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Se ganan la vida en el Domingo de Ramos

Anastasio y su familia fabrican los ramos para está celebración.

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Bella tradici

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Este no fue un domingo cualquiera para Anastasio Torres y toda su familia, porque desde el sábado se vino desde Dolores Hidalgo a vender su mercancía: las palmas que se utilizan para el Día de Ramos; pero no se imaginaba que hasta tuvo la amenaza de pisar la cárcel.
“Uno viene a trabajar, a ganarse la vida, esto lo hago desde hace 20 años, no es un delito, pero fíjese que la autoridad me vino a decir que si no me retiraba me meterían a la cárcel”, dijo don don Anastasio, pegado a la barda del atrio del Templo de Belén.
“Yo les dije que estábamos en la casa de Dios, y que todos los seres humanos tenemos que trabajar para mantener a nuestras familias, y con eso, me dejaron en paz”. El señor Torres vive en el Rancho de Guadalupe, sobre el camino que conduce a San Felipe.
Fuera del conflicto con los inspectores municipales, la familia Torres no  tuvo otros problemas en la capital del estado. Junto con Anastasio vinieron sus hijos: Tomás, y Antonio y el  nieto José Luis. Ellos dijeron que la venta de palmas les gusta porque les permite salir del rancho, y de paso, darse una paseadita por Guanajuato.
Tradición familiar
Afuera de la Basílica de Guanajuato, Alejandra, Raquel y Celia, se ufanan por tejer bien sus palmas, ellas viven en la ciudad capital, y desde que tienen memoria se dedican a vender sus productos el Domingo de Ramos:
“Desde chiquitas mi mamá nos traía a vender, y  ahora, mi hermana  y yo les enseñamos el trabajo a nuestros hijos; es algo que nos entretiene”, dice Alejandra, mientras que Celia, su mamá, explica al reportero  que a ella, sus padres le inculcaron la tradición de tejer con palmas.
“Es algo que vamos a seguir haciendo por el resto de nuestros días”.

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