Corrupción en el Banco de Dios

Por primera vez en la Historia, el Vaticano lleva a juicio a un hombre de tan alto rango como lo es el cardenal Ángelo Becciu, diplomático y Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, íntimamente relacionado con el Banco Vaticano y la Secretaría de Estado.

Avatar del

Por: Alejandro Pohls Hernández

Por primera vez en la Historia, el Vaticano lleva a juicio a un hombre de tan alto rango como lo es el cardenal Ángelo Becciu, diplomático y Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, íntimamente relacionado con el Banco Vaticano y la Secretaría de Estado. Era uno de los personajes de más confianza del Papa. Este hombre de Dios es acusado de extorsión, malversación de fondos, corrupción, blanqueo de dinero y falsificación de documentos… El monto defraudado, que aplicó a la compra de inmuebles en Londres, apunta a 400 millones de dólares, causando “severas pérdidas en las finanzas vaticanas.” Echó mano de los recursos de las obras de caridad del Santo Padre, a través del IOR, o Banco Vaticano. 

También, será procesada Cecilia Marogna, conocida como “la dama del cardenal” en la que, según las pesquisas filtradas en la prensa italiana, el sibarita Cardenal gastó más de 500 mil euros, para  halagarla  con refinados obsequios de  costosas marcas y regalos de viajes… El cardenal Becciu ha negado su implicación en el caso y se defiende: “esto es un linchamiento mediático, oscuras tramas, gestionadas por las víboras y cuervos del vaticano.” Acusa a estos grupos por su desgracia, tal y como en su momento lo hizo el corrupto cardenal, Secretario de Estado Vaticano, Tarcisio Bertone, señalado por negocios sucios, corrupción, robar correspondencia del Papa Benedicto XVI y hacerlo dimitir.  

También, Benedicto luchó contra la corrupción en el Banco Vaticano y para limpiarlo corrió a su presidente en funciones. En su lugar, nombró a Ettore Gotti Tedeschi, un amigo de todas sus confianzas, con el encargo de limpiar el Banco y manejarlo de acuerdo a normas internacionales. Ettore Gotti encontró más de 24,000 cuentas apócrifas… entonces, incluso declaró que temió por su vida, probablemente recordando el sonado asesinato de Roberto Calvi, conocido como el banquero de Dios. Así las cosas, redactó un expediente con documentación sensible, se lo entregó a dos amigos íntimos y les dijo. “Si me asesinan, aquí está la razón de mi muerte.” Pero, el entonces Secretario de Estado, Bertone, logró destituirlo, con el fin de que no hurgara más en los arcanos de esas misteriosas cuentas. En su momento, el banco J.P. Morgan, prohibió las operaciones en que estuviera involucrado el Banco de Dios.

La corrupción en la Santa Sede parece desbordarse en cascada desde los más altos niveles: ésta va desde la gestión fraudulenta en las donaciones de feligreses y el blanqueo de capitales, hasta los negocios fraudulentos en bienes raíces. El IOR, o Banco Vaticano, desde el origen nace con dinero non santo del dictador fascista Benito Mussolini, a raíz de la firma del Tratado de Letrán.

La corrupción ha sido el velo que ha cubierto de desprestigio al Banco Vaticano. Como muestra, ahí está el recuerdo del arzobispo Paul Marcinkus, guardaespaldas del papa Paulo VI, presidente del Banco Vaticano, relacionado con negocios sucios e intrigas, entre banqueros corruptos y la mafia.

Todo lo anterior terminó fatalmente con el asesinato de dos de sus protagonistas, que fueron parte de la trama: el banquero Roberto Calvi, dueño del Banco Ambrosiano, que encubría negocios sucios del Banco de Dios, y cuyo cuerpo apareció colgado de un puente en Londres; también, Michele Sindona, abogado de la mafia que fue envenenado en 1986 con una tasa de café con cianuro. Pablo VI protegió al cardenal Marcinkus, acusado de estar involucrado en los asesinatos, nunca pudo ser tocado por la justicia italiana, porque fue enviado a Estados Unidos, donde vivió gozando del golf y disfrutando de la paz de la inmunidad diplomática vaticana hasta su muerte. 

Entre incontables casos, también se podría mencionar el del Administrador del Patrimonio de la Santa Sede, dependiente del Banco Vaticano, Monseñor Nunzio Scarano, que en el 2019  aterrizó en Roma, procedente de Suiza en un jet privado, con maletas de billetes que sumaban 26 millones de dólares. Scarano fue acusado por las autoridades italianas de blanqueo de dinero y de tener “amistades peligrosas” napolitanas. Fue sentenciado a tres años de prisión. 

¿Qué hará el Papa Francisco para resolver el endémico problema de corrupción, sin que en su esfuerzo por limpiar el Banco de Dios vaya de por medio su vida? Qué difícil tarea tiene el jesuita Jorge Mario Bergoglio, papa número 266, como tal, jefe de Estado y octavo soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. 

Estos santos varones de la élite vaticana que pelean por el poder y el dinero, y que no actúan solos sino acompañados de los príncipes, el purpurado, que se han erigido en la conciencia moral de la sociedad y condenan desde sus altas investiduras a países, gobiernos y personas, necesitan con humildad  verse en un espejo, haciendo un ejercicio de autocrítica, y medirse con el mismo rasero. No por nada, en la magistral pintura de Miguel Ángel, “El Juicio Final,” está representado, en la entrada del Infierno, Minos, el rey del Infierno, desnudo, con orejas de burro, una serpiente enroscada en su cuerpo y con los rasgos faciales de un famoso cardenal… Es difícil llegar al cielo siendo banquero de Dios

alejandropohls@prodigy.net.mx

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?