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A 67 años del reconocimiento de nuestros derechos políticos y electorales

Las mujeres mexicanas, todas sin excepción, hemos escrito también la historia de este país y hoy es claro que sin nosotras no hay pasado, presente y futuro de México.

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Por: Malú Mícher

A 67 años del reconocimiento de nuestros derechos políticos y electorales

A 67 años del reconocimiento de nuestros derechos políticos y electorales

Las mujeres mexicanas, todas sin excepción, hemos escrito también la historia de este país y hoy es claro que sin nosotras no hay pasado, presente y futuro de México.
Pero todavía hoy debemos seguir alzando nuestra voz para insistir que ser mujer, niña, adulta mayor, joven, trabajadora, madre jefa de hogar, divorciada, soltera adulta, indígena, lesbiana, afrodescendiente, pobre, en reclusión, migrante, con discapacidad, analfabeta o sin estudios concluidos, ha sido suficiente para recibir un trato desigual y discriminatorio, incluso ha sido pretexto para vendernos, traficar con nuestros cuerpos, dañarnos, violarnos, desaparecernos y asesinarnos.
A 67 años de la ampliación de los derechos ciudadanos de las mujeres mexicanas todavía se normaliza, se legitima y se utiliza a la única diferencia entre mujeres y hombres, que es la diferencia sexual, como herramienta y argumento para discriminar, para invisibilizar a las mujeres de los espacios públicos, de los puestos de elección popular, para cometer actos de violencia política en su contra, ignorando que la verdadera democracia debe favorecer el trato igualitario y las mismas oportunidades entre mujeres y hombres.
Pero no nos hemos quedado ahí, inmóviles y calladas ante la desigualdad de derechos, la discriminación y la violencia. La historia de lucha por el respeto a nuestra dignidad ha continuado.
Hoy, con el avance en el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, la comunidad internacional reconoce que formalizar los derechos políticos y electorales va de la mano con la paridad y con el ejercicio pleno de estos derechos a efecto de que participemos en todos los ámbitos de la vida social y económica de las naciones.
La “plena ciudadanía” de las mujeres se define hoy como el desarrollo de la capacidad de autodeterminación, de expresión y de representación de intereses y demandas; esto ha movido al Congreso de la Unión de nuestro país a aprobar las reformas constitucionales vigentes en materia de paridad de género.
Que quede claro: Si las mujeres no están presentes, no hay democracia.
Todas las personas tenemos derecho a la libertad y a la dignidad y sólo se puede nacer y vivir así, por ello la paz, la educación, un medio ambiente sano, la igualdad, la justicia social con equidad; y el goce y disfrute de las mismas oportunidades para acceder a los beneficios del desarrollo humano, revela -para orgullo o vergüenza- el grado de civilidad alcanzada por los pueblos y en especial de sus mujeres.
A 67 años del reconocimiento de nuestra plena ciudadanía, de conquistar el voto de las mujeres, todavía se siguen escuchando voces patriarcales que afirman que “no hay mujeres suficientes”, que “no hay capacidad en nosotras” y peor aún, que “todo queremos, cuando ya todo tenemos”. Qué lamentables frases que olvidan que nadie nace, que todas y todos nos hacemos en el camino de la vida y que nuestra aspiración también es legítima, porque no se trata únicamente de capacidades, sino de oportunidades y justicia para nosotras.
Como Senadora me siento realmente orgullosa de ser una legisladora feminista, pues ha sido un enorme privilegio contribuir a garantizar que las mujeres participemos en condiciones igualitarias y sin violencia en la vida pública del país y en los puestos de decisión.
No cabe duda que hemos avanzado mucho desde aquel 17 de octubre de 1953, sin embargo, las resistencias y la misoginia aparecieron al no legislar en los estados las reformas que nos darían la posibilidad de que las mujeres participáramos en condiciones de paridad en el próximo proceso electoral del 2021.
Que se escuche alto y que se escuche fuerte: Las mujeres queremos, podemos y debemos estar presentes en todos los espacios de la vida pública. Es nuestro derecho y vamos a ejercerlo.
 

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