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Mario Barrón vive para salvar vidas

A sus 65 años de edad, ha pasado la mayor parte de su vida atendiendo a sus semejantes.

Por:

Mario Barr

Mario Barr

En 1976, Mario Manuel Barrón Morales acudió a Nicaragua a asistir a las víctimas de un temblor. En aquellos días era paramédico de la Cruz Roja.
Desde entonces, y a sus 65 años de edad, ha pasado la mayor parte de su vida atendiendo a sus semejantes y actualmente es el comandante de los Bomberos Voluntarios A.C.
Por su amplia trayectoria y la gran cantidad de siniestros que ha atendido, ignora cuentas de cuantas vidas ha rescatado.
El 1 de mayo de 1978 ingresó al cuerpo de Bomberos de la capital; quienes lo conocen lo identifican como una persona tranquila.
Su carácter se enciende cuando hay un siniestro, ya que empieza el miedo que permite medir las consecuencias y finalmente llega el valor que permite salvar vidas.
Mario Barrón llegó a la Cruz Roja a mediados de los 60 cuando era el jefe de socorristas Rodolfo Morril, ahí conoció al comandante Manuel Romero, ambos -dice- son sus maestros.
Manuel Romero salió de la Cruz Roja para formar el primer Cuerpo de Bomberos de la capital, a donde ingresó Mario Barrón en 1978.

¿Porqué ingresó a la Cruz Roja?
Entré a los 18 años a la Cruz Roja. Me llamó la atención ayudar a la gente, uno de mis paradigmas fue el señor “Benny Smith”. Yo iba con uno de sus hijos a la primaria y nos llevaba en su jeep, veía lo que hacía y me gustó, así que lo puse como mi héroe. A Manuel Romero y a Benny Smith les tengo un agradecimiento eterno.

¿Qué recuerda de sus inicios en Bomberos?
En la Cruz Roja aprendí primeros auxilios. En 1976 me enrolé en la Cruz Roja Americana, donde tuve la oportunidad de convivir con paramédicos de otros países; ahí adquirí más conocimientos y pude servir mejor.

¿Cómo fueron los inicios de Bomberos?
Cuando me enrolé con ellos estaban en un cuarto de abajo del Teatro Juárez; en ese tiempo teníamos una sola motbomba que se estacionada en la vereda del camino.
Aunque en un principio estuvieron con su Ford 1945, en donde actualmente está Barandillas, después se van al Teatro Juárez, después a una casa que está frente al DIF estatal.
Posteriormente nos vamos a unas cocheras del DIF frente a las actuales instalaciones de la Cruz Roja, después fuimos a Pozuelos donde está un kinder y finalmente se construye la central de Pozuelos en los ochentas con el gobernador Téllez Cruces.
¿Qué siniestro le impactó más?
Entre los más relevantes está una explosión en San Luisito en 1980 aproximadamente. Salimos vivos de milagro porque fuimos a atender un reporte de fuga de gas en una vecindad.
Estabamos atendiendo el reporte cuando salió una mujer corriendo y con el roce de sus medias, al correr, provoca una chispa que detonó al explosión y la mujer quedó estamapada en una pared por la onda explosiva, pegada en su propia sangre.
Al escuchar el impacto nos tiramos al suelo para que pasara la onda explosiva, esa fue una enseñanza del comandante Romero que nos salvó la vida.

¿Cómo fue su viaje a Nicaragua en los setentas?
Acudimos a atender un horfanato donde había alrededor de 23 niños, adelate de Quetzaltenango, afortunadamente todos estaban vivos, también las seis monjas.
El techo cayó y los soportes de los cuneros detuvieron el techo, adelante estaba un pastor luterano, quien tenía un camión de pasajeros y se lo pedimos para llevar los niños a un sitio seguro.
Se negó y se retiró en su camión, en ese momento empezó el movimiento telúrico, se habre una zanja donde cae el camión, al final ni rastros del camión ni del camino. Pensamos que fue un castigo de Dios, nosotros tuvimos que caminar más de 10 kilómetros con los niños entre la selva y protegiéndonos de la guerrilla.

¿Cuántas vidas ha rescatado?
La verdad es que he perdido la cuenta, lo único que queda es la satisfacción de poder brindar la ayuda.

¿A quién se encomiendan cuando acuden a un siniestro?
A la Virgen de Guadalupe, afirmó Mario Barrón.

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