Ascendió a su trono

Después de su pasión, Jesús reafirmó a sus apóstoles en la certeza de haber vencido la muerte: “les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios” (He. 1, 1ss).

Avatar del

Por: Pbro. Carlos Sandoval Rangel

La Ascensión del Señor

Después de su pasión, Jesús reafirmó a sus apóstoles en la certeza de haber vencido la muerte: “les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios” (He. 1, 1ss). Cada año, durante la fiesta de pascua, tenemos esta dicha de reafirmar nuestra fe, sustentada precisamente en la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.

Pero la victoria de Cristo nos abre a otra realidad: el cielo, nuestra meta definitiva. Por eso, una vez que les dio pruebas de que estaba vivo, un día los citó fuera de Jerusalén, donde “se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos”. Ya antes les había dicho: “cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes” (Jn. 14, 3.4).

La fiesta de la Ascensión de Jesús nos pone de frente elementos esenciales de nuestra fe, que van unidos: uno, después de la ascensión empieza la misión de la Iglesia: “vayan por todo el mundo”. Y, segundo, ahora debemos hacerlo todo con la esperanza de la vida eterna.

la Ascensión de Cristo no significa un adiós, sino el inicio de un tiempo nuevo, el tiempo de la Iglesia, siempre asistida con la luz del Espíritu Santo. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a la humanidad a redimensionar la vida bajo los principios de vida que nos regala el evangelio.

Mas aún, toda la obra de Cristo fue precisamente para reafirmarnos en esa dimensión trascendental de nuestra vida, para hacernos ver que nos quedamos muy cortos cuando nuestras aspiraciones son solo terrenales, como si fuéramos tan pobres que solo tuviéramos cuerpo, desconociendo nuestra parte espiritual.

En realidad, la misma vida terrenal solo puede ser comprendida desde la dimensión de eternidad que Cristo vino a ofrecernos. Las esperanzas terrenales son pobres y cortas nos dice Benedicto XVI, mientras que el corazón humano está ansioso de eternidad y no descansa hasta que reposa en esa eternidad. No podemos quitar las verdades del más allá y quedarnos solo con las verdades del más acá. Para el hombre es fundamental planear la vida con una visión que sobrepasa el corto tiempo terrenal, saber ver más allá de lo que las fuerzas y la inteligencia humana nos ofrecen.

La modernidad, con el tema del progreso, nos ha traído muchas tentaciones, por ejemplo, el creer que solucionando el problema económico se soluciona la vida. Pero más allá de esas propuestas ideológicas, el Papa Benedicto XVI nos invita también, como creyentes, a una autocrítica: ¿Qué entendemos por esperanza cristiana? ¿Qué le estamos ofreciendo al mundo? ¿Desde la esperanza cristiana, cómo debemos de dialogar con el mundo actual?

Los discípulos de aquel tiempo fueron a predicar la buena nueva al mundo de aquel tiempo, aplicando las mejores estrategias; pero los discípulos del mundo actual, que somos todos los bautizados, debemos predicar esa buena nueva al mundo de hoy, con las estrategias acordes a la realidad presente; por eso la autocrítica a que nos llama el Papa.

La esperanza a que nos llama Cristo, con su ascensión, da sentido también a las pequeñas esperanzas del tiempo. Pero renunciar a esa magna esperanza es fracturar la existencia misma. No olvidemos, “quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la esperanza que sostiene toda la vida, Ef. 2, 12” (Benedicto XVI) y esa es la esperanza que toma sentido a partir del misterio de la Ascensión de Jesús a los cielos.

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?