Cultura de violación en Guanajuato

El jueves 18 de febrero se dieron a conocer las estadísticas en materia de delitos contra la libertad sexual, contemplados en el Código Penal de Guanajuato.

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Por: Mtro. Paulino Lorea Hernández

El jueves 18 de febrero se dieron a conocer las estadísticas en materia de delitos contra la libertad sexual, contemplados en el Código Penal de Guanajuato, específicamente durante el año del 2020, arrojando un total de 2001 delitos sexuales, que consecuentemente dieron lugar a la apertura de carpetas de investigación ministerial.

También se desglosaron los tipos de delito que se presume se cometieron sobre este rubro, resaltando por su mayor incidencia el de Abusos Sexuales a que se refiere el artículo 187 del Código Penal, por el cual se recibieron 1,141 denuncias y/o querellas; después se ubica el delito de Violación tipificado por el artículo 180 del Código Penal con 569 carpetas de investigación; los restantes fueron por los delitos de Acoso Sexual y Hostigamiento Sexual.

Esta información estadística criminal respecto de Guanajuato, me motivó a reflexionar sobre las causas que producen este tipo de ataques que sufren mayormente las mujeres y los menores, obviamente por la propia naturaleza de los actos, por los varones como sujetos activos.

Muchos son los estudios criminológicos que han surgido sobre este tipo de delitos, desde el punto de vista psicológico y psiquiátrico, en su etiología y génesis, remontándonos a caracteres atávicos del hombre, primeramente como un impulso natural e instintivo para su reproducción y multiplicación, pero en realidad al paso de los siglos hemos podido percatarnos que más allá de cualquier situación instintiva no controlada, existe una huella residual en estas conductas, de ejercer el poder por el poder mismo; el ánimo de someter a quien se ha seleccionado como víctima; sí, para satisfacer un deseo erótico sexual, pero también para desahogar un complejo de superioridad que se va acrecentando paulatinamente.

Las sociedades contemporáneas y me refiero todavía al siglo pasado y principios del presente, habían contemplado cierta laxitud y complacencia en la comisión de estos delitos, los cuales aparte de ser poco denunciados por lo vergonzoso y vergonzante para las propias víctimas, así como la dificultad probatoria que se exigía, los cuales normalmente son cometidos en secreto, con sigilo y ocultamiento, no revelaban la realidad del problema y a veces en el propio seno familiar, en los ámbitos escolares, religiosos y sociales se llevaban a cabo estos ataques que quedaban impunes.

Se han analizado en algunos foros feministas o en programas de carácter crítico-social, tanto radiofónicos como televisivos, algunas obras cinematográficas, literarias o de teatro, así como algunas telenovelas en donde se abordan como parte de la trama, escenas de verdaderos actos de violación, de abuso sexual o acoso sexual que sirvieron para influir a trivializar y aceptar casi como algo normal y permitido estos delitos; creando lo que se ha tornado en llamar como una “cultura de la violencia sexual” sufrida principalmente por las mujeres y por los infantes; una sociedad degradada que empieza apenas hace menos de veinte años a levantar la voz, a tomar conciencia y a presionar a las autoridades para abordar esta problemática de frente de tal manera que vayan disminuyendo las conductas criminales que nos retornan al salvajismo y a la bestialidad. Recordemos que apenas hasta el año 2004 la Suprema Corte de Justicia de la Nación aceptó en una Tesis de Jurisprudencia la procedencia del delito de “Violación entre Cónyuges” (ver A.M. 16/08/2020 Paulino Lorea), pues diez años antes apenas lo había considerado como un ejercicio abusivo del propio derecho, esto es, que un hombre por el solo hecho de haber contraído matrimonio ya podía disponer a su antojo de la libertad sexual de su esposa y anteriormente ni siquiera era considerada como conducta delictiva, siempre y cuando se realizara por vía idónea, sin influjo de drogas, ni alcoholizado, ni en lugar público, etc.

Por ello, los movimientos feministas en esta materia se han multiplicado exigiendo mayor rigor tanto para la investigación, como para la persecución y el castigo de pederastas y violadores. Una sociedad que no cuida y respeta a las mujeres ni a los menores de su entorno, está condenada a su autodestrucción.

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