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Viven en Guanajuato la pasión de Cristo

Descalzos, cargadores soportaron el piso caliente como un comal. Por cumplir una ‘manda’ o simplemente por devoción participan con entusiasmo y fe en

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Sin calzado que los proteja, cargadores y cuidadores participan en el Viacrucis. Fotos: Juan Carlos Luna.

Sin calzado que los proteja, cargadores y cuidadores participan en el Viacrucis. Fotos: Juan Carlos Luna.

Al filo del mediodía, cuando el sol estaba ardiente y el piso quemaba inició la procesión de Las 3 Caídas en el templo de La Valenciana.
Hasta los espectadores sufrieron los latigazos del sol, pero los pies de los “cargadores” y las “cargadoras” caminaban, como si nada sucediera, a pesar de que el piso parecía ser un comal ardiente.
Por cumplir una “manda”, por devoción o por simple gusto, cientos de pies descalzos, morenos en su mayoría, caminaron llevando a cuestas imágenes religiosas sobre pesadas andas.
Pies de hombres, mujeres y de algunos niños, participaron en esta Fiesta de Los Cargadores.
Desde las 10 de la mañana, de diversas partes de Guanajuato e incluso de Jalisco y del Distrito Federal, llegaron los participantes; algunos tomaron un refrigerio, a otros no les importó y sólo bebieron agua, el chiste era estar físicamente y mentalmente bien para lo que sucedería a partir de las 12 del mediodía.
En el interior del templo, unos 80 “cargadores” y “cargadoras “ oraban, como preparándose para la travesía con la cual iban a recordar el sacrificio de Jesús.
Así oraron hasta que el organizador de la fiesta, Raúl Jaime Torres, dijo que había llegado el momento; “!empezamos¡ gritó, faltaban unos minutos para las 12 del mediodía, y afuera de la sacristía comenzaron a formarse, adelante, los “soldados romanos”, luego, los “nazarenos”, y después, los “cargadores” que escenificarían la primera caída.
Entraron al templo, donde el ex abad, Rafael Ramírez hizo una síntesis de la vida de Jesucristo, esto para motivarlos, hacer que siguieran su ejemplo, fueron como 15 minutos y de inmediato comenzó la procesión.
Los cargadores lentamente dieron 6 vueltas al templo; ellos cargando a Jesús con sus “angelitos”, niñas que se vistieron así para “estar cerca de Dios”; y ellas, a la Virgen María.
En cada vuelta entraban al templo, y en cada dos, el sacerdote hacía una referencia a las caídas del redentor.
No importó el sol tan intenso que caía a plomo, con sus 31 grados centígrados, y que hacía parecer al piso como un ardiente comal, porque los pies de ellos y ellas aguantaron. Para “cargadores” y “cargadoras”, esto no fue un suplicio.
Sobre escaleras, coladeras de fierro y un larguísimo atrio, como de 300 metros, recorrieron estos pies descalzos. Los que al final parecían tan frescos como al principio. Todos aguantaron, hasta los pies de los infantes.
Y los rostros, que no llevaban algo que los protegiera, por el contrario se mostraron felices, rozagantes, parecerían estar felices por haber cumplido con uno de sus propósitos de este año. Llamó la atención la religiosidad de los “angelitos”, “nazarenos” y “soldados romanos”, las niñas y niños que participaron; ellos fueron una muestra de la devoción, como sólo se vive en Guanajuato.

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