COVID prolongado, a saber

Esta semana un leonés nos expresó su preocupación porque llevaba ya varios meses con anosmia -falta del olfato- como el principal síntoma después de haber padecido el COVID-19, le orientamos haciéndole saber que habría que rehabilitarse y que no se preocupara debido a que, con nuestro estilo de vida actual, la anosmia rara vez podría poner en peligro la vida.

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Por: Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba

Esta semana un leonés nos expresó su preocupación porque llevaba ya varios meses con anosmia -falta del olfato- como el principal síntoma después de haber padecido el COVID-19, le orientamos haciéndole saber que habría que rehabilitarse y que no se preocupara debido a que, con nuestro estilo de vida actual, la anosmia rara vez podría poner en peligro la vida.

A 605 días del primer caso de infección por SARS-Cov-2 y la COVID-19, los médicos e investigadores de salud están obligados a comprender y responder a los efectos prolongados de la enfermedad, que, a diferencia de la anosmia, debilitan en demasía a quienes la padecen. Entre los síntomas que perduran están la fatiga persistente, disnea -dificultad para respirar-, confusión mental y depresión.

El sistema de salud inglés utiliza de manera arbitraria, hasta en tanto haya alguna definición acordada, el término "COVID prolongado" para describir los signos y síntomas que se continúan o se desarrollan después del COVID-19 agudo, dividiéndolo en dos categorías: 1) Síndrome COVID-19 sintomático continuo (de 4 a 12 semanas) y 2) Síndrome post-COVID-19 (≥12 semanas).

Lo que es un hecho reconocido, es que sin tratamientos probados o incluso orientación de rehabilitación, el COVID prolongado afecta la capacidad de las personas para reanudar la vida normal y para trabajar. El efecto en la sociedad, derivado del aumento de la carga sanitaria y las pérdidas económicas y de productividad, es sustancial, convirtiéndose por tanto en un desafío médico moderno de primer orden.

Para ejemplificar lo ya documentado en el Reino Unido, se estimó que 945 mil personas habían auto reportado a la oficina de estadísticas nacionales el COVID Prolongado, incluidos 34 000 niños de 2 a 16 años. La prevalencia fue mayor en las personas de 35 a 69 años, las niñas y las mujeres, las personas que vivían en las zonas más desfavorecidas, las que trabajaban en la atención sanitaria o social y las que tienen otra enfermedad o discapacidad que limita su actividad.

En la revista The Lancet, Lixue Huang y sus colegas informaron los resultados a los 12 meses de la cohorte longitudinal más grande de sobrevivientes adultos hospitalizados de COVID-19 hasta el momento, incluyendo a los adultos (edad promedio de 59 años) dados de alta del Hospital Jin Yin-tan en Wuhan, China, aumentando la comprensión de la naturaleza y el alcance del COVID prolongado. 

Al año, los sobrevivientes de COVID-19 tenían más problemas de movilidad, dolor o malestar y ansiedad o depresión que los participantes del grupo de control, que eran adultos con edades y características similares -aparejados- que vivían en la misma comunidad sin infección por SARS-CoV-2. La fatiga o la debilidad muscular fue el síntoma informado con mayor frecuencia tanto a los 6 meses como a los 12 meses; mientras que casi la mitad de los pacientes informaron tener al menos un síntoma, como dificultades para dormir, palpitaciones, dolor en las articulaciones o dolor en el pecho, a los 12 meses. 

El estudio muestra que, para muchos pacientes, la recuperación completa de COVID-19 llevará más de 1 año. También reveló que muy pocos pacientes fueron atendidos en un programa de rehabilitación profesional. La razón fue no estar pensando y buscando este síndrome, por un lado, y por el otro la falta de protocolos específicos de referencia a servicios especializados.

El efecto del COVID prolongado sobre la salud mental merece una investigación más profunda y a más largo plazo. La proporción de sobrevivientes de COVID-19 que tenían ansiedad o depresión aumentó ligeramente entre los 6 y los 12 meses, y la proporción fue mucho mayor en los sobrevivientes de COVID-19 que en los controles.

Se reconoce que, si bien los resultados de esta cohorte no se pueden generalizar a otras poblaciones, por ejemplo, pacientes no admitidos en el hospital, personas más jóvenes, personas de minorías raciales y otros grupos desfavorecidos que se han visto afectados de manera desproporcionada por la pandemia.

¿Cuántos de los 2 millones 623 mil “personas recuperadas” de COVID-19 en México padecen “COVID-Prolongado? ¿Qué servicios y protocolos de rehabilitación están disponibles según su derechohabiencia? ¿Cuál será el presupuesto requerido para su rehabilitación para que sea considerado en el PEF 2022? Estas interrogantes deberán ser contestadas por la comunidad científica y por el gobierno federal en los próximos días y les mantendré informados.

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