Amores lascivos

Arrancan las campañas en las que estarán en juego 15 gubernaturas, 1063 diputados locales, 1923 alcaldías; además, 300 diputaciones de mayoría relativa y 200 de representación proporcional, entre otros.

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Por: Alejandro Pohls Hernández

Arrancan las campañas en las que estarán en juego 15 gubernaturas, 1063 diputados locales, 1923 alcaldías; además, 300 diputaciones de mayoría relativa y 200 de representación proporcional, entre otros. En síntesis, más de 20 mil puestos de elección popular se decidirán en estas elecciones del 2021.

Ante la actual crisis de militancia, credibilidad, carisma y liderazgo de los actores políticos en nuestro país, que deberían generar una auténtica competencia electoral, los partidos vieron la conveniencia de hacer alianza entre ellos para ser competitivos en estas elecciones del 2021, y echaron mano de lo que había: renegados y chaqueteros, candidatos de chile, limón y manteca; también, hay artistillas de reparto, futbolistas, cómicos, miss México, Lady tamales (transgénero), candidatos acusados por recibir sobornos. La caballada está flaca.

Si lo anterior fuese poco, habría que agregar el intento de lanzar al frívolo y sinvergüenza Onésimo Cepeda, obispo emérito de Ecatepec, que fue perseguido por la justicia por robarse la colección de arte pictórico de la señora Olga Azcárraga de Madero, argumentando que le había prestado, antes de fallecer, 130 millones de dólares que supuestamente le entregó en costales de yute a granel. El mercachifle obispo es un individuo impresentable.

En fin, un variopinto de personalidades y caza fortunas. La plataforma ideológica y los principios no existen, son cosa del pasado, aunque todos argumenten que quieren salvar a México… ¿Por qué no lo harían cuando gobernaban? 

El presente es consecuencia del pasado, dice el historiador Leopold von Ranke. Pero, los partidos consideran que, aun así, con la fauna de candidatos que eligieron, solos no les alcanza para ganar; entonces, deciden darse una acostadita con sus enemigos tradicionales y tener amores lascivos, pero solo durante la campaña, para tratar de ganar la mayoría en el Congreso. ¿Y, después qué sigue? Aún no saben, porque no hay propuestas, solo críticas furibundas y circulares; es decir, solo dan vueltas en lo mismo, no salen de ahí…

La acostadita que se dieron PAN -PRD en las pasadas elecciones   presidenciales fue un fugaz amor lascivo muy costoso, casi desaparece el PRD y el PAN quedó catatónico hasta la fecha, tuvo los peores resultados en décadas. La alianza, o jurídicamente coalición electoral, se conforma cuando más de dos partidos que presentan un mismo candidato para la campaña de elección popular. Esto, aparte de las disímbolas ideologías de los partidos que la integran: masones, meones de agua bendita, fascistas, estalinistas y mercachifles. 

Sin embargo, es importante remarcar que no irán en coalición de gobierno, que supondría un compromiso posterior a la elección, donde el jefe del Ejecutivo incluye en su gabinete a miembros de los otros partidos que integran el pacto. Por lo pronto, van en alianza en las campañas para aspirar a ser gobierno; si lo logran, luego ya verán cómo le hacen para gobernar, todos traen el puñal bajo el zarape. Esto presagia malos gobiernos, todos querrán sus treinta monedas y ahí es donde empezarán el estira y afloja, la coima y el quid pro quo.

El común denominador de los electores que se han expresado en los medios sobre los candidatos, dice no creerles: “son las promesas de siempre, solo llegan en campaña a pedir el voto, luego no los volvemos a ver. Unos ya han estado en el gobierno, no cumplieron y no compusieron nada,” periódico am.

Lo raro de todo esto es que aun con el golpeteo diario de la Derecha contra el Presidente, ésta no logra crecer. Lo anterior, se debe a una mala estrategia de guerra; repetir de manera circular la misma crítica, sin propuestas, a sus mismos adeptos, no aumenta el número de simpatizantes. No se dan cuenta que le están hablando a sus mismas bases, ya no necesitan calentarles más la cabeza, ya están que arde. Ese discurso no conecta con otros estratos sociales, ni menos a la masa de miserables y menesterosos que son millones. Mientras, la narrativa del Presidente habla sobre la corrupción y la ayuda a los más pobres y desvalidos; sus bases de 35 millones que reciben ayuda directa del Gobierno, ¿se dejarán quitar la mensualidad? ¿Los asustarán con Venezuela, el Tren o la Refinería?

Pocos partidos parecen adscribirse a idearios y valores trascendentes de las mayorías. En esas circunstancias, es muy difícil que puedan ofrecer una narrativa capaz de cautivar y generar lealtades sociales. Según Nietzsche, el mayor protagonista de la Historia ha sido el deseo por el poder. El problema es que no todos lo soportan y aparece el hybris, la locura de la afirmación del “yo.”

También, es cierto que excepcionalmente hay gente muy valiosa con principios e ideales, en los diferentes partidos que están en campaña. Es urgente retornar a la política como una causa, para que sus efectos sean los buenos gobiernos:  volver a la política de la Justicia social y el Bien común. La lascivia es la obsesión del deseo irrefrenable que incapacita para todo esfuerzo sano y noble. 

alejandropohls@prodigy.net.mx

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