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Se portaron bien todo el año

Juanita y Alejandro desean aunque sea un juguete pequeño este Día de Reyes

Por: Guanajuato Redacción

A los hermanos se les ve contentos, con fr

A los hermanos se les ve contentos, con fr

El 6 de enero es un día especial para Juana Inés y su hermano Alejandro, pues contaron con emoción que este año se portaron bien todos los días.
Fueron a la escuela, estudiaron mucho, obedecieron a sus papás y en general fueron muy buenos niños, todo su esfuerzo fue para que los Reyes Magos esta vez visiten su hogar y les dejen aunque sea un juguete.
Todos los años este día lo esperan con gran ilusión, a los dos hermanos se les ve contentos, con frio porque viven en un lugar apartado de la población, pero con muchas ilusiones de que llegue el Día de Reyes.
Su plan es despertarse y esperar un juguete, “uno chiquito aunque sea” dicen. Sueñan con poder divertirse con sus primos y amigos, pero temen que este sea como los otros años de reyes, que despiertan y junto a sus zapatos no hay nada, “ya será pa’l otro año”, piensan.
Alejandro, el hermano menor, desea que los Reyes Magos le traigan un camión grande de esos que cargan tierra, pues le gusta jugar en el patio imaginando que construye carreteras y casas; a su corta edad sabe que tal vez los reyes magos no vean su casa pues “está muy lejos”.
Su vestimenta es sencilla; usa un pantalón, una camiseta y calcetines, corre sin zapatos, él está acostumbrado a sentir el suelo frío, la tierra y las piedras, muestra contento con su dedo índice dónde jugará con su camión si es que ahora sí llegan los reyes.
Quiere una muñeca
Su hermana Juana Inés, una niña de 9 años quien a veces cuida de su hermano Alejandro, pues su mamá tiene que ausentarse por tiempos para ir a comprar algo de comida, desea que si los Reyes Magos visitan su hogar, le traigan una muñeca; este ha sido su sueño por varios años, su deseo más grande es que este Día de Reyes pueda despertar y ver su muñeca.

Su casa no está en la ruta

José María tiene tres años de edad y no conoce a los Reyes Magos porque su casa en la colonia El Edén está fuera de la ruta donde se reparten regalos.
La situación económica de la familia de José María es complicada, así que este año será difícil que lleguen los reyes, pero mantiene la esperanza para este 6 de enero.
José María vive en El Edén, camino al Tajo, sin número, es la última casa de la colonia, donde más pega el frío en invierno, y el calor en verano; temporadas que tiene que pasar entre escasez de agua potable y alumbrado.
Su casa se levanta con palos, láminas y otros materiales de escaso valor económico, el piso es de tierra; una huertita y tierras para sembrar maíz y frijol, son el patrimonio de la familia.
El pequeño vive con varios primos, quienes escuchan que sólo a algunos les traen regalos los Reyes Magos, y no saben por qué si todos dicen que se portan bien.
José María platica con sus compañeros de vivienda que le gustaría que les trajeran una pelota, un carro, un avión, lo que sea, con tal de mantener la ilusión.

No pierde la ilusión de que le traigan algo

Ángel tiene 10 años y está ilusionado, espera que los Reyes Magos le traigan una gorra y un costal de box, pero sabe que es difícil porque vive en una colonia pobre de Guanajuato, a la que comunmente se les olvida llegar.

En la colonia Presas de Guanajuato, viven varios niños pobres, la mayoría habitan en casa hechas de cartón, láminas viejas, y plásticos rotos, que en temporada de lluvia no sirven y en época de frío pareciera que duermen a la interperie, pues el áire helado entra por todas partes y las pocas cobijas que tienen no les cubren los suficiente.
En una de esas casas de la colonia que no cuenta con los serivicios indispensables vive Ángel, entre pequeños cerros y caminos sin pavimentar, en donde cuando llueve es complicado caminar.
“Cuando salgo a jugar a la calle se me rompen los pantalones de las rodillas porque aquí hay muchas piedras”, dijo.

Acaba fuego con sueños

La pequeña Yocelín podría ver borrado su sueño este año con la llegada de los Reyes Magos. La tragedia de un incendio acabó con la vivienda donde habitaba con sus padres y con ella su sueño de la venida de los regalos de reyes.
El pasado 14 de diciembre el fuego consumió la vivienda ubicada en la trasladera del barrio del Nejayote. Unos niños jugaban con cohetes, encendieron algunos de ellos cerca de la casa, construida con láminas y “durmientes” de la desaparecida vía del ferrocarril, algunos de ellos la alcanzaron y en minutos se desató el incendio que acabó con todo.
A unos días de la tragedia, Marco Antonio Alvarado Vázquez, de 34 años de edad y padre de Yocelin, narró que en el interior de la vivienda estaban los juguetes que habían traído por “adelantado” los Reyes Magos.
“Se quemó todo, teníamos juguetes que habíamos traído de México (Distrito Federal), pero se quemaron al igual que todo”, comentó Antonio Alvarado.
Toño como le conocen en el barrio manifestó que sus hijos Yocelin de 6 años y Omar, de 11, se quedarán esperando a los Reyes Magos si no hay apoyo.
“Me da mucha lástima, el fuego acabó con todo y tal vez con las ilusiones de mis hijos, estamos muy necesitados, nos quedamos sin nada, aunque algunas personas han empezado a darnos algunas cosas”, explicó.
Antonio Alvarado habitaba con su esposa Guadalupe y sus hijos -niña y varón- en esa casa, pero la desfortuna acabo con lo poco que tenía.

Espera que ahora sí lleguen

En El Edén, al final del camino vive Román, un niño de 10 años que dice se portó bien, aún así no sabe si llegarán los Reyes Magos, ya que el año pasado pasaron de largo.

Román juega con sus hermanos en patio de su casa, el cual colinda con una enorme loma, después siguen las montañas que circundan la ciudad.
La familia de Román asegura que es un niño bien portado, pero como hay muchos niños los Reyes Magos no alcanzan a traerles regalo a todos, sólo a los más pequeños.
Román tiene tres hermanos, así que por la situación económica familiar no todos alcanzan a recibir regalos de los Reyes Magos, sólo los dos más pequeños.
La casa de Román es la penúltima de la colonia, a la cual se puede acceder por la zona de Marfil, por la carretera de Las Teresas a la Plaza de Toros, es prácticamente a la mitad de esta vialidad a la altura del templo donde está la entrada hacia las zonas más altas de Guanajuato, donde los niños juegan entre calles de terracería, no hay servicios públicos y el frío se soporta al lado de fogatas y con varias cobijas encima.
Aquí no hay edificios altos, pero es el “techo” de Guanajuato, no hay mármol, sólo casas de cartón y otras de tabique; no hay jardines, sólo montes y cerros, perros mal comidos y enfermos, aún así aquí también es Guanajuato y también esperan a los Reyes Magos.

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