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Un camino equivocado

Fue considerado el mejor futbolista amateur de la Capital

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6 son las d

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Su figura es bien ubicada en barrios y calles de la ciudad, semeja un poco de vagabundo y es tomado como diversión por los chicos a los que gusta “quebrar el esqueleto”.
Pero detrás de ese hombre de casi 6 décadas de vida hay toda una historia en la práctica del futbol.  Quienes lo conocen desde joven coinciden en señalar en su mayoría que es el jugador más talentoso que se ha visto en Guanajuato. Se trata de Haroldo Guerrero Barquín.
Es común verle huir a la chiquillada cuando se acerca, sólo para caer en sus manos y recibir su “quebrada de huesos”. “El Pelón”, “Henry” “Chamaco” sólo son algunos apodos con los que lo llaman.
Entrevistado por este medio, Haroldo acepta abrir su vida y reconoce haber desperdiciado su talento y no haber hecho carrera en el futbol profesional.
“Fueron malas decisiones, pero la vida te hace así. De joven no piensas bien las cosas sólo le das para adelante y a lo que viene”, comentó.
Desde muy pequeño le dio por el futbol y recordó que sus inicios formales se dieron con el equipo Brasil de Jesús Rezéndis. Como todo joven tenía aspiraciones y así probó en varios equipos profesionales.
“Estuve en Atlante, recuerdo que entrenaba con gente Manolete Hernández y Basaguren. Después probé en Curtidores, Irapuatense, Inter de Acapulco, Córdoba pero finalmente no me quede”, manifestó.
En las ligas locales jugó en muchos equipos y llegó a especializarse en entrenador, y dirigir brevemente al equipo local de 3a División en los ochenta.
“Hice cursos de entrenador, en Guadalajara, en el Centro de Capacitación en México, además los cursos de masaje deportivo, por eso les doy su sacudida a quien lo pide”, estableció.
Los desvíos de joven lo llevaron a entrar al mundo de las drogas y el alcohol, al grado de perder todo, aunque con el paso de los años superó ese difícil pasaje de su vida.
Procreó una familia en la que tuvo dos hijos, pero en la actualidad se le ve transitar  en solitario. La forma en que regó talento en las canchas queda como un grato recuerdo al ver correr atrás del balón a otros chicos.

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