Acoso laboral en los sistemas de salud

El tiempo destinado a las actividades laborales es sustancial e incluso podría decirse que el centro de trabajo es nuestra segunda casa.

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Por: Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco

El tiempo destinado a las actividades laborales es sustancial e incluso podría decirse que el centro de trabajo es nuestra segunda casa. Si bien en este entorno es hasta cierto punto normal el que se presenten algunas diferencias o conflictos entre los integrantes de las organizaciones, cuando estos se transforman o manifiestan en forma de hostigamiento, intimidación e incluso expresiones físicas de violencia, estamos hablando de acoso laboral o “mobbing”.  

A últimas fechas, estos conceptos toman mayor relevancia, puesto que los ambientes laborales hostiles en los cuales los colaboradores se encuentran expuestos a una miríada de acciones violentas de diversa índole e intensidad, provocan en el individuo un impacto negativo que repercute en su propia organización y en la sociedad a la que pertenecen. En los sistemas de salud, el acoso laboral es una situación común y frecuente por el tipo de trabajo y perfil de los trabajadores, por lo cual es necesario conocerlo y abordarlo con el fin de realizar intervenciones que mejoren la calidad de vida de los integrantes de estas organizaciones, con un impacto positivo en los usuarios de los servicios. 

 De manera puntual, el mobbing se produce al ejercer presión sobre la víctima del mismo. Esta presión, ya sea explícita o implícita, es de carácter tendencioso y objetivamente puede ser catalogada como un ataque dirigido, sistemático, que conjuga la mala intención, así como acciones y omisiones para aislar a la víctima y despojarla de los mecanismos de protección tradicionales con los que cuentan las empresas. 

 Tiene una delimitación laboral, es decir, se produce y lleva a cabo en el lugar de trabajo por miembros de la empresa o relacionados funcional y directamente a ella, con la finalidad de que el afectado renuncie, sea removido de sus actividades o puesto e incluso simplemente que trabaje con temor, frustración o desánimo. La afección puede ser indistinta a hombres y mujeres y trasciende incluso las jerarquías laborales. 

 Los mecanismos habituales son las de estudiar las actitudes de las víctimas, analizando lo que causa molestia en las mismas y así los victimarios urden situaciones conflictivas que suelen estar orientadas a malas resoluciones. Lo anterior de manera constante, durante períodos prolongados de tiempo y con múltiples variantes, escenarios e incluso cómplices. Es frecuente que el afectado se sienta apartado o acorralado y al percibir que a la empresa o quienes son responsables de la misma no les importa esa situación, su capacidad de acción, respuesta o toma racional de decisiones para hacer frente a las situaciones de acoso, se ve mermada de manera sustancial. En varios casos, estas respuestas originan que la propia víctima “tenga las de perder”. 

 En multitud de ocasiones, los afectados por el mobbing van excluyéndose, marginándose y alejándose del grupo y esto es justamente lo que importa al acosador: hacer que la víctima esté incómoda, que vaya sintiéndose menospreciada, fracasada e incluso generar la percepción de que la víctima es conflictiva, que carece de proactividad, proyectando que le es difícil comunicarse y relacionarse y que no es capaz de integrarse. 

 No son menores los efectos del acoso laboral o mobbing, pues estos van desde las manifestaciones psicológicas como ansiedad, depresión, irritabilidad, desasosiego y vacío o trastornos de sueño, pasando por problemas físicos como alteraciones cardiovasculares y gastrointestinales, sumándose problemas sociales como retraimiento, alienación, disminución de rendimiento laboral, ausentismo, desmotivación, ensimismamiento, entre otros. Incluso, puede llegar a tener consecuencias letales, como el suicidio. 

 El acoso laboral es un tema serio, en el cual se debe prestar atención a las víctimas y ser contundente con los victimarios. No deben permitirse esos mecanismos de coacción, agresión ni amenazas y se deben prevenir o minimizar los daños a las víctimas y repararlos en caso necesario. 

 Un sistema de salud que se presuma de calidad, en el ambiente privado y público, debe orientar sus esfuerzos a erradicar el acoso laboral. Es momento de actuar. 

Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor de especialidad y promotor de la donación altruista de sangre.

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