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Tradición familiar desde el cascarón

Hace al menos tres generaciones que la familia Oliva de este municipio se dedica a la artesanía de temporada, alfeñiques, cartonería, papel maché y ca

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El trabajo artesanal empieza al menos un mes antes. Foto: Alberto Mart

El trabajo artesanal empieza al menos un mes antes. Foto: Alberto Mart

Hace al menos tres generaciones que la familia Oliva de este municipio se dedica a la artesanía de temporada, alfeñiques, cartonería, papel maché y cascarones de pascua.
La labor comenzó hace décadas: “Uy, esto no tiene fecha, desde mi tatarabuelo ya hacía cascarón, mi abuelo, y ahora yo”, comentó Carlos Oliva Mares, jefe de la familia, sentado detrás de su mesa de trabajo, a su izquierda su hija Viridiana Oliva trabaja en algunas figuras para la venta del Día de las Flores, minutos después llega Elia Rosa Oliva, que es la cabeza del taller de artesanía y se sienta a la derecha de su papá.
Para ellos y el resto de la familia, al cocinar un par de blanquillos es un hábito hacerles un orificio en uno de los extremos para extraer la clara y yema, el cascarón se va a una caja de cartón, junto con el resto de cascarones que la familia acopia para luego convertirlos en piezas de artesanía.
Una flor hecha de cascarón rellena con harina o confeti, al público se le vende en tres pesos, la canasta con gallina y huevos cuesta 25 pesos y las figurillas de dibujos animados, hechas con papel de china, crepe y cascarón, se venden en 30 pesos.
El cascarón de huevo antes de almacenarlo se debe lavar y desde al menos un mes antes del Día de las Flores, comienza el trabajo de elaboración de las artesanías, lo primero es elegir los personajes que se fabricarán, luego hacer los modelos y someterlos al control de calidad: Los niños.
“Aquí los niños son los que nos dicen qué hacer y cómo hacerlo, ellos son los que los van a comprar, cuando vienen les mostramos los modelos y ya ellos nos dicen este es tal y este es tal personaje, o nos dicen este no se parece o a este le falta esto, algunos muñecos no los reconocen, entonces esos no los hacemos para vender”.
En el taller trabajan al menos 10 personas, son amigos y familiares que en sus ratos libres luego de la escuela o el trabajo dedican un rato al taller para ganar un poco de dinero extra: “Aquí les decimos que es pa’l refresco”, comenta Elia Rosa, quien recién llegó de pagar 240 pesos a Fiscalización por derecho de piso sobre dos metros cuadrados en la Plaza de la Paz, donde colocó su puesto.

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