambiando al cabo de 10 minutos en las 5 paradas de las cuales comprende el Viacrucis.
Pese al calor los cargadores caminaron a paso lento pero firme, bajos las pesadas andas que sin lugar a duda marcaron su piel con el áspero silicio que cubre su cuerpo.

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