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Una empresa social

Endeavour, ve por el desarrollo de las comunidades rurales

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Estudiantes de la Universidad de Le

Estudiantes de la Universidad de Le

La empresa Endeavour, que opera la mina Bolañitos, según José Jesús Domínguez Ávila, superintendente de Recursos Humanos, aspira a comprometerse aún más con la sociedad, por eso colabora en el desarrollo de las comunidades rurales y promueve la comunicación con instituciones educativas.
“El compromiso social como empresa minera tiene muchas vertientes, podríamos mencionar: el respeto al medio ambiente, el apoyo para construir escuelas, la capacitación para el trabajo de los habitantes de comunidades rurales, y la conservación de las tradiciones a través de las fiestas patronales, todo esto lo realizamos siempre con el respeto al medio ambiente y a las personas”.
Durante una visita que alumnos de la Universidad de León, plantel Silao, realizaron a las instalaciones de la mina “Bolañitos”, Domínguez Ávila puso como ejemplo que “La Luz”, “Sangre de Cristo” y “El Cubo”, son comunidades rurales que han recibido el apoyo de la empresa minera.
“Sabemos por ejemplo, que los yacimientos minerales no duran toda la vida, por ello, el interés de dejarles a los habitantes de la zona una herencia que les durará mucho tiempo, como la capacitación para elaborar artesanías de plata y de piedra, también reciben los conocimientos necesarios si están interesados en trabajar dentro de la industria minera”.

EQUIDAD DE GÉNERO

Un aspecto destacado es el hecho de que Endervour da empleo a mujeres; tan solo en “Bolañitos” laboran 27. “Nosotros no compartimos la vieja idea de que la mujer no debe entrar a una mina porque podría suceder una tragedia”.

Cabe señalar que en “Bolañitos” laboran en forma directa 407 personas, y en forma indirecta, 359 obreros.

Seguridad, es primordial

A la entrada de las instalaciones en un enorme letrero donde se aprecia la figura de una mujer y 2 niños, se destaca el mensaje: “Papi, cuídate”, es como la antesala de lo que el visitante podrá apreciar adentro del complejo industrial, a cada paso, se ve, se respira un ambiente de alta seguridad.
Todo comienza con el equipo de trabajo: casco, gafas protectoras, tapones para cubrir los oídos, mascarilla y un chaleco elaborado con tela fosforecente. Nadie puede entrar sin colocárselos.
“Esto no es algo preparado como una escenografía porque ustedes vinieron, es algo que vivimos en forma cotidiana”, dijo más tarde Octavio Salas

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