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Posadas: Una alegre tradición

Esperanza Greeg Mendoza no pierde el entusiasmo de vivir, de dejar a las nuevas generaciones sus experiencias.

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Junto al nacimiento, Esperanza anhela la llegada de los Reyes Magos. Foto: Manuel Carrillo

Junto al nacimiento, Esperanza anhela la llegada de los Reyes Magos. Foto: Manuel Carrillo

Esperanza Greeg Mendoza no pierde el entusiasmo de vivir, de dejar a las nuevas generaciones sus  experiencias.
“Porque necesitamos que este país siga siendo grande por sus tradiciones”, dice.
Ella tiene 83 años y piensa que las posadas reafirman el sentimiento mexicano.
“Desde chiquita mis padres fomentaron en mí la alegría de participar en las posadas con todo lo que esto conlleva, como por ejemplo, colocar el Nacimiento, cantar las letanías y romper la piñata, ¡qué emocionante es todo eso!”.
Esperancita nació en Tequisquiapan, Querétaro, pero ahora vive en el Asilo Cosme Torres, donde dice que no se siente abandonada.
“Por cuestiones del destino estoy aquí; mi hijo estudia arquitectura; él y mi hermano Enrique me ayudan en todo lo que necesito y estoy feliz porque he hecho amistad con las religiosas que nos atienden y con las otras asiladas”.
Junto con las posadas, Esperanza recuerda con gusto a los Reyes Magos.
“Yo voy a escribir mi cartita, y una de las cosas que voy a pedir es que más personas vengan a platicar conmigo, yo sé que Melchor me dará ese regalo.
“Desde que tengo memoria, todos los años, en estas fechas, miro al cielo, busco con ansias las tres estrellas que yo identifico como las de los Reyes Magos; a partir de ese momento comienzo mentalmente a decirles mis deseos, mis regalos que espero para el 6 de enero”.
En la posada que ofreció el Club  de Leones, Esperancita cantó la letanía pero se quedó con las ganas de romper la piñata ya que no hubo.
Los consienten
Durante toda la temporada decembrina, grupos de asistencia social se acercan al asilo para llevarles todo lo necesario para la diversión. A las 5 de la tarde se realizó el rosario, luego, la petición de posada, vinieron los villancicos, el reparto de aguinaldos, las piñatas y la cena.
Esta vez, el Club de Leones, y su reina juvenil, Samantha Chowell Ceniceros, estuvieron ahí.
“Esto es muy agradable. Me motiva a estudiar, a llegar a ser una persona más integral, más consciente de los problemas que tiene mi país, a responsabilizarme de los conflictos sociales. De verdad, estoy contenta”, afirma Samantha, quien agregó: “voy a seguir este camino, aún cuando ya no sea la reina juvenil”.

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