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Pedro Ibarra: héroe anónimo del Teatro Juárez

Por más de 37 años se ha dedicado a la tramoya, profesión que le ha permitido conocer el trabajo tras bambalinas de las grandes compañías nacionales e

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Don Pedro en el foyer de su segunda casa. Foto: Fabiola Manzano

Don Pedro en el foyer de su segunda casa. Foto: Fabiola Manzano

El majestuoso Teatro Juárez ha sido escenario de miles de artistas que se han presentado desde hace más de 100 años. Un espacio dedicado a las artes, donde hay puestas en escena de teatro, música, danza, cine, conferencias y actividades anuales del Festival Internacional Cervantino.
Miles de espectadores han estado presentes en los mejores eventos, han puesto los sentidos y apreciado las más diversas presentaciones artísticas gracias a organizadores y artistas. Pero quién está detrás del  escenario, don Pedro Ibarra, uno de los personajes guanajuatenses que conoce este recinto cultural gracias a su espléndido trabajo como tramoyista desde hace 37 años.
Subir y bajar telones, armar escenografías y colocar utilería son algunas de las actividades que realiza don Pedro cuando el público está disfrutando el evento. En entrevista con AM se acomoda en un sillón del foyer del teatro para compartir un poco de sus inicios en este oficio, pero antes de dar detalles, dijo que conoció el ambiente técnico gracias a un familiar que trabajó en Bellas Artes.
“Tengo 37 años, seis meses, un día... nos vamos en octubre si Dios. He vivido momentos buenos y malos aquí. Cuando entré a trabajar éramos como 16 compañeros, algunos eran estudiantes que después se recibieron”.
De esta manera el tramoyista comienza a platicar sobre su trabajo. Comentó que tiempo atrás, el Festival contaba con el apoyo técnico de Bellas Artes pero con el tiempo se dejó de traer a sus compañeros, lo cual no fue nada sencillo, pues les resultaba un poco pesado.
Además cada espectáculo es diferente, hay que instalar la escenografía, estar presente en los ensayos para que durante la presentación no haya ningún problema. Por ejemplo ‘La ópera de Postino’, “ésa fue una de las más complejas, se empezó a trabajar una semana antes de que iniciara el Festival”.
Señaló que con el tiempo ha adquirido la experiencia con grupos nacionales e internacionales. Técnicamente las compañías traen entre dos o tres técnicos, la tramoya, iluminación y sonido.
Algo que lamenta es que no haya jóvenes interesados en el oficio: “No hay gente, traen para el Cervantino pero no se quedan”.
Sin embargo, lo que enorgullece al tramoyista es que se ha dado a la tarea de transmitir sus conocimientos a compañeros de otros municipios, de aquellos que trabajan en el Teatro Manuel Doblado, en el Auditorio del Estado y en otros estados como Guadalajara y Sinaloa: “Les enseñamos lo poco que sabemos”.
Actualmente detrás del escenario del Juárez, trabajan cinco personas: “Dos tramoyistas, uno de sonido, uno de iluminación y uno que le echa la mano a todos”.
De su vida en el teatro dijo: “La vida del teatro es estar encerrado porque a veces entras a las 8 de la mañana, a veces sales 2 ó 3 de la mañana o al día siguiente, no es diario pero dentro de los festivales así es la cosa”.
Un tramoyista que ha tenido que sacrificar el tiempo con su familia: “Ha sido muy bonito, he tenido muchas satisfacciones, pero a veces uno se olvida de la familia”. Desveladas, regaños por parte de su esposa: “Tengo cuatro hijos y seis nietos pero no los he gozado, lo poquito que me quede quiero estar con ellos”.
Comentó que su hijo mayor estuvo apoyándolo durante un tiempo, pero pues él tiene su trabajo. Recalcó que nunca se ha quedado un trabajo a medias, pese a carencias que lleguen a tener siempre sacan adelante el espectáculo. “Nosotros le hemos dado el prestigio al teatro”.
“Nosotros nunca  hemos dejado un trabajo suelto, hemos salido adelante hasta con dinero propio”.
Compartió detalles de los cambios que ha visto en el oficio de la tramoya, hace años todo era manual, a base de cuerdas y varas de madera. Ahora cuentan varas contrapesadas que son más fáciles de trabajar porque son de fierro con cables de acero.
Muchas historias que contar
De quedarse durante 37 años, dijo a la brevedad que es porque le gusta: “Nos gusta tanto como a mí, como a mis compañeros”. Un profesional que lo demuestra con hechos y documentos: “Estamos acreditados, tengo mi cédula profesional que dice que estoy apto para trabajar en la tramoya”.
“Tengo muchos recuerdos bonitos de aquí, tanto de mis compañeros, de mis familiares que me han apoyado”.
De los espectáculos recordó las actuaciones de Pedro Vargas, Rafael, Napoleón, Lucha Villa, Julio Alemán y Silvia Pinal: “Traían más espectáculos populares, para Semana Santa traían a la Estudiantina de Oro”.
Destacó las diferencias entre los espectáculos, por ejemplo en los musicales tienen más trabajo los técnicos de iluminación y sonido. Por mencionar las compañías rusas que presentaron “El cascanueces” y “El lago de los cisnes” trajeron escenografías muy simples. “Eran cortinas corredizas, las escenografías que son complicadas son las de las compañías que sólo vienen por un día”.
De las diferencias de teatros: “Nos hemos superado en el aspecto técnico, cada teatro es diferente en su cosa de la tramoya, la iluminación y el sonido”.
Otro detalle importante que yace en los muros del teatro, son los pergaminos con las plantillas de técnicos que han trabajado en el Cervantino, incluso de los de Bellas Artes, que además forman parte de un libro publicado por el Instituto Estatal de la Cultura. “Un libro conmemorativo del Teatro Juárez, tengo la fortuna de tener uno”.
Su mayor satisfacción, “posiblemente fue cuando me casé, me vine a chambear aquí, estuve más tranquilo, más calmado con un sueldo fijo”. A unas semanas de retirarse del oficio que le dio de comer, se queda pensando por un instante y finalmente dijo: “Posiblemente me llegue un poco la nostalgia, nadie es eterno en una chamba”.
De la idea de presenciar por primera vez un espectáculo piensa que puede sentirse raro.

Qué es un tramoyista
Un tramoyista, en sus palabras quiere decir tramposo, pues trabaja para que no haya ningún problema técnico durante la función.
Don Pedro habló con mucho cariño de su oficio: “Entre más tiempo trabajas tu oficio te va interesando más y más”, explicó que nada es igual, todos los eventos son completamente diferentes.
Algo muy curioso que comentó al final de la entrevista, es que su mamá fue boletera en el teatro y su papá se dedicó a la carpintería. A él le pareció muy particular que el oficio de sus padres sea lo que dio origen a su trabajo tras bambalinas.
Hay una frase que decía su papá: “Estudia hijo, estudia”. Don Pedro contestó: “No papá, yo quiero ser tramoyista”.

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